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Stone Temple Pilots

Stone Temple Pilots

Stone Temple Pilots

Miércoles 15 Junio, 2011
2010. Atlantic

En el 2008, Stone Temple Pilots reconectó para una reunión luego de una pausa de cinco años y la experiencia del tour fue tan positiva, que este reputado cuarteto de San Diego llevó la experiencia al siguiente nivel de confianza en sus recursos, grabar un disco y demostrar que aún pueden acuñar al menos un par de canciones que importen dentro de su catálogo. Es cierto que los temas mostrados acá en este disco que dieron a titular con el nombre de la banda, de ahora en adelante el homónimo, durante algo más de 40 minutos te hacen pasar un buen rato y no mucho más ya que no hay nada que se traiga a colación acá que no haya sido hecho por STP o en el 2001 o mejor en 1996.

En su primer álbum de estudio en nueve años, los Stone Temple Pilots se han despachado un disco que se siente mucho como la continuación del lugar a donde se dirigían después de 2001 (“Shangri La Dee Da”). Lejos del grunge de sus primeros álbumes y más cerca del espíritu accesible rock pop de ambas instancias, el “Shangri LA Dee Da” y los solistas de Scott Weiland -o junto a  Velvet Revolver-, STP aporta más que su esperable cuota de melodía, por momentos llegan a ser profundamente sensibleros rock. Es cierto que no es la STP de "Plush", sino más bien la versión mejorada de la banda en el sentido de que se sienten demasiado confiados de sus recursos y sus capacidades. Más viejos por un lado y con personalidad propia a fin de cuentas por el otro.

Cuando Weiland lanzó su “Happy in Galoshes” en el 2008 se cargó derechamente al lado de David Bowie, una aventura sónica que le permitió llevar a sus inclinaciones pop al extremo. Ahora que está de vuelta con su grupo original, no debería ser una sorpresa que sus proyectos paralelos han influido en las melodías que le imprime a Stone Temple Pilots. Con sus compañeros de banda proveyendo de una base musical que a menudo se asemeja a un enfoque guitarrero Beatles pero más muscular y apretado, Weiland completa las intenciones de la banda moverse lo más lejos de las inclinaciones grunge de “Core” y “Purple”. Esto puede decepcionar a algunos fans de la vieja escuela STP, pero es una evolución orgánica que les resulta bastante natural. El tiempo separados solo les ha hecho sonar mejor y sobretodo más personales que el #4, por ejemplo.

En muchos sentidos, el primer single y la apertura del disco, ‘Between The Lines’, no es indicativo del resto que se escucha en este homónimo. A pesar de su feroz sentido de la melodía, este tema posee un tempo y una energía que no está en consonancia con el espíritu reflexivo del álbum, el pop-rock más preciosista que se sucederá en al menos seis temas del disco. Porque lo más cerca que el álbum está de recrear la onda de ‘Between the Lines’ se encuentra en los dos siguientes dos temas: ‘Take a Load Off’ y la muy bien lograda ‘Huckleberry Crumble’, ambas arrancan con riffs inspirados aunque terminan siendo bastante genéricas.

Desde este punto en adelante nos enfrentamos a las diferencias y a los sube y baja: la voz semi cantada de Weiland en ‘Hickory Dicotomy’, al medio-tiempo beatlesco de ‘Dare if you Dare’ y al pop puro de ‘Cinammon’. Haciendo hincapié en el eclecticismo, lo más probable es que Stone Temple Pilots aquí recuerde al de 1996, el de “Tiny Music”; en gran medida por su alcance estilístico y construcción de suaves texturas. Vale la pena hacer notar que “Tiny Music”, a pesar de sus muchos éxitos, fue el momento en STP comenzó a perder su arraigo masivo comercial debido a su incipiente experimentación musical.

En retrospectiva resultó ser algo muy positivo ya que “Tiny Music” los obligó a salir del "modo" grunge que había caracterizado los dos primeros álbumes,  permitiéndoles trabajar su músculo creativo. STP continúa ahora con esa progresión musical en este nuevo registro, estilo rock de estadio setentero, a la Zeppelin mezclado con el glamour del pop, algo bien retro también. “Stone Temple Pilots”, el disco, afortunadamente carece de la nostalgia en la que a menudo te arrastran los grupos que hacen esto de las reuniones y/o álbumes de regreso.

En el transcurrir de estas 12 pistas, Stone Temple Pilots parece zozobrar en algunos momentos en la medianía del disco, después de un impresionante comienzo y un final fuerte pero sensible que se producirá con los dos últimos tracks. ‘Hazy Daze’ es tan espeso como su título lo indica, un tema en que Weiland habla de los problemas que tuvo con su padre a quien acusa de jamás haberlo querido y ‘Bagman’ es un  intento muy débil de hard rock ganchero sin chispa alguna. En todo caso la corrección instrumental de los hermanos de DeLeo es abrumadora, que grandes músicos que son estos dos.

¿Una más? Este "perder el shuffle" también se siente en ‘Peacoat’, otro tema menor y ‘Fast as I Can’ trata de mostrarse urgente y desbocada pero termina siendo muy de fórmula hecha. Pero hacia el final la preciosa balada ‘First Kiss on Mars’ -aunque tributaria a más no poder de David Bowie- endereza el buque de nuevo y estos "pilotos" finalmente se dirigen hacia el destino correcto que sería la melodía del piano dominante en ‘Maver’ que viene a clausurar esta colección de canciones. En todo caso estas no son power ballads ni nada por el estilo, más bien son un punto intermedio, algo suaves para ser rockeras pero no tanto para calificar como baladas.

En los años noventa, cuando Stone Temple Pilots fueron duramente criticados por su sonido copiado de Seattle, el problema de seguro se debió en gran parte al hecho de que STP se atrevieron -y fueron capaces- de hacer del rock alternativo de Nirvana (In Utero) y Pearl Jam (V/S) algo aceptable para las masas, un hito estrictamente prohibido para un estilo musical que supuestamente es apreciado por  su falta de compromiso comercial sobre todo lo demás. Y de pasada STP fundó una escuela al hacer esto.

Stone Temple Pilots todavía podrían ser criticados por su imitación  de otras bandas - "Between the Lines", por ejemplo, claramente toma de "Stay Away" de Nirvana - pero su intuición melódica sigue siendo impresionante propia. STP nunca será uno de esos grupos universalmente amados como Pearl Jam por ejemplo, pero en este primer álbum después de un largo descanso de seguro suenan muy contentos (¿conformes?) con el sólo hecho de ser ellos mismos. De volver, aunque quizá sea por un rato no muy largo.

Alfredo Lewin

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