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...Like Clockwork

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Martes 04 Junio, 2013

2013. Matador

“El mejor truco es que no hay truco”. Así Josh Homme se refería a su nuevo trabajo de estudio, “…Like Clockwork”, a meses de su salida, alimentando la ansiedad entre sus fans por volver a escuchar material tan poderoso como “Rated R” o “Songs for the Deaf”. Pero no fue ni el uno ni el otro. Es una clase diferente del mismo peligro de aquellas obras, una osadía en la que se aventuró Homme a bordo de su propia locomotora emocional. Porque, a veces, es mucho más “cool” mostrar distancia en lugar de sucumbir a la vulnerabilidad y la madurez. En cambio, QOTSA acá sigue siendo sexy y juguetón, reimaginando el sonido de los setenta, aun mostrándose más expuestos y siempre siendo temerarios.

En un principio, poco se entendía la propuesta de ‘My God is the Sun’, la primera muestra de este trabajo, dentro del contexto en vivo de canciones como ‘Burn the Witch’ o ‘Hangin’ Tree’. Lo mismo sucedió con ‘I Appear Missing’, que dio mucho más pie a la duda; definitivamente, ésta no era la continuación de “Era Vulgaris” ni retomó donde habían quedado. “…Like Clockwork” abarca temas como la mortalidad o el paso del tiempo, con una sensualidad y una actitud tan sorprendentes como chocantes. Nada se le puede comparar a estos nuevos Queens of the Stone Age. Es más, las canciones que en un momento parecieron salir de ninguna parte, ahora se comprenden como un todo extraño, oscuro y totalmente coherente.

La lista de invitados a “…Like Clockwork” también ayudó a mantener la expectativa y a forjar la comparación con el espíritu colaborativo de “Songs for the Deaf”. Alex Turner, Dave Grohl, Elton John, Mark Lanegan, Trent Reznor, Nick Oliveri y Jake Shears conforman esta selección de estrellas que, de una manera u otra, terminaron en el proceso creativo del álbum, incluyendo también al baterista Jon Theodore (ex Mars Volta), que llegó en reemplazo del saliente Joey Castillo. Y, a primera oída, poco se puede detectar la presencia de cada uno de ellos. Todos terminaron sirviendo a la canción, y no viceversa.

‘Keep Your Eyes Peeled’ es lo más reminiscente a los antiguos QOTSA, sonoramente, en todo “…Like Clockwork”. La línea de bajo de Michael Shuman trae de vuelta de inmediato las sensaciones de su debut de 1998, y, de alguna manera, a todo volumen, anticipa cuán ondero es el resto del disco. De ahí en adelante, sin descanso, es un viaje inesperado. ‘I Sat By the Ocean’ es sabrosa, playera, californiana, pero abordando la decepción como el más amargo de los tragos. Otra vez, hablando seriamente, aunque no tan en serio como para dejar de pasarlo bien, lo primordial en Queens of the Stone Age.

El salto con ‘The Vampyre of Time of Memory’ a la sicodelia prolonga este juego de la búsqueda del sentido, tanto a nivel existencial en las letras (“Quiero que Dios llegue y me lleve a casa, porque estoy solo en esta multitud, quién eres tú para mí, quién se supone que soy, no estoy exactamente seguro”) como en la dirección del registro, hacia dónde apunta, porque hasta acá es muy variado. Hay mucho de The Beatles, sobre todo en la batería, en ciertos quiebres y en los teclados, pero también hay algo que conmueve, que lo hace inevitablemente más humano.

Pero seguimos jugando a lo impredecible. ‘If I Had a Tail’ es bizarra, con un inicio en la guitarra que poco tiene de típico y aún así sabe abrir paso a lo riesgoso. Es pura seducción en sus casi cinco minutos, y donde Mark Lanegan y Alex Turner al final se suman a hacer coros, en unas armonías que resultan fascinantes. En un álbum sin puntos bajos, ‘If I Had a Tail’ se destaca como uno de los pináculos de este trabajo y como una concentración de las características de Queens of the Stone Age, guitarras pesadas, musculares y versos gancheros y mucha sensualidad. ‘My God is the Sun’, por su parte, retoma una estructura más conocida dentro de lo que ha presentado el grupo, con harta guitarra, percusión y algo perceptible del estilo de Dave Grohl en los tambores.

La segunda mitad de la placa comienza con la postmodernista ‘Kalopsia’, un supuesto retorno a la melodía que explotan en los riffs y en las vociferaciones de Homme y Reznor, como diciendo que en realidad nada es suficientemente bello como para que sea eterno. Pero, a esta altura, sí lo suficientemente atractivo como para seguir escuchando más. Es entonces cuando aparece ‘Fairweather Friends’, otro imperdible en “…Like Clockwork”, una clase de actitud y también, dentro de la ironía de los amigos que están ahí “cuando calienta el sol”, una muestra de la cohesión y el nivel de entendimiento en que llegaron a estar Grohl, Reznor, Lanegan, Oliveri, Elton John, Homme y su banda, son únicamente momentos que van en crecimiento y que colisionan en un track de una potencia exquisita.

Y si de clases de fanfarronería se trata, ahí está la bailable ‘Smooth Sailing’, que tiene mucho de Led Zeppelin y que continúa en esta línea de la fuerte presencia de las guitarras junto con todo ese elemento sexy que entrega Homme en la voz. Ya cerrando, la épica ‘I Appear Missing’ rompe otra vez con todo lo predeterminado y añade dramatismo a un álbum diverso en sonido y sensaciones. No solo es intensa al nivel de las melodías y la voz, sino que también sus letras son desgarradoras, “me extravié/ya no existo/espero que algún día yo sea alguien que conociste”, sentencia el coro. ‘…Like Clockwork’, al final, es una canción sentida, protagonizada por la interpretación de Dean Fertita en el piano, versos como “gran parte de lo que ves es solamente para el show, querida” y un regreso a la sicodelia, con el catastrófico cierre “todo a partir de aquí va cuesta abajo”.

“…Like Clockwork” se eleva como una de las mejores obras que haya producido Queens of the Stone Age en su carrera. Cada uno de sus tracks es consistente, y mantiene la identidad que los ha definido sin repetirse en absoluto, guitarreros, insolentes, peligrosos, sensuales, lúdicos e íntegros: el truco era ser fieles a sí mismos. Por ahí reza el clamor popular: “RT si te quedaste embarazada escuchando “…Like Clockwork””. Excepcionalmente atractivo y dado a causar adicción.

María de los Ángeles Cerda

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