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Operation: Mindcrime

Operation: Mindcrime

Operation: Mindcrime

Miércoles 20 Julio, 2011

1988. EMI

En 1988 la pregunta que todo el mundo se hacía en la escena metalera era ¿Quién mató a Mary? Esa era la premisa básica sobre la que se sustentaba el nudo argumental de “"Operation: Mindcrime"”, uno de los discos conceptuales más rutilantes y brillantes en la historia del rock y metal, junto a, por supuesto “"The Wall"” (1979), de Pink Floyd. Varios años han trascurrido desde entonces y el misterio sobre el verdadero asesino de Mary nunca ha sido develado ni siquiera por la propia banda. Como si se tratara de una película de Hitchcook, cada uno puede tener su propia interpretación.

Pero antes de desmenuzar de lleno este opus magnun de Queensrÿche, hagamos un poco de historia y recordemos el contexto de cómo y cuándo sucedieron los hechos.

A principios de los 80’ la eclosión del heavy metal fue un fenómeno a nivel mundial. El metal tomó por asalto las radios y los programas de video clips, situación a la que Chile no quedó ajena. En Estados Unidos el fenómeno tuvo su epicentro en la ciudad de Los Angeles, California, que pasó a ser entonces la capital mundial del hard rock con la irrupción de bandas como Mötley Crüe, Ratt, Poison, Dokken, L.A. Guns y tantas otras, las que fueron bautizadas como “glam metal” por utilizar una imagen vistosa y provocativa, que combinaba la imagen visual de los 70 (David Bovie, T Rex, Slade), con el sonido metal de la década imperante. Por otro lado, en la Bahía de San Francisco, también en el estado de California, se venía gestando otra revolución silenciosa que estallaría algunos años después: el thrash metal, donde Metallica, Exodus, Testament y Dark Angel, entre otros, eran la corrosiva y brutal respuesta al glam.

Muy lejos de ahí, en la ciudad de los boeings y los grandes aviones, más conocida como “Jet City”, es decir en Seattle, en el estado de Washington, nacía Queensrÿche, que estaba al medio de todo: no eran ni glam ni thrash, simplemente una banda de heavy metal que emulaba el sonido de Iron Maiden y Judas Priest agregándole una cuota de progresividad a su música. Queensrÿche editó en forma independiente su EP homónimo y vendieron de aquel nada menos que 60.000 copias, lo que rápidamente llamó la atención de una multinacional como EMI, que contrató y promocionó a la banda como los Iron Maiden de Estados Unidos, apostando a que como los jóvenes metalheads americanos se volvían locos con Maiden, lo mismo sucedería con Queensrÿche, cosa que ocurrió pero en forma paulatina. Así entonces apareció el primer larga duración oficial de la banda, el excelente “"The Warning"” (1984), producido por James Gutrie famoso por su trabajo con Pink Floyd y donde algunas orquestaciones con cuerdas fueran ejecutadas por el maestro Michael Kamen (RIP), que años más tarde ganaría un Grammy junto a Queensrÿche por la canción ‘'Silent Lucidity'’ (del álbum “"Empire"”, 1990), y por trabajar con Metallica en las canciones ‘'Nothing Else Matters'’ y '‘The Unforgiven'’ (ambas del disco “Negro”, 1991) y en el álbum "“S&M"” (2000), junto a la sinfónica de San Francisco.

Pero cualquier similitud de Queensrÿche con Maiden desapareció de inmediato cuando la banda editó “"Rage for Order"” (1986), un álbum completamente futurista y adelantado a su época, donde el grupo llevó al límite la experimentación con las nuevas tecnologías, como las synth guitars (guitarras sintetizadas, que permitían tocar acordes “normales” de guitarra eléctrica y al mismo tiempo apoyaturas de teclados y samplings, pero ejecutadas con la guitarra).

