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Unbreakable

Unbreakable

Unbreakable

Lunes 13 Junio, 2011
2004. East West

Lo habían prometido y cumplieron. ¡¡Y de qué forma!! En efecto, en todas las entrevistas previas, el triunvirato de oro de la banda germana, el vocalista Klaus Meine y los guitarristas Rudolf Schenker y Matthias Jabs, prometieron a los medios que con este nuevo álbum, Scorpions regresaría con todo a su estilo rockero y heavy de antaño, al estilo de sus clásicos discos como “Animal magnetism” (’79), “Blackout” (’82), “Love at first sting” (’84), “Savage amusement” (’88) o “Crazy world” (’90).

Lo cierto es que este nuevo álbum es vital para la carrera del grupo alemán más importante en la historia del rock, ya que este disco representa su placa de estudio Nº 20, el grupo cumple 35 años de carrera y desde 1999 que no editaban un disco con material original. Recordemos que sus dos últimos trabajos habían sido el proyecto con la orquesta filarmónica de Berlín, el “Moment of glory” (2000), un notable cedé donde la banda y la orquesta sí se acoplaban a la perfección (no como en el horroroso disco “sinfónico” de Metallica), y el “Acoustica”, grabado en vivo en un monasterio de 1500 años de antigüedad, en Lisboa, Portugal... otro notable ejemplo de la calidad interpretativa de los germanos.

Sin embargo, estos mismos proyectos sirvieron como argumento para que algunos dudaran de la capacidad de los escorpiones de volver a crear y grabar un auténtico álbum rockero, que no se decantara hacia las baladas como había sucedido con algunos discos de los 90’s y que no coqueteara con el pop ni el techno, como sucedió con su último trabajo de estudio, el “Eye II eye” de 1999. Como ven, había mucho en juego. Así que la banda se movió en forma inteligente. Primero, limando asperezas con su productor de toda la vida, el alemán Dieter Dierks, con quien tuvieron sus éxitos más importantes (produjo todos los discos clásicos de Scorpions, menos el “Crazy world”, labor realizada por Kevin Elson en LA). Se juntaron con él y, el año pasado, grabaron dos temas nuevos para el ‘best of’, “Bad for good” para ir calentando motores. Las nuevas canciones fueron ‘Cause I love you’ y ’Bad for good’, dos auténticos temazos que demostraron que el filoso poder rockero de Scorpions estaba intacto.

El siguiente paso era, entonces, grabar el nuevo álbum completo en esa dirección. Para la producción esta vez reclutaron a Erwin Munsper, un conocido de la banda que ya había trabajado con ellos en “Pure instinct” (’96), un muy buen disco, pero que se perfilaba más hacia el material acústico. Y así llegamos a este flamante “Unbreakable” 2004, que ya desde la portada, con ese escorpión esculpido en el acero, nos asegura que se nos viene un disco rockero, aguerrido, sin fisuras, o sea, totalmente “irrompible”. ¡¡¡¡Y así no más es!!!!

El inicio con ‘New generation’ es brillante. Un tema algo modernoso con riffs arrastrados, pero con la “esencia” Scorpions fraguada a fuego en la melodía. Un tema musical y líricamente muy interesante y donde Scorpions nuevamente nos presenta su visión político/social del mundo actual, como ya lo hicieran 14 años atrás en la profética ‘Winds of changes’ (todos los acontecimientos que la letra de la canción pregonaba efectivamente ocurrieron como la “Perestroika”, la apertura cultural a occidente de la entonces URRS y la caída del muro de Berlín).

Las siguientes ‘Love ‘em or leave ‘em’ y ‘Deep and dark’ son puro y auténtico Scorpions de toda la vida. Las guitarras a tope y la voz de Meine (en perfectas condiciones) comandando el buque. La primera agitada y poderosa, con un groove increíble en el bajo de Barry Sparks (bajista de Dokken que grabó la placa como invitado), y la segunda más melódica y profunda. Notables tracks… es verdad, ¡¡¡¡Scorpions está de vuelta!!!!

