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Pescado 2

Pescado 2

Pescado 2

Jueves 30 Junio, 2011
1973. Microfón
 
Al momento de tomar un disco de alguna etapa musical de Luis Alberto Spinetta, es difícil no entrar en clichés o alabar su magnífica creación, sobre todo para los fanáticos acérrimos de su obra dentro de la década de 1970, ya que prácticamente todo lo que realizó en esos 10 años es digno de un acabado análisis y los correspondientes halagos. Y comienzo la crítica de esta forma, porque es inevitable mencionar “El Jardín de los Presentes” de Invisible, álbum que al escucharlo y absorberlo por muchos años, puedo decir que es lo más grande que he escuchado en el rock latinoamericano; pero, “El jardín…” sería imposible de entender sin un disco previo como “Pescado 2”, la notable segunda placa de Pescado Rabioso, la banda que el Flaco lideró entre fines de 1972 y principios de 1973.
 
Como muchos sabrán, la existencia de Pescado fue corta, pero más que intensa: sólo dos discos (ya que “Artaud”, de 1973, es una obra de Spinetta solista). “Desatormentándonos”, el primer álbum, es una dosis en la cara de buen rock y blues, con algo de psicodelia y los primeros arreglos sinfónicos, que se evidencian en la extensa “Serpiente”. Por cierto, la formación original de Pescado era Spinetta en guitarras y voz, Black Amaya en batería, Carlos Cutaia a cargo de las teclas y “Bocón” Frascino en el bajo. En el transcurso del ’72, “Bocón” abandona la agrupación, y por un breve periodo siguen como trío. Eso hasta que apareció el reemplazante: nada menos que un joven multi-instrumentista que respondía al nombre de David Lebón. En aquella época, Lebón tocaba batería en “Color Humano” (sí, tal como el tema de Almendra) pero, como alguna vez manifestó, siempre tuvo interés en formar una banda con el Flaco. Ahora era la ocasión y no lo pensó dos veces al momento de asumir el rol de bajista, como también colaborar en la composición de la placa.
 
De esta forma, comienzan las grabaciones de “Pescado 2”, donde estarían presentes nuevas sonoridades, una fórmula musical más elaborada y una de las cumbres del rock argentino. Además, es un hito en la música transandina, debido a las letras del Flaco, quien, con sólo 22 años, escribía sobre filosofía y poesía, influenciado por la literatura de Rimbaud principalmente. Otra originalidad era la estructura del disco: estaba dividido en dos vinilos, que llevaban por títulos “Pescado” y “II”, y un extenso booklet donde se explicaban las motivaciones de las canciones, dibujos, y los instrumentos que cada uno ejecutó. Es decir, un álbum que se puede disfrutar musical y gráficamente. Una maravilla sin duda.
 
Vamos ahora al análisis propiamente tal: el primer vinilo comienza como un juego, ya que “Panadero Ensoñado” no es más que una serie de ruidos vocales, la cuota jocosa, para luego dar paso a la grandiosa “Iniciado del Alba”, una canción con un ritmo blusero, con mezcla de folk y rock progresivo. La voz del Flaco, impresionante; se nota una clara evolución con respecto a “Desatormentándonos”. La continuación es “Poseído del Alba”, con mucho más power y un coro que es pegajoso, una de las mejores piezas de este disco, y también a nivel de letra, donde lo onírico se hace presente.
 
“Como el viento voy a ver”, track 4; a estas alturas, es imposible detenerse hasta culminar la obra, ya que cada canción es una sorpresa que mantiene constantemente expectante; el blues nuevamente está presente, hablando sobre el desamor, simple y breve pero más que directa.
 
“Viajero Naciendo” muestra a Cutaia como protagonista, gracias a su sobresaliente dominio del piano, con un excelente juego de voces entre Spinetta y Lebón, en un ritmo sincopado que incluso puede llegar a ser bailable, y que termina como una desordenada improvisación.
 
“Hola Dulce Viento” es lo que sigue, y es el primer tema propio que grabó David Lebón; folk elegante como hemos escuchado a lo largo de toda su carrera, una canción muy agradable de escuchar.
 
“Nena Boba” es puro rock, con aquellos mensajes tan directos que acostumbraba a enviar el Flaco a las mujeres (al estilo de “Blues de Cris”). Las frases son ironía pura y con líneas decidoras como “al fin y al cabo con las bobas siempre pasa lo mismo”. Motivos habrá tenido el hombre para escribir algo así.
 
Y llegamos a una de las obras maestras de esta placa. Porque no se puede catalogar de otra forma a “Madre Selva”, una pieza progresiva de más de siete minutos que impacta por su complejidad sonora, las armonías del Hammond de Cutaia, el sonido de la batería y la suavidad con que Spinetta ejecutó la guitarra. Es una creación conmovedora, realmente fuera de serie y absolutamente recomendable, es de esas canciones que generan el fanatismo por la producción “spinettiana”.
 
