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Doolittle

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Miércoles 20 Julio, 2011

1989. Elektra

Los Pixies no fueron los duendecillos que imaginamos para el rock. Después de editar dos discos -el EP "Come On Pilgrim" y "Surfer Rosa"-, la banda formada en Boston por Charles Thompson o “Black Francis” (guitarra y voz), Joey Santiago (guitarra), la bajista Kim Deal y el baterista David Lovering lanzaron en abril de 1989 la transformadora placa "“Doolittle"” y al igual que “Surfer Rosa” estuvieron producidos por Steve Albini y Gil Norton.

El registro alcanzó ventas inesperadas en Europa y los Estados Unidos y con ello recayó el peso real de lo que significó Pixies para música. Deudores de referentes como The Stooges o Lou Reed, la banda fue un flameante exponente de la escena indie a mediados de los 80, que a la postre pasó a ser la vedette de toda agrupación que se llamase punk a comienzos de los 90. Aquello los situó en el epicentro de una determinada tendencia, aglutinadora de ideologías, de filosofías individuales que escaparon de las masas. Han sido citados desde Thom Yorke hasta David Bowie y también fueron señalados como la agrupación que debió abanderar el rock en la impersonal década de los 90, dejando atrás toda evidencia glamorosa y comercial. Aquel trofeo mediático se los usurpó Nirvana y la ola generacional que se desplazó gracias a "“Nevermind”". Pero, ¿Por qué Pixies no fueron los elegidos? Eso, aún la historia musical tendrá tiempo de explicar, aunque el mismísimo Cobain declaró estar cien por ciento inspirado por "“Doolittle"” en 1991.

Imprescindible disco, tanto en sus tonalidades vanguardistas como en su capacidad para emocionar bien simplista. El resultado fue inesperado: canciones de mutilación e incesto en compañía de una impredecible unión de guitarrazos sincopados dentro de gritos susurrantes henchidos de dolor. Como todo buen registro, el comienzo da indicios de que esto es un trabajo de aquellos. ‘'Debaser'’, el primer track, posee energéticas guitarras y una historia surrealista. El tema evoca el fanatismo de Francis por esta corriente artística y en un sentido homenaje recrea, en parte, el cortometraje que realizó Luis Buñuel con "Dalí, un perro andaluz"”. 'Tame' con una duración que no supera los dos minutos, representa la clara síntesis de cómo debería ser un coro punk. Esquizofrénica de tomo a lomo, y lejano de cualquier realidad, pero con una motivación que esclaviza a cualquier oído. En más de alguna ocasión Francis afirmó que al componer retenía el primer minuto de una canción para después agregarle improvisaciones o lo que rápidamente se le fuese a la mente. Este es un buen ejemplo de ello.

En uno de sus actos melódicos pop '‘Wave of Mutilation' se encarna en una mágica e idílica historia”. Además se complementa con un tono de voz algo extraño para Francis, quien ocupa tonalidades más bajas y densas que sirven para ambientar el relato. '‘I Bleed'’ recupera el desangramiento, en un trabajo que tiene esas características sonoras. La canción tiene un tono de desesperación muy cruda, recurre a poesías puras, benignas y humorísticas.” "Doolittle”" es todo eso al mismo tiempo y sólo en raras ocasiones se deletrea algo claro. Llegamos a ‘'Here Comes Your Man'’. Esta pieza ha sido catalogada como una de las pocas canciones accesibles en cuanto a melodía y letra. El tema es pop de punta a punta y, en alguna medida, es lo que generan canciones extrañamente hipnotizantes con guitarras que estremecen hasta la médula. Pop sagrado, punk sónico que llamó la atención de U2 para llevarlos a la gira "Zoo TV" en 1992.

'‘Dead'’, quizás el tema más ecléctico del repertorio, rememora musicalmente los comienzos distorsionados de R.E.M. o Sonic Youth. El track, como en muchas ocasiones, cita frases del antiguo testamento con el condimento de ironícas y lúdicas líricas. El otro single fue '‘Monkey Gone to Heaven'’ con la fórmula vibrante en la composición del tema: un robusto bajo y un simple ritmo con un pegadizo coro. Además la letra se inmiscuye en una serie de alcances numerológicos. “"Si el hombre es 5 / y el diablo es 6 / entonces dios es 7"”. Así también se ejemplifica en la portada del disco, un mandril cubierto por los números intentando descifrar cual ese él. 'Mr. Grieves'’ funciona así, entrando a destiempo. ‘'Crackity Jones’' retoma el punk más puro y conmovedor e invita a Black Francis a emitir con la garganta todo tipo de chillidos, melodías extrañas, falsetes, suspiros y gemidos con una enorme intención teatral ocultas en su carisma creativo.

Una historia de amor se ve seriamente afectada por el trato de los Pixies gracias a '‘La La Love You'’. Canción que se mofa de las grandes novelas de amor y la transforma en un absurdo relato freak. ‘'No. 13 Baby’' se incluye en la misma idea de '’La La Love You'’, un extraño cuento que deja una sensación como si se tratase de un tórrido encuentro de incesto. Ambas canciones están armadas con aromas playeros, una increíble estructura melódica, pero que se contradice con la letra. "“Doolittle"” es eso, un vehículo de ruptura con lo añejo, en busca de un contexto en el que el sinsentido cobre un valor trascendental. Este patrón se repite en varias ocasiones en el itinerario musical de los Pixies: crear por crear, sin un fin predeterminado, canciones que no aborden ningún tema en particular. En '‘There Goes My Gun’' reaparece espléndidamente Kim Deal, quien hace un excelente trabajo en el bajo y los coros. Además se levanta el oscuro y retorcido sentido del humor que cubre casi todo el álbum. ‘Hey’ es para muchos el mejor tema del LP, del cual podría asegurar que ninguna canción es mala. El surrealismo (concepto que se repite en este disco) da brillos notables en esta pieza y con una introducción amigable y adormecedora la convierten en el track más largo del disco, algo así como tres minutos y medio.

Una réplica sonora del spaghetti western nos trae '‘Plate’'. La guitarra slide desértica y árida con una melodía bastante fúnebre que arrastra y deja seca la boca. El álbum termina con ‘'Gouge Away'’, la cual tiene un pulso preciso y ordenado, con un sonido intrigante y una simple melodía. La letra nos habla sobre grandes pasiones del Antiguo Testamento: "“encadenado a los pilares / una fiesta de tres días / rompí los muros / con dedos sagrados"”. Francis, en su rol de compositor, abordó una serie de temáticas propias, de lo que suponemos, marcado fuertemente en su infancia por el catolicismo y la doctrina moral que heredó con la religión. Y a modo de exorcismo utilizó "“Doolittle"” para despojarse y burlarse irónicamente de toda crianza delineada por el cristianismo.

Muchos de los mejores discos de la historia estuvieron marcados por un tiempo y espacio histórico determinado. Esto se cumple para “"Doolittle”", que con no más de 40 minutos de duración, tiene argumentos de sobra para estar entre los elegidos. Es un extracto fundamental para cualquier libro que se escriba sobre el rock, no solo por una extraña y llamativa simpleza musical que conmovió al globo, si no por la innovación y el giro en 180º (en términos compositivos) que le imprimió al rock y en un buen sentido, también lo hizo con el pop.

Álvaro Cartagena

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