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L.A. Woman

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L.A. Woman

Miércoles 27 Julio, 2011

1971. Electra

Al hablar de los Doors, generalmente se recuerdan sólo sus grandes éxitos o su disco homónimo, poseedor de joyas como ‘'Break on Through’ (To the Other Side)', '‘Light My Fire'’ o '‘The End'”. Pero lo que muchos olvidan es que en tan sólo cinco años de carrera con Jim Morrison, la banda lanzó seis excelentes álbumes, la mayoría de los cuales han permanecido ocultos para la memoria colectiva. El último de ellos fue “"L.A. Woman"”, lanzado en abril de 1971, sólo tres meses antes de la muerte del vocalista. Aunque la errática personalidad de Morrison hacía que el final fuera una posibilidad siempre presente, “"L.A. Woman"” fue un gran último aliento en la carrera de la banda, que contó con tanta inspiración, pasión, talento y calidad como en sus mejores momentos, y ciertamente, como los mejores momentos del rock.

En diciembre de 1970, tras dos desastrosos conciertos en Louisiana, los Doors decidieron dejar de presentarse en vivo, pues los escándalos del frontman hacían peligrar cualquier intento por montar un show decente. Concentrados sólo en la grabación del disco, el producto final fue un LP de diez canciones que abarcaban distintos estilos y tempos, con un hilo central notoriamente orientado hacia el blues.

La carta de presentación es ‘'The Changeling'’ y su groove de bajo que es prontamente acompañado por el inconfundible teclado de Ray Manzarek y la voz -a esta altura- aguardentosa de Jim Morrison. Son cuatro minutos de riffs, solos y demostraciones de los rasgos que hicieron famosos al cuarteto de Los Angeles. ‘'Love Her Madly’', una brillante composición del guitarrista Robby Krieger, llegó a convertirse en uno de los más recordados hits de la banda, con una introducción de guitarra inolvidable y una letra que cautiva con sus versos y melodía repetitiva.

Moviéndose a otros terrenos, ‘'Been Down So Long'’ introduce la primera sección blues del álbum. La voz ahogada de alcohol y cigarrillos busca respuesta en los licks de guitarra slide que Krieger maneja a la perfección, para crear una pieza de música negra de categoría. Ese blues rock es seguido por ‘'Car Hiss by my Window'’, otro blues que evoca un ambiente humeante, oscuro, de decadencia y sopor etílico, coronado por el solo vocal de Morrison.

El track que da nombre al álbum es a la vez uno de sus puntos más altos. '‘L.A. Woman'’ deja suficiente espacio para los característicos jams grupales, liderados por Krieger y Manzarek. La canción transita por diversos pasajes, como su verso up-tempo, un solo de guitarra o un ritardando que explota tras la repetición de “"Mr. Mojo Risin"’”, acrónimo del nombre del vocalista. Dando un toque psicodélico,’ incorpora sonidos y estructuras más experimentales, disonancias y tonos misteriosos que van al compás de una marcha militar, y que finalmente desembocan en un coro que usa la progresión armónica clásica del blues. Todo concluye en un caos destemplado, apoteósico, perturbador.

En un cambio radical de atmósfera, ‘'Hyacinth House'’ es la canción más melódica, accesible y liviana del álbum, así como también la única que incluye al baterista John Densmore en los créditos. Tributando a los próceres de la música norteamericana, ‘'Crawling King Snake'’ de John Lee Hooker, demuestra que la banda también era conocedora de la herencia musical estadounidense y que podía hacer versiones al mismo o un nivel superior que sus contemporáneos británicos de Led Zeppelin o The Rolling Stones.

Continuando con el blues, '‘The Wasp'’ toma grabaciones de Jim Morrison hechas años antes de “"L.A. Woman"”, para agregarles overdubs, algo muy similar a lo hecho tiempo después en “"An American Prayer"”. Finalmente ‘'Riders on the Storm'’ es de esas canciones que merecen una reseña por sí solas, pues páginas y páginas podrían ocuparse hablando de ellas. No es sólo es el omnipresente sonido de la lluvia, las hipnóticas línea de bajo, los toques sutiles del teclado, la voz profunda de Morrison o las oportunas intervenciones de la guitarra; es algo mucho mayor, la suma de esas partes y más, algo que cuesta trabajo expresar, pero que es inmediatamente perceptible para un auditor receptivo, esos momentos mágicos que se registran cuando todos los miembros de una banda son uno, están conectados y trabajan por un propósito que no es otro que la música, esos momentos que hacen que una sola canción valga un álbum completo.

“"L.A. Woman"” fue el último trabajo que registrado por la formación original de los Doors, pues tras la muerte de Jim Morrison, los miembros restantes hicieron esfuerzos para mantener a la banda con vida, lanzando material nuevo y rescatando grabaciones antiguas, pero esos intentos no pudieron obviar la abrumadora ausencia del rostro y la voz de The Doors; la magia se había perdido. Krieger y Manzarek han seguido usando el nombre del grupo para hacer giras mundiales y estirar el elástico a más no poder, pero para nadie es un misterio que los verdaderos Doors fueron los de aquel glorioso lustro entre 1966-1971, los que marcaron una generación, fueron parte de la historia y crearon canciones inolvidables, inmortales. Aunque la carrera de la banda haya estado marcada por los escándalos y conflictos, su legado es innegable, imperecedero, algo de lo que no muchos pueden jactarse, y que les da un lugar entre las bandas más importantes de la historia del rock, galardón que pocos se atreverían a objetar.

Álvaro Rojas M.

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