Para terminar el primer vinilo, otra maravilla: “Ámame Peteribí”, una impresionante muestra de potencia, nuevamente teniendo como premisa el desamor. A nivel técnico es un tema impecable, con grandiosos desempeño de Black Amaya y Carlos Cutaia, quienes se lucen en la batería y el piano respectivamente. Asimismo, muestra un sonido clásico de la querida Fender Stratocaster, sucio, desprolijo, pero convincente, con guiños a Jimmy Page en “Dazed and Confused”.
 
El segundo disco comienza con la unión perfecta entre ambos volúmenes: “16’ de Peteribí”, que como su nombre lo indica son 16 segundos de la anterior pieza, que dan paso a “Señorita Zapada”, una breve instrumental, suave, dominada por el piano y los fraseos de guitarra eléctrica.
 
Nuevamente nos encontramos con otra canción celestial: “Credulidad”, definitivamente una de las mejores composiciones de Luis Alberto, donde la protagonista es su guitarra acústica, y un notable aporte de Black Amaya en las baquetas. Pero lo más importante, una letra magnífica, críptica, repleta de metáforas, que como señaló su autor: “Si en la vida hay algo que marca es el amor…cuando un amor se quiebra en el aire, la herida es imperecedera, como un estigma”. Algo de razón debe tener el maestro en este juicio de valor. En síntesis, un tema eterno, que cuenta con líneas impresionantes como “Las uvas viejas de un amor en el placard, son estas cosas que te están amortajando; haciendo esta salvedad, tu mente estará progresando”. Conmovedora forma de decir las cosas, ¿no?
 
Después de esta dosis de introspección, nos sacude un rock con todas las de la ley: “Hola Pequeño Ser”, donde los instrumentistas tocan con las vísceras, en un extenso corte de más de nueve minutos, donde destaca en primer lugar el pegajoso riff, un solo magistral del Flaco y de Cutaia en el Hammond.
 
Otra de las grandes canciones es “Mi Espíritu Se Fue”, cuyo fraseo en guitarra acústica recuerda a “Sólo Le Pido a Dios” de León Gieco; Spinetta y Lebón cantan de manera formidable en esta vivencial obra, colmada de sinceridad y misticismo, que indudablemente hace pensar y genera un análisis interior de todo el que la escucha.
 
“Sombra de la Noche Negra”, el track 15, muestra la potencia que lograba Pescado, volviendo a sus raíces, con un riff memorable y la interacción de la guitarra con los teclados, clara influencia de Deep Purple. Una de las gracias de “Pescado 2” es que descoloca en instantes, y este es un claro ejemplo, del sonido apacible llegamos a algo con más carácter, compuesto por un extenso e indispensable pasaje instrumental.
 
“La Cereza del Zar” retorna a la veta acústica que está omnipresente en todo el disco, breve con una métrica vocal interesante de apreciar en que la voz de Lebón suena magistral en las armonías. “Corto” es una pieza que suena celestial, una sonoridad sinfónica que conmociona, y que es el preámbulo preciso para el final del álbum.
 
Porque cuando uno ya piensa que nada más puede sorprender, emerge esa tremenda composición denominada “Cristálida”, conocida también como “Aguas Claras de Olimpos”; creo que es una de las mayores creaciones poéticas de Spinetta, porque una letra como la siguiente no merece otro epíteto: “Aguas claras de olimpos, que la diosa guarda, los caballos del día, que la diosa guarda; los caballos del día sudan de golpe frente a mí, temblando de carreras….sombras inútiles del parque, los que llamaba no aparecieron, todo gigante termina exhausto de que lo observen los de afuera”. El Flaco contaba que, a su juicio, la parte más importante es aquella que dice “Cómo hacer que este valle de huecos no suba más por mí”, que se refiere a los sueños mitológicos, cómo librarse de ellos y alcanzar la libertad, sin represión de ningún tipo, en este caso intelectual.
 
Otro factor a considerar es la inclusión de músicos doctos, provenientes del emblemático Teatro Colón, que ejecutaron las cuerdas y enriquecieron el tema, dirigidos por Carlos Cutaia, un experto en esta área.
 
Hace más de diez años la escuché por primera vez en un programa de la recordada Radio Concierto, y recuerdo el impacto que provocó que hasta el día de hoy es una obra indispensable en mi trayectoria melómana, me imagino que será similar a la percepción de cada uno al momento de oírla, si es que aún no han tenido ese privilegio.
 
Así finaliza este álbum doble, la obra cumbre de Pescado Rabioso; después de esto, es entendible que cada uno de los integrantes haya continuado por su propio camino, y Luis Alberto siguiera con una búsqueda intelectual y sonora que  entregó otro fruto a fines de 1973 con el tremendo “Artaud”.
 
“Pescado 2” es importante e imperecedero porque en él desembocan muchas influencias; pero más allá de eso, establece las bases para el sonido del rock latinoamericano en los años que seguirían, es decir, el que da la pauta es Spinetta, a través de un trabajo hecho con el alma, sólido, magistral en todo el sentido de la palabra.
 
Emilio Garrido Riquelme

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