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Core

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Miércoles 20 Julio, 2011

1992. Atlantic

Aunque muchas veces fueron descalificados, y  tanto sus pares como la crítica los catalogaron como “parias del grunge”, Stone Temple Pilots es una banda que ha sabido levantarse y superar las numerosas dificultades que han marcado su carrera. El cuarteto californiano se ha reinventado una y otra vez, y a punta de buenas canciones y álbumes han demostrado por qué tienen un lugar entre las bandas más importantes de los noventa y de la actualidad.

Los inicios de esa carrera se remontan a 1992, cuando, luego de presentarse en bares de San Diego por casi dos años, la banda consigue un contrato con Atlantic Records, y junto al aclamado productor Brendan O’Brien comienzan a trabajar en su primer LP. El resultado fue “"Core"”, un debut oscuro, a ratos desesperanzador, pero que superaría todas las expectativas de la banda, vendiendo millones de copias, y siendo poseedor de algunas de las canciones más recordadas de las últimas dos décadas.

‘'Dead & Bloated'’ es la puerta de entrada al mundo de Stone Temple Pilots. La voz de Scott Weiland da la bienvenida mientras nos reciben dos tremendos anfitriones: los riffs de Dean DeLeo y la inconfundible base rítmica de su hermano Robert en bajo y del baterista Eric Kretz. Una atmósfera de similar densidad se desata en ‘'Sex Type Thing'’, primer single de la banda. Relatando la historia de una violación, Weiland toma la perspectiva de victimario para denunciar el abuso de poder, machismo y violencia que veía reinar en la sociedad.

‘'Wicked Garden'’ recurre a la fórmula usada tan frecuentemente por aquellos tiempos: un gran riff de guitarra como introducción, estrofas simples, y un coro explosivo, todo desbordante de distorsión, potencia y altos decibeles. 'Sin'’ y su precuela, ‘'No Memory'’, son siete minutos de dolor, desaliento y oscuridad que retratan la vivencia de la obnubilación alcohólica. Como una premonición, relatan gran parte de los fantasmas que acecharían al vocalista en el futuro y que tantas veces serían purgados a través de sus letras. Dentro del elevado nivel del disco, la crítica social de '‘Naked Sunday'’ pasa casi inadvertida, pues su simpleza y monotonía no llegan mucho más lejos que un jam con letras sobrepuestas.

En rotundo contraste, uno de los momentos más memorables de la placa llega de la mano de 'Creep’'. Matizando el cariz general del álbum, el tono acústico trae un cambio radical al sonido, tempo y atmósfera de “"Core"”. Aunque mantiene ese ánimo sombrío y depresivo, es un oasis que da frescura y que eleva el LP por sobre las cabezas de la escena rockera de su época. Pero dar pausas no era la dinámica del grupo a esta altura, pues sin un respiro asalta ‘'Piece of Pie'’, una de las más pesadas de la placa, donde destaca el talento de los DeLeo. Robert, el cerebro del grupo, deslumbra con sus líneas de bajo, mientras que Dean da luces sobre lo que puede hacer en las cuerdas y sobre la técnica que florecería en “"Purple" (1994)” y “"Tiny Music... Songs from the Vatican Gift Shop"” (1996).

Si no la más emblemática, una de las canciones más recordadas de la banda, es, sin duda, ‘'Plush'’. Obra de Robert, fue precisamente ésta la responsable de lanzar al estrellato a la banda, con tanta difusión radial y televisiva como fuera posible imaginar. Aunque para muchos, no era más que un intento por subirse al carro de la victoria del grunge, la calidad de la composición es innegable, y su sobrevivencia al paso del tiempo, prueba irrefutable de que la banda era mucho más que un fenómeno temporal. Aunque larga y algo repetitiva, la grandeza del track’ radica en su sencillez: sin una estructura compleja, un solo de guitarra monumental o un ritmo capaz de hacer bailar a un estadio, bastó sólo un riff y una simple línea melódica para pasar a la historia, con una de las grandes canciones de la década.

Hacia el final de la placa, ‘'Wet My Bed'’ muestra el delirio de Weiland en una inconsciencia opiácea, decadente y perdida, que se funde con el rock casi punk de ‘'Crackerman'’, un clásico en el repertorio en vivo de la banda. Finalmente, ‘'Where the River Goes'’ cierra el disco con los ingredientes ya mostrados: fuerza, un tempo constante y la contundencia de los golpes de Eric Kretz, dando unidad al sonido de la placa y de la banda. Como menciona la letra, son ocho minutos con la solidez de una montaña, que dejan al auditor con la agradable sensación de haber escuchado un gran disco, y al grupo con la satisfacción de haber debutado en las grandes ligas del rock.

Amados u odiados, Stone Temple Pilots es una banda que no se puede ignorar. Aunque a ratos sea homogéneo y falto de matices, “Core” es un disco honesto, de canciones sencillas, sin florituras, pero con la magia suficiente para pasar la prueba del tiempo y mantenerse frescas por casi dos décadas. Cada disco posterior de la banda los llevaría a nuevos lugares, a explorar nuevos horizontes, estilos y géneros, que no hicieron sino confirmar que STP aspiraba a grandes cosas, y que su cuestionado éxito era totalmente merecido. Scott Weiland, los DeLeo y Eric Kretz fueron lo suficientemente talentosos para crear canciones que marcaron a una generación, le dieron identidad a una década, y que hoy forman parte del bagaje cultural de cualquiera que haya alcanzado respirar lo que era la música de comienzos de los años noventa.

Álvaro Rojas

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