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Blood Sugar Sex Magik

Blood Sugar Sex Magik

Blood Sugar Sex Magik

Miércoles 20 Julio, 2011

1991. Warner

Para algunos, una década perdida, y para otros, entre los cuales me sumo, un período en la historia del rock marcada por la calidad, provocación y desenfreno estilístico que permitió reorientar los sonidos, logrando, en algunos casos, piezas sencillamente memorables. Es que los 90, se caracterizaron por inmortalizar placas y concederles el rótulo de “clásico” al sólo oír sus primeros acordes. Un factor que en “"Blood Sugar Sex Magik",” de los californianos Red Hot Chili Peppers”, estuvo presente desde su génesis, publicación y venta.

Tal como se esperaba, no fueron pocos los que intentaron asignarles un referente, no obstante, éste sólo derivó en aproximaciones. Claro estaba, más allá de las vertientes que rodean al presente material, existe una comunión de sonidos que cambiaron el enfoque musical de aquellos años. “El disco responde a una concepción intimista, personal y quizás, el mayor mérito, accesible para la inmensa mayoría de los jóvenes. No hay espacio a la densidad y la pausa, sólo hay cabida a las guitarras contagiosas, a una actitud contestataria, así como, a la reflexión serena del crudo calvario de las drogas que afectó a integrantes del grupo.

El desglose sónico nos arroja una clara inquietud de innovar e ir más lejos del habitual sonido funk setentero, ligado preferentemente a la música negra. Dicha orientación se ve cimentada en la furia punk y sicodélica de un inspirado, John Frusciante. El tipo que sufría los trastornos físicos del indiscriminado consumo de heroína, se desliza por atrayentes texturas sónicas, las que, dado su sello y virtuosismo, años más tarde, serían un permanente fantasma tras su salida del grupo.

A su vez, Flea, bajista poco convencional, de extravagante facha, literalmente mete los dedos en el enchufe. Eléctrico, sólido, intenso, dejó fluir su estilo por sobre la línea artística de la banda. Lejos de restar protagonismo a sus compañeros, es la compañía perfecta que otorga el balance a un grupo que a ratos se alzaba como incalificable.

Paralelamente, la crítica especializada no dudó en asignarles un referente, sin embargo, este sólo derivó en aproximaciones. Claro esta, más allá de las vertientes que rodean a “"Blood Sugar Sex Magik", destaca la originalidad de un proyecto que cambió el enfoque artístico de millones de adolescentes que daban sus primeros pasos en la música.

Tampoco se puede obviar el talento del productor, Rick Rubin, quien supo exprimir toda la irreverencia de una banda que transita por los ritmos infecciosos, temáticas callejeras y sexuales. Según el propio aludido, la crudeza de esta material se debió a la utilización de los micrófonos, en pos de beneficiar la línea estilística del cuarteto. Y no se equivocó, ya que a 24 años de su edición, la placa suena atemporal, y por ende, es un referente universal a la hora de hablar de rock.

La apertura del disco con '‘The Power of Equality'’, nos deja la primera señal de perplejidad y asombro. Si no sabemos lo que oímos, sacamos un “vale otro” con '‘If You Have to Ask'’, tema donde apreciamos la desenfadada versatilidad vocal de Anthony Kiedis. Un tipo que no tiene asco en vestirse de smoking o ponerse un overol a la hora de actuar. Cumple su función según las circunstancias, y eso, le resulta. Solo basta escuchar la belleza folk y la potencia lírica, que, adosada a potentes arreglos de percusión, hacen de ‘'Breaking the Girl'’, uno de los mejores temas de la banda. Esta canción deja de manifiesto que nadie podría cantar mejor en los Red Hot, que el estrafalario Kiedis.

Tras cartón, ‘'Funky Monks'’ mantiene la onda party que caracteriza los rápidos de la banda. Cualidad que prosigue con la sensual '‘Suck my Kiss'’, dotada de una melodía y coro pegajoso, cuestión que confirma la accesibilidad de su estilo, lo que obviamente va acompañado de una calidad a toda prueba. Esta distinción se rompe con la nostálgica ‘'I’ Could Have Lied'’, que ofrece el lado más depresivo del habitual subconsciente saltarín que rodea la atmósfera creativa del grupo. Tanto así, que hay espacio para el sentimiento bluesero que aflora en las cuerdas de Frusciante, quien se manda un impresionante solo. Algo como para hacernos comprender que el rock no responde sólo a una cuestión de técnica, sino que también de sentimientos.

Luego ‘'Mellowship Slinky in B Major'’, ‘'The Righteous & the Wicked’' y el clásico '‘Give It Away'’, van dando cuerpo a un trabajo que ya, a esas alturas, resulta increíble. Ni hablar de ‘'Blood Sugar Sex Magik'’, el tema más potente, directo y agresivo del grupo o de ‘'Under the Bridge'’: Himno de la banda, que retrata el oscuro paso del grupo en el mundo de las drogas. Esta canción captó la atención de miles de jóvenes y, quizás, sin desmerecer el resto de su discografía, se trata de una canción irrepetible para cuarteto. Algo así, como lo fue '‘Stairway to Heaven'’ para Led Zeppelin.

El trabajo se redondea con la envolvente ‘'Naked in the Rain'’, donde Flea deja correr su sangre funkera y se larga con una ejecución descollante. Cuestión que también se hace extensiva en ‘'Apache Rose Peacock'’, '‘The Greeting Song'’, ‘'My Lovely Man'’, '‘Sir Psycho Sexy'’ y la humorística ‘'They're Red Hot’'. En total, 17 temas que, más que volarte la cabeza, evoca en el pasado adolescente de una generación marcada por la innovación y el sentimiento puro del rock. Este disco nació para instalarse en la eternidad, o mejor dicho, llegó desde la eternidad para instalarse en tu realidad.

Beto Arán

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