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Shout At The Devil

Shout At The Devil

Shout At The Devil

Miércoles 13 Julio, 2011
1983. Elektra

Transcurren los días primaverales de 1983, cuando los coletazos británicos de la new wave y el pop electrónico se ven abofeteados por un cuarteto fuera de control. Cobijados sobre la clásica y vieja premisa del “sexo, drogas y rock & roll”, Mötley Crüe, irrumpe en la escena de Los Angeles con algo más que una buena pintura o un imponente tatuaje. Y no es un dato menor, puesto que a veinte años de la publicación de “Shout At The Devil”, los estragos –si de moral se trata- de ese alarido violento y provocativo, otorgan al grupo de Vince Neil (voz), Mick Mars (guitarra), Nikki Sixx (bajo) y Tommy Lee (batería), un carácter legendario.

El rock & roll americano estaba de vuelta. Si bien Van Halen se presentaba como los sucesores naturales de Kiss, y en cierta medida, redefinieron el estilo impuesto por Simmons y compañía, los Crüe, supieron mezclar la parafernalia