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New York Dolls

New York Dolls

New York Dolls

Jueves 14 Julio, 2011
1973. Mercury

Pocas agrupaciones tienen tan bien ganado su lugar en la historia como los New York Dolls, y al mismo tiempo sé de pocos casos en que aquel reconocimiento sea tan injustamente negado. Es triste, realmente, que muchos escuchen el nombre del grupo y pongan cara de “¿quiénes?”. Y ante eso, no es mucho lo que uno pueda aportar a primeras. Porque los Dolls eran glam, pero en realidad no eran puramente glam. Eran punk, pero no eran tan punks. Tenían esa onda rocanrolera media Rolling Stones, pero en algunos sentidos estaban a kilómetros de distancia con los Stones. Quedamos igual entonces: ¿quiénes o qué son los New York Dolls?

Pocas cosas se pueden asegurar con este quinteto. Una de ellas es que fueron los héroes neoyorkinos por un par de años, inspiraron a los futuros protagonistas de la escena del CBGB. Su aparición agitó a varios, pero su fracaso comercial también terminó por desanimar a muchos. Aún así, junto con The Stooges y MC5, son los más inmediatos referentes para la primera brillante generación de héroes del punk surgida a fines de los setentas. Además de su aire de estrellas de rock, sus múltiples adicciones, su alta capacidad para armar problemas, y su atractivo visual en escena, todos factores que los convirtieron en su momento como “la” banda a seguir.

Sus líricas no se desentendían de la realidad juvenil en toda su amplitud, como son los casos tan opuestos pero a la vez tan cercanos como ‘Vietnamese Baby’ o ‘Looking for a Kiss’. Espíritu adolescente con todas sus letras. El guitarrista Johnny Thunders es para muchos una auténtica leyenda, a la vez que el vocalista David Johansen es la mezcla perfecta entre Mick Jagger, Marc Bolan e Iggy Pop. Imagínense lo que podría resultar de eso. Bueno, todas esas mezclas salen por los parlantes también cuando escuchar a los Dolls, que con solamente dos LPs publicados en 1973 y 1974 les bastó para estar entre las bandas más imprescindibles de la década.

Cuando se habla de sus primeros dos discos, que son prácticamente de culto, uno tiene a pensar que la música es un poco marginal o difícil de entender. O algo por el estilo. Pero “New York Dolls” está lleno de temazos. Clásicos realmente imprescindibles como ‘Personality Crisis’, ‘Looking for a Kiss’, ‘Trash’ o ‘Jet Boy’, que te dejan con la boca abierta, mezclando los riffs con olorcito a Keith Richards, un ritmo incontrolable, una interpretación incendiaria de Johansen, y unos coros tan inmediatos como los de los Beatles. Aunque claro, ni con un cuarto de la dulzura de los ingleses.

La peligrosidad de la guitarra de Thunders en ‘Vietnamese Baby’ es algo que nunca se había visto, y el contraste con la elegancia de ‘Lonely Planet Boy’ te convence de estar ante un grupo totalmente fuera de lo común. ‘Frankenstein’ posee una cuota de brutalidad capaz de despertar al mismísimo engendro. Y todo esto pasa sucesivamente en cosa de minutos.

Seguramente ‘Trash’ sea la más familiar para la mayoría, si es que alguna vez la han escuchado por ahí, en esas casualidades de la vida. Es el mapa a todas las rutas a las que los Dolls te pueden llevar. Adrenalina, alboroto, rock & roll guitarrero, ritmo. Musicalmente los neoyorkinos eran una mezcla extraña de muchas cosas, y ‘Trash’ lo deja bien clarito.

‘Bad Girl’ o ‘Private World’ son tan festivas como irresponsables, si fuese posible calificar así a una canción. Si bien suenan tremendamente adaptadas a su propia época (lo que no pasa con la electrizante ‘Jet Boy’, un batatazo en la cara, proto-punk si se le quiere llamar así), no es fácil encontrar paralelos a ellos en 1973. Curiosa situación. Por eso es la irresponsabilidad: hacer un “mal uso” del sonido de la época. No vamos a culparlos por eso.

Dejé para el final a la gran ‘Subway Train’ y a la excelente versión de ‘Pills’ de Bo Diddley. Porque claro, si algo se sabe de los New York Dolls es de sus himnos, ‘Trash’, ‘Looking for a Kiss’, ‘Jet Boy’ o de la chifladísima pero encantadora ‘Personality Crisis’. Pero estos otros 2 tracks son el mejor argumento para reflejar lo parejo que es el disco, el potencial que tenían, y los infinitos elementos que hacían de su música una delicia. ‘Subway Train’ es exquisita, y uno podría decir que con otro vocalista estaba para ser un Top 10. Pero sin Johansen no son los New York Dolls, así es que no vale. Esto es lo que hay. Y ‘Pills’ enciende cualquier fiesta, porque posee los infinitos colores que pintan los paisajes sonoros de el álbum, tiene una letra genial y más encanto que cualquier cosa que se le asemeje. Y por si fuera poco, tampoco me imagino a The Ramones sin esta muestra de rock & roll brutalmente atractivo.

El embrujo glamoroso de este complejo pack, resultado del inconformismo y la vehemencia juvenil mezclados con los mejores elementos del rock & roll surgidos en los 5 años previos a la edición de este álbum, te van a dejar boquiabierto. Eso, si es que eres de los que aman a los innovadores y visionarios. Si buscas éxitos probados, “clásicos” que escuchas apenas prendes una radio, acá no hay nada para ti… al menos inicialmente. Porque igual vas a caer rendido ante la energía desbordante y las fenomenales canciones de 5 chicos que jamás buscaron ser ni innovadores ni visionarios ni mucho menos que pudieras escucharlos en cualquier radio de classic-rock en pleno siglo XXI. Sólo querían pasar un buen rato, tocar, celebrar y patear un par de traseros. Lo que vino después, el viejo, querido y tan manoseado punk, sería una historia completamente distinta.

Juan Ignacio Cornejo K

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