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Pappo's Blues Volumen 3

Pappo's Blues Volumen 3

Pappo's Blues Volumen 3

Jueves 14 Julio, 2011

1973. Music Hall.

Norberto Adrián Napolitano, “Pappo”, es mucho más que la caricatura del rockero duro, tuerca y siempre de negro que muchos tienen superficialmente de él. Un músico en torno al cual existe tanto culto, historias, mitos y leyendas en el vecino país no es tan grande ni conocido acá como lo merecería, y como sí lo son compañeros de generación como Spinetta, Charly García o incluso gente que vino después de él, como La Renga. Para enmendar un poco esa injusticia, quizás sería necesario imbuir los oídos del público de ese material clásico que Pappo hizo con Riff en los ochenta, una banda símbolo del no conformismo y la expresión, mediante el rock duro y sin concesiones, de todo el descontento social reinante en los últimos años de la dictadura de Galtieri; quizás también serviría mostrarles via Youtube aquellos solos de guitarra que hicieron que alguien como B.B. King lo catalogara como “el mejor guitarrista blanco con el que he tocado en mi vida” o que Lemmy pensara en él como guitarrista para Motörhead en los setenta, antes de dar con Fast Eddie Clarke y cuando el Carpo se encontraba de peregrinaje en Inglaterra buscando tocar con uno de sus mayores ídolos, Peter Green.

Pero lo infalible, lo que siempre da resultados, es enfrentarlos a esa lección de simpleza, alma, sangre y esencia que son los primeros cuatro discos de Pappo'’s Blues, trabajos forjados a principios de los setenta y que nos muestran a una tremenda banda, casi siempre en formato de trío, definiendo con maestría lo que debía ser el hard rock y el heavy blues en español, siempre con una identidad muy propia, fuera de todo lo que uno pudiese recordar, al escucharlos, a formaciones como Cream, Ten Years After, el Fleetwood Mac original o Black Sabbath.

De esas cuatro gemas que dieron inicio al legado de Pappo’'s Blues, el tercer disco es el más redondito, es el trabajo donde la composición y la ejecución de Pappo alcanzan una madurez que le permite consagrarse con todas sus letras dentro del panorama del rock argentino. Si bien, tras su anterior viaje por Europa en 1972, sus antiguos compañeros Black Amaya y David Lebón tuvieron que enrolarse en otras bandas (Color Humano, Pescado Rabioso), el Carpo logró hacerse de dos nuevos compañeros para la nueva encarnación de Pappo’s Blues: el bajista y cantante Carlos Alberto “Machi” Rufino y el baterista Héctor Lorenzo, “Pomo” –ambos eximios músicos-, fueron los elegidos, dando forma a un trío solvente y sólido en todas sus aristas, lo que en el disco comienza a quedar muy claro con esa arrolladora intro que es ‘'Stratocaster Boogie'’: una base rítmica acelerada y muy compenetrada le hace un magnífico fondo de rocanrol a los inspirados fraseos de Pappo en la guitarra.

Luego de esa breve entrada de poco más de un minuto, el '‘Pájaro metálico'’ llega con su oscuro vuelo de heavy blues, en esa línea siempre al borde del hard rock que siempre caracterizó a esta formación. Aparece la voz gruesa y característica del Carpo, otra de sus marcas registradas, para una letra que deja como frases para el bronce “"Todo se produce de forma material / si vos estás cansado, nadie te va a ayudar”". Como siempre, un par de tremendos solos de guitarra sobre una base que no decae terminan de darle el toque a un tema que es clásico instantáneo.

Una entrada algo más enrevesada, un par de quiebres y un riff simple, pero casi de heavy metal, anuncian la entrada del tema más recordado y conocido de este disco lleno de clásicos, el '‘Sucio y desprolijo'’, con otra letra simple pero certera, que queda en la memoria, lista para ser cantada en la mitad de la noche cuando los tragos ya comienzan a influir en la mente y el comportamiento. Cuatro minutos y medio de pura y dura inspiración dan paso al remanso que constituye la más reposada '‘El sur de la ciudad'’, único tema cantado por Machi, dueño de esa voz más aguda que el tema requería y que quizás a Pappo no se le habría dado tan apropiada. También se va breve, pero no sin antes dejar en la cabeza su sencillísima letra. ‘'Sandwiches de miga'’ sigue con este viaje, recuperando la fuerza y el peso que siempre fueron elementos distintivos del sonido de Pappo’'s Blues, ya redondeando la que sería la cara A del vinilo.

Se da vuelta el viejo y entrañable círculo negro, y al bajar la aguja un riff que es puro rock del duro y sin apellidos introduce a ‘'El brujo y el tiempo'’, otro clásico que, más allá de mantener muy parejo el alto nivel del disco, también brilla por sí solo. '‘Trabajando en el Ferrocarril'’, es de una línea mucho más alegre e inofensiva, al punto de llegar a pensar que se trata de un sarcasmo, pero aún así tiene muy buenos solos de guitarra que mantienen la cosa dentro de ciertos márgenes.

Para la recta final quedan dos de los mejores temas: ‘Caras en el Parque’ combina riffs musculosos con magistrales solos de guitarra, en la firme tendencia del disco de mostrar a una banda muy afiatada; mientras que ese blues del cierre ‘'Siempre es lo mismo nena'’ es tan tremendo, inconmensurable y superlativo que cualquier descripción quedaría corta. Dense el trabajo de escucharlo fuerte y sentir cómo esa energía los va absorbiendo lentamente, dejándose llevar por el fuego sagrado del blues eléctrico más prístino. Con una letra tan simple pero que dice tanto, al igual que prácticamente todo el trabajo de Pappo, ‘pone el broche de oro para cerrar un trabajo que en sus 32 minutos bordea la perfección. Indiscutidamente se trata de un álbum imprescindible, un fresco que más que quedarse en ser el retrato de su época, trasciende y es atemporal, situándose por motu propio como una de las obras capitales del rock que es un deber tener en cuenta. El Carpo siempre vive en su música.

Pedro Ogrodnik C.

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