En la contundente ‘Borderline’, el maestro Rudy Schenker nos sigue demostrando que es uno de los mejores creadores de riff en la historia del rock, y en este track se despacha con uno vicioso y arrastrado de gran poder y sumo gusto. Y en la veloz y agresiva ‘Blood too hot’ encontrarás un auténtico clásico Scorpions en la línea de un ‘Dynamite’ o un ‘Hit between the eyes’, así de buena es esta canción, donde se luce Matthias Jabs con un solo punzante y cargado de electricidad. ¡¡Notable!!

En la grandiosa ‘Maybe I maybe you’, hay un amago de balada, al comenzar la canción con un piano acústico de cristalina emotividad. La voz de Klaus Meine suena casi a “capella”, montada sobre esta sutil línea de piano que te hace comprobar con asombro que después de tantos y tantos años en la carretera, el diminuto Meine todavía puede cantar con una voz portentosa, llegando aguerrido a las notas altas. Y cuando la emoción te apreta el corazón y la respiración se entrecorta por semejante pieza musical, la batería del James Kottak entra brutalmente acompañada por los sólidos riff de Schenker y Jabs, para rematar el tema en un plan grandilocuente con notable maestría. Otro punto realmente altísimo de un disco que no decae por un segundo y que no te deja de sorprender con cada nuevo corte.

Y las sorpresas no paran porque la genial ‘My city my town’ podría ser una versión 2004 del himno ‘Big city nights’ con su groove contagioso. Otro momento realmente estelar es ‘Throught my eyes’, otro tema clásico a lo ‘No one like you’ o ‘Bad boys running wild’… pero es que este corte es un HIMNO con mayúsculas. ¡¡Cómo se las arregla Scorpions, con 35 años de trayectoria, para poder seguir componiendo este nivel de canciones!! Lo cierto es que no puedo dejar de emocionarme, han pasado 20 años desde que, siendo un niño, comencé a escuchar a estos alemanes, Scorpions han sido parte de la banda sonora de mi vida y agarro su álbum 2004 y me encuentro con cortes de tamaña calidad como éste. La voz de Meine llegando a los agudos en forma fluida y un memorable solo de Rudy Schenker que mete dos o tres notas, pero con un buen gusto y un feeling impresionante, que es imposible que la emoción no te llene los ojos de lágrimas.

Pero hay más. Porque en la siguiente ‘Can you feel it’ aparece el efecto de guitarra estrella de Scorpions: el “Talk Box”, el mismo que utilizan en la inmortal y clásica ‘The Zoo’. Aquí, Matthias Jabs se luce haciendo un solo maravilloso pasado por este procesador... Gran tema. El mazazo final queda con ‘This time’, un track muy pesado donde el doble bombo de James Kottak (un gran batero que ya lleva un buen rato en la banda), entra en los momentos precisos secundados por el estupendo bajo de Barry Sparks, que está notable en toda la placa (el nuevo bajista de Scorpions es el polaco Pawel Maciwoda). En ‘She said’, finalmente, sí aparece la clásica balada a lo Scorpions, pero los tipos son maestros en esta área y tienen un feeling increíble para los temas lentos. Meine nuevamente demuestra aquí su gran forma vocal. Todo termina con la rockera y más festiva ‘Remember the good times’ (al final de eso se trata la vida, de tener la mayor cantidad de buenos momentos posibles, como disfrutar un gran disco de rock como éste, por ejemplo).

En resumen, un disco glorioso de principio a fin que pone de manifiesto dos cosas: Que este año será pletórico para el hard rock/heavy metal clásico (que ya nos ha entregado excelentes discos de Tesla y Wasp y aguardamos expectantes los de Van Halen, Europe, Dokken, Judas Priest, Cinderella y Twisted Sister, sólo por mencionar algunos). Lo otro es que este escorpión no ha perdido el letal veneno de su aguijón. Un regreso simplemente notable.

Cristián Pavez

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