Así llegamos a 1988, un año agitado social y políticamente para los norteamericanos, ya que el gobierno de Bush padre anunciaba recesión económica y desempleo, y en el medio oriente ya se sentían los vientos de guerra derivados de la crisis del petróleo y que dos años más tarde estallaría en el golfo pérsico. En ese ambiente, Queensrÿche se encerró a trabajar en su proyecto más ambicioso hasta esa fecha, una idea que ya les venía rondando hace varios años, según palabras de Geoff Tate y Chris DeGarmo, los líderes naturales de la banda de Seattle. Para ejecutar su plan maestro, la banda se trasladó hasta Vancouver, Canadá, donde trabajaron con el brillante productor Peter Collins, famoso por su labor con Rush, una de las agrupaciones más admiradas por los de Seattle.

Recordemos que en 1988 no existía Internet, ni revistas especializadas, por lo cual en Chile se manejaba muy poca información sobre las bandas. Fue así cuando una tarde fui a “Rock Shop” (la única tienda especializada en metal que existía en la época, ubicada en el subterráneo del Paseo Las Palmas en Providencia), y me encuentro con ese disco rojo y blanco con una clara influencia visual del diseño gráfico comunista de la entonces Unión Soviética. Sólo me fijé que el disco tenía 15 canciones, lo que era poco común para la época ya que la mayoría de los vinilos siempre incluía 10. Como ya era fanático de la banda, sobre todo después de escuchar el "“Rage for Order"”, no dudé un instante y lo compré (gastándome todos mis ahorros de varias semanas de mesada), sin haber escuchado nada previamente. Llegué a mi casa con el corazón latiendo a mil, pongo la placa en el tornamesa y luego de unos segundos comienzan a escucharse esas voces que decían “"I remember now. I remember how I started. I can’t remember yesterday"…”.

Desde ese momento ya nada fue lo mismo, corte tras corte y sin pausas o silencios mediante, Queenrÿche te emplastaba en la cara un disco que automáticamente era mucho más que eso, esto era un clásico instantáneo, una leyenda que nació en el mismo estudio de grabación. Todo era perfecto, la prolijidad de los detalles (escuchen el perfecto arrope del sonido del teléfono al inicio de ‘"Operation:Mindcrime"’), la calidad de la grabación, la brillantez compositiva, la interpretación superlativa de toda la banda y una historia compleja y alucinante, hacen de este álbum un clásico eterno, un disco perfecto, inmortal e imposible de superar. Tate, Jackson, DeGarmo, Wilton y Rockenfield escribieron sus nombres con letras de oro en los anales del metal progresivo, el “metal pensante” como se le llamó, cuajando un verdadero y monumental discazo de principio a fin.

Así, a través de sus 15 canciones que están todas unidas como una gran ópera de 60 minutos, “"Operation: Mindcrime”" nos presentaba la historia de Nikki, un chico punk sin hogar y sin empleo que caía en las garras del Dr. X, un siquiatra brillantemente loco que quería desestabilizar el sistema democrático norteamericano provocando una anarquía (‘Anarchy X’), la cual tendría como consecuencia una completa revolución política y social en la nación más poderosa del mundo (‘'Revolution Calling'’). Para esto, el Dr. X comienza a trabajar la mente de Nikki (‘'Operation: Mindcrime'’), para que fuera cometiendo asesinatos “selectivos” que pusieran en jaque a la Casa Blanca ('‘Spreading the Disease'’). En forma paralela, el Dr. X era amigo del Padre Williams, un párroco depravado (¿les suena a historia conocida por acá?), que recogía prostitutas de la calle transformándolas en monjas y prometiéndoles el cielo y la salvación, tomándoles previamente su “confesión” (‘'The Mission'’). Es así como Mary, una puta que bailaba sola en las discoteques abrazada a un oso de peluche, fue “apadrinada” por Williams quien la llevó al hospital siquiatrico donde el Dr X tenía encerrado a Nikki. Fue ahí donde Nikki y Mary se conocieron y en su situación de desesperanza y alienación, sometidos a la manipulación mental de Williams y el Dr. X, el amor no tardó en llegar. Al ver esto, el Dr. X consideró a Mary como un peligro para Nikki y sus planes revolucionarios, de los cuales el Padre Williams también era partícipe, por lo cual ambos decidieron que había que “mandar al cielo a Mary” ('‘Suite Sister Mary’').

Fue así como el cadáver de Mary fue encontrado sobre el altar de la iglesia por Nikki y desde ahí la historia queda abierta, donde las mentiras terminan por enloquecer a Nikki ('‘The Needle Lies'’), el principal sospechoso del asesinato para la policía, quienes no creyeron su versión de los hechos ('‘Breaking The Silence'’), dejando que el mal triunfe sobre el bien y el amor ('‘I Don'’t Believe In Love'’) y donde el personaje central queda absolutamente perdido en un limbo de sedición, mentiras y manipulación, completamente entregado a su suerte y viviendo su propio karma (‘'Waiting For 22'’), y vía crucis (‘'My Empty Room')’, hasta que llegamos al final que podría ser el verdadero principio de la historia ('‘Eyes Of The Stranger'’).

Eso es a groso modo “"Operation: Mindcrime"”, un álbum fundamental que transformó a Queensrÿche en una banda de platino, que instauró a Geoff Tate como uno de los vocalistas más prodigiosos de la historia, que hizo de Chris DeGarmo y Michael Wilton un tándem de guitarristas dorados, tan reconocidos e influyentes como esas duplas inmortales de Tipton/Downing (Judas Priest) y Murray/Smith (Iron Maiden), que hizo que Eddie Jackson y Scott Rockenfield se transformaran en una de las secciones rítmicas más imaginativas, elegantes y complejas de los anales del hard rock. Pero no sólo eso, porque con Queensrÿche también se comenzó a hablar del “metal para el hombre pensante” y el “metal inteligente”, ya que el contenido lírico de la banda distaba mucho de los típicos tópicos de fiesta, sexo, drogas y alcohol de las bandas glam y las letras siempre recurrentes sobre guerra de las bandas thrash.

Siendo americanos hasta la médula, Queensrÿche era una de las pocas bandas que se atrevía por esa época a criticar su sistema político y social, a criticar a su presidente y a llamar a la gente a pensar por sí mismos, y a no dejarse manipular por la influencia de los medios y la TV que en Estados Unidos lo controlan todo. Por ello, luego del éxito del álbum, la banda edito un “short film” de una calidad artística y conceptual nunca antes vistas en la historia del metal, el que se llamó “"Video: Mindcrime"” y muestra un compendio de la historia a través de 6 videos de una factura visual impresionante. Pero la historia no quedó ahí, ya que con el siguiente disco de Queensrÿche, el mundialmente aclamado “"Empire"” (1990), la banda alcanzó el multiplatino (más de 6 millones de copias vendidas), lo que le permitió durante el tour de “Empire”, tocar el álbum “"Operation:Mindcrime"” en forma íntegra, apoyados por la performance de actores, (la hermana Mary era interpretada en vivo por Pamela Moore, la misma cantante del disco). También para apoyar la interpretación del disco, la banda proyectaba en pantallas gigantes partes de la historia filmadas en estilo comic, todo lo que fue meticulosamente grabado, filmado y presentado en el box set de edición limitada (sólo 150.000 copias), “"Operation:Livecrime"” (1991), que nos muestra a Queensrÿche en todo su esplendor de la era “Mindcrime” y que hace un par de años fue reeditado en formato DVD.

“"Mindcrime"” se constituía así en un paso gigantesco en la historia de Queensrÿche, una banda siempre camaleónica, que tiene una marca registrada indeleble a la hora de hacer metal, siempre con fuertes influencias progresivas, y rodeada de matices técnicos impresionantes y un buen gusto y talento a raudales.

El álbum salió el 3 de mayo de 1988, y desde entonces, fue mucho más que sólo música. Fue y es una obra de arte inmortal y absolutista, y que ningún otro disco conceptual ha logrado superar hasta nuestros días.

Cristián Pavez

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