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House of Gold & Bones Part 2

House of Gold & Bones Part 2

House of Gold & Bones Part 2

Jueves 09 Mayo, 2013

2013. Roadrunner


Stone Sour ha estado con nosotros por un tiempo increíblemente largo como para que aún le cataloguemos como el proyecto paralelo de un "#" más de Slipknot. Más de una década de acontecido su álbum homónimo, en el trayecto siempre han demostrado ser una banda de rock duro profundamente versátil, imaginativa, y este disco no es la excepción, pero también es excepcional en lo de su receta que no expira.

Este nuevo álbum no es uno para débiles ni para viejos, citando de alguna forma la violenta película basada en la novela de Cormac McCarthy, “No Country For Old Men”. No obstante es de aquellos que nunca traspasa esa línea tenue que lo pudiera convertir en algo difícil de escuchar. Y en efecto, en comparación con el primer volumen de la entrega, “House of Gold and Bones”, publicado el 2012, éste es un disco más oscuro, que deja de lado la pomposidad propia del álbum conceptual para priorizar un conjunto inteligente de temas que (a modo de advertencia) no se dejan escuchar con tanta facilidad como los dos de la primera parte. Sin embargo, después de unas pasadas, te dejan un sabor más potente en los tímpanos que la primera entrega.

Hasta los momentos más radiales, que le podrían pedir prestado de Alice in Chains, tienen un toque extra. Como es el caso de ‘The Uncanny Valley’, que puede ser una visión un tanto vaga del apocalipsis y la hipocresía, pero su intensidad en la melodía de la guitarra solista provee de todo "el nervio" que el tema requiere. En una movida muy inteligente cada pista se ha construido cuidadosamente para ir al tiempo y en conjunto con la historia que funciona como continuación de la primera parte.

En su mayor trecho sónico, “House of Gold and Bones II” es un clavado en las profundidades sugeridas por la canción de apertura, que se transforma a partir de una balada de piano en un grito primal. Taylor -como en el resto del disco- canta por la voz de su personaje principal, registrando todos los tonos emocionales que lo podrían describir.

Siendo una epopeya emocional, hay que recalcar si no fuera por la autosuficiencia que exhiben en tanto a confianza melódica que se escucha claramente en la atmosférica que abre -en la línea NIN, con piano y todo- ‘Red City’, en ‘Sadist’ y especialmente en la cambiante y extraordinaria épica de ‘Peckinpah’, esto no sería lo genial que en verdad es.

“House of Gold and Bones” (en esto puedo hablar de los dos de la saga como un todo) se niega a sacrificar el contenido emocional de sus discos anteriores pero si se arriesga en lo que respecta a sus ambiciones temáticas, estas últimas claramente han crecido. Es otro crédito que se le puede otorgar a la banda, el que el oyente no necesita estar tan claro de los giros y recovecos de la historia de estos dos álbumes para poder "estar profundamente inmerso en su música".

"Cuanto más lucho, permanezco igual", se lamenta Taylor en ‘Stalemate’, una canción que con un gancho comercial innegable trata de conciliar el propio sentido de inadecuación con el deseo hambriento de cambiar. Siendo una temática muy típica, referida en la música popular como simple "angustia", lo febril del tono de Stone Sour hace que estas quejas parezcan algo nuevo y ponzoñosas otra vez. "Si no lo consigo, si me caigo, si no puedo ser libre entonces nunca lo fui del todo", es lo que Taylor continúa cantando con verdadera convicción en este tema literalmente lleno de citas memorables, y alguna de las percusiones más agresivas que puedas oír en un tema que sigue apegado a la vieja escuela de la canción de hard rock.

Y así sigue y suma; cada canción tiene su cuento, te atrapa y te obliga a escucharla de una manera diferente que la anterior.

Ya sea la amenazante oscuridad conviviendo con lo arrastrado de su riffing en ‘Gravesend’ (un tema que Marilyn Manson se querría para salir del ataúd en que se encuentra) o los golpes y las guitarras frenéticas de ‘Black John’, un tema de muchísima onda.

Por otro lado un tema como '82', aunque no demasiado espectacular, presenta uno o dos ganchos memorables, que dejan en claro de que está concebida como la canción ideal para tocar en vivo y si éste es el simple golpe efectista para el show, 'Blue Smoke’, en cambio, es lo complejo y ominoso que está detrás tuyo, una progresión melódica lenta en su marcha, con ese ritmo pink floydiano especialmente marcado por el bajo en los últimos diez segundos y esa aura a-la A Perfect Circle. Y resultaba ser apenas una intro para que llegue ‘Do Me a Favour’ a hacer lo suyo; una manera perfecta de ir cerrando el disco con ese "anthem-ico" primer single.

“House of Gold and Bones Part 2” es menos teatral que la primera entrega, y aún así como un todo golpea con más fuerza que el anterior. Aquellos que buscan el reconocido lado más suave y sensible de Stone Sour no encontrarán mucho para solazarse aquí, aunque la mencionada balada ‘Sadist’ y la desazón de ‘The Conflagration’ vienen a demostrar que no han abandonado ese lado de su ethos musical. Este notable penúltimo track del álbum podría fácilmente haber sido una balada de rock mainstream, pero la sutileza en el acompañamiento de piano junto a la guitarra triste mantiene la altura. Y solo entonces después de esta llegamos a la que en el papel es la canción principal de la "historia" que lleva dos partes de su relato. La conclusión de 'The House of Gold & Bones' es una de las canciones de guitarra más energéticas que se escuchen en la placa, veneno puro durante casi cinco minutos para redondear un viaje increíble.

Siendo una de las obras más audaces de Stone Sour, esta segunda entrega de “House of Gold and Bones” será difícil de rematar en su tercera parte con el mismo grado de alcance y ambición, en otras palabras, una frescura dinámica que se siente en esta docena de temas. De aquello Corey Taylor tendrá que preocuparse el 2014 para darle el cierre a esta historia. En este momento, se puede alegrar sobre el simple logro de hacer un álbum conceptual de ya dos discos y no tropezar en ningún momento. Todo lo contrario, en realidad pisando fuerte.

Hasta hoy Stone Sour ha publicado dos discos centrados en la historia de un hombre que lucha por encontrar su lugar en el mundo; Corey Taylor ha creado esa narrativa para que sea algo universal, abordando tópicos de esperanzas y temores que viven todos. Y en lugar de ahogarse en la angustia, esta segunda entrega es una búsqueda y este álbum en última instancia un triunfo. Si lo tuyo, independiente de que no hayas escuchado a esta banda más allá de la sorpresa inicial que fuera ‘Get Inside’ hace demasiados años atrás o incluso ‘Bother’, es el rock duro, base de las formas de metal, esto debe estar en la parte alta de tu lista de discos del año 2013. No he escuchado nada tan coherente en un buen tiempo.


Alfredo Lewin
 

 

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