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Fear Of A Blank Planet

Fear Of A Blank Planet

Fear Of A Blank Planet

Miércoles 06 Junio, 2007
2007. Atlantic/Roadrunner Records
 
Dos años de espera que se hicieron eternos. La imaginación no pudo vaticinar, cual oráculo griego, las magnitudes de esta nueva obra, sus alcances y todo lo demás. Ya no estamos frente a un “grupo”: esta es, quizás desde ahora, una verdadera institución del rock. ¿Qué más colocar, para ilustrar esta ópera magna? Porque eso es “Fear of a Blank Planet”: una pieza clásica, inmortal. De esas que no se escuchan por estos días, en los que muchas agrupaciones salen al ruedo con la “promesa de”. Steven Wilson y Porcupine Tree tendrán un valor superlativo en el futuro, de eso no cabe duda. Pero creo que, con este trabajo, el octavo de la banda, ya podemos mencionarlo como un clásico del rock. Una de esos grupos necesarios para nuestros oídos. Una adicción, un contrasentido: les gusta a los metaleros y a los progresivos por igual. Los músicos y los fans están atentos ante cualquier cosa que se relacione con estas dos palabras: Porcupine Tree.
 
“Fear of a Blank Planet” se compone de seis temas, todos puestos bajo un estricto orden de historia, que no lo hace necesariamente un álbum conceptual, aunque si lo sea. Esa característica difusa, híbrida, fue lo primero que me atrajo: la condición negativa. Es como pretender que la negentropía es la negación de la entropía, cuando en realidad son cosas diferentes. Y eso es, en un primer término, este disco: una contraposición permanente de la historia, un salto desesperado en la oscuridad.
 
Ese impulso tiene que ver con el tópico que prima en “Fear of a Blank Planet”. El uso y abuso de las nuevas tecnologías, que de a poco hacen que las historias más futuristas de Ray Bradbury, Isaac Asimov, “1984” y todo ello, se acerque peligrosamente a la verdad. Lo acepto, yo también formo parte de ello. El estar frente al computador en la madrugada me hace cómplice. Y es por eso que este registro te atrapa de inmediato: el inicio es con unos dedos recorriendo frenéticos el teclado, con la vista al frente de la pantalla.
 
De repente, sale la banda sonora de este mundo, el nuestro, el de ahora. Una sucesión veloz en acústico, entra Harrison en batería y luego el grupo. Y ya está. Perdiste, o ganaste. La voz de Wilson, apurada, nerviosa, en una métrica que disfraza su complejidad en una suntuosa simpleza y Porcupine Tree, tocando uno de sus materiales más duros hasta el momento. La música responde a ello, a la inclemencia de este mundo que envía voladores de luces a todos lados. Que la Internet, que la aldea global… pura basura. Mientras más recibimos, menos comprendemos. Y ese es el mensaje de este primer track homónimo. Una oda a la post modernidad. Uno de los temas más poderosos de Porcupine Tree. Wilson, Barbieri, Edwin y Harrison son, ya con un track (al que tienen que poner atención en el segmento intermedio: ¡¡una delicia!!) una de las mejores banda de rock del planeta.
 
La crudeza, el salvajismo y la honestidad brutal de este primer corte se contrapone con ‘My Ashes’. Uno de esas canciones de trámite aletargado, “psicodelia pop”, si se quiere. Realmente bellísimo, sublime. Las palabras quedan cortas para describir este enorme tema; con ‘Anesthethize’, tercer track, hago mi primera y única comparación con “Deadwing”, y específicamente con el tema ‘Arriving Somwhere but Not Here’. Si todos pensamos que el último era el track que, de alguna forma, representaba el trajín musical de Porcupine Tree, se equivocan. No es sólo que ‘Anesthetize’ sea la canción central de este largaduración. Creo, cien por ciento seguro, que éste debe ser, lejos, la mejor composición de la historia de Porcupine Tree.
 
Tiene todo: momentos de psicodelia, el lado más rock, los colores ocres, la voz, las partes más metaleras. Simplemente, esta pieza de arte es única, inigualable incluso para la propia banda. Y como cosa menor, escuchen el solo de guitarra de este gran track (diecisiete minutos que se hacen pocos): es de Alex Lifeson. Y ese, queridos lectores, es el dato menor, simplemente porque ‘Anesthethize’ se presenta por sí misma.
 
Luego de esta increíble composición, ‘Sentimental’ toma lugar y de inmediato las sensaciones de alienación se transforman en tristeza, en melancolía, en otro insuperable tema de Porcupine Tree, en la que las partes con guitarra acústica son notables. Por su parte, ‘Way Out of Here’ es un corte desesperado para las nuevas generaciones, con una lírica que toca un punto preciso en tu alma. Un trabajo de la agrupación que es, sencillamente, demoledor. Una composición que le canta con lejanía al mundo moderno. Otro corte que pasara a ser clásico del rock del nuevo milenio y que, también como dato menor, tiene los maravillosos “soundscapes” del maestro Robert Fripp y también la sección más poderosa y alienante de este disco.
 
Para finalizar esta hora de música de alto calibre, ‘Sleep Together’ cierra con broche de oro. No es que se trate de una canción más, porque no me imagino otro track más preciso que este para cerrar el álbum. ‘Sleep Together’ posee esa calma antes de la tormenta: es de una rabia incontenible, de una honestidad brutal y también, de una belleza sórdida, oscura, pero adictiva.
 
La verdad es que las palabras se me hicieron pocas a la hora de reseñar este trabajo. No hay nada, absolutamente nada, en la discografía de Porcupine Tree que se le compare. Aunque eso no es novedad, porque Steven Wilson y compañía siempre han llevado su música hasta senderos insospechados, con cambios drásticos o sutiles, pero mutando, creciendo, evolucionando, progresando con cada registro.
 
Después de haber escuchado este álbum, esta oda al temor, este discurso de clemencia por todos nosotros esclavos del post modernismo, saco varias conclusiones en limpio: primero, que “Deadwing”, un trabajo espectacular, fue sólo un capítulo menor en la música de Porcupine Tree. Segundo, que Steven Wilson es un verdadero genio. Sin dudas. El tipo es un compositor más que dotado: es privilegiado. Reitero, Wilson es un genio del rock del nuevo milenio. Y tercero, “Fear of a Blank Planet” no es sólo el mejor disco de Porcupine Tree, a la altura del estupendo “Stupid Dream”. No, “Fear of a Blank Planet” es el disco del año y, posiblemente, un clásico futuro de lo que fue el rock del siglo XXI.
 
Felipe Kraljevich M.

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