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Daydream Nation

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Miércoles 20 Julio, 2011

1988. Enigma

Se dice que las obras de arte se valoran con el tiempo. Que los clásicos, son aquellos que pasan casi sin esforzarse el test de la perdurabilidad al momento de salir al mundo, sin siquiera importar lo que rodeó su nacimiento. Y las “juventudes sónicas” tienen varios álbumes que se acercan a esa definición. Y es que, sin quererlo y ni siquiera pedirlo, se transformaron en padres fundadores de toda una era.

“Daydream Nation” marca el despegue definitivo de Sonic Youth. Pero no el comercial ni el del “camino al éxito”. Al contrario, la sexta placa del conjunto de Nueva York se vendió poco y tuvo una pésima distribución dentro de los Estados Unidos, principalmente porque el sello que la editó quebró al poco tiempo. Entonces ¿cómo es que todas las opiniones convergen en destacarlo como obra maestra? ¿En biblia para nuevas generaciones? Todo radica en el sonido atemporal que sacan Gordon, Ranaldo, Moore y Shelley, que hasta el día de hoy sorprende y, con el relajo y la visión post 1988, se puede comprender mejor el mensaje oculto de este trabajo.

Así, es posible explicar que ‘Teenage Riot’, un temazo y quizás uno de los pocos “singles” de la discografía de Sonic Youth, esconda un cinismo tan primitivo y orgiástico para una época en que el conservadurismo puro se creía el dueño del mundo. Que, por ejemplo, las dosis noise de las guitarras de Moore se mezclaran con hardcore como forma de expresión artística en ‘Silver Rocket’; que las melodías art-pop de Moore y la voz sensual de Gordon se apoyaran mutuamente en ‘The Sprawl’.

Otro elemento que se hace presente en este corte es la inclusión definitiva de las texturas sónicas en plan de “muralla de ruido” con el elemento poético de corte más narrativo. Kim Gordon recita, en momentos aúlla, mientras que Moore y Ranaldo tejen un entramado que hasta el día de hoy es copiado hasta el cansancio por otros. Sobre todo la contraposición de guitarras en clave noise atravesando acordes ricos en sonoridades más finas. Esa constante dicotomía, que el grupo trabajó desde sus comienzos, alcanzó su punto álgido en "Daydream Nation".

Pero hay más. Sonic Youth explotó con este disco sus máximas potencialidades desde el “Indie”. Carajo, si los únicos a los que podemos llamar así son a ellos y no a estas pseudo banditas de niños bien, que les gustan a niños bien. La “nación somnolienta” era el fiel retrato de un período en que las dosis de alienación eran tales, que era muy poco lo que en realidad importaba. Y el cuarteto lo sabía, por eso es que llegan con la increíble ‘Cross the Breeze’ o ‘Eric’s Trip’, un tour de force por el realismo aplastante de las líricas de este trabajo.

Mucho de lo que después se imitó hasta la saciedad de los Sonic Youth está presente acá. Las melodías distorsionadas tipo ‘Total Trash’, las experimentaciones radicales en formatos contenidos como ‘Hey Joni’, la visión cínica, propia del desgano de una época, con ‘Providence’ (que cuenta con la aparición de el legendario Mike Watt en el piano) o las texturas sonoras tan propias de la banda en el futuro, que en el cierre del cedé se manifiestan con ‘Candle’, la furiosa ‘Rain King’, el arte hecho noise de ‘Kissability’ y la extensa, soberbia y completísima ‘Trilogy’.

En efecto, es en el último surco de este elepé en que los de Nueva York logran la triangulación definitiva entre las ambiciones vanguardistas, la crudeza del hardcore en su estado noise más primario y todo eso envolverlo en un manto de fina y elegante composición melódica, sentando un precedente que con certeza absoluta sólo los mismos Sonic Youth han logrado alcanzar y en contadas ocasiones.

Por ello es que esta placa es tan decidora no sólo para el devenir del cuarteto, sino también para otras corrientes que encontrarían en cada uno de los cortes que la componen, elementos sustanciales para construir sus propios lenguajes sonoros y estilísticos.

“Daydream Nation” supuso un punto de inflexión para Sonic Youth. Fue el salto al mainstream pero sin dar su brazo a torcer. Es más, todos se rindieron ante este disco, que marcaría el brillante camino de un grupo que jamás ha transado sus convicciones artísticas y estéticas. Sin dudas, en una discografía brillante, “Daydream Nation” brilla con luz propia dentro de una carrera plagada de numerosos aciertos. Decir que este trabajo es un gran disco es muy poco, por eso lo denominamos un clásico.

Felipe Kraljevich M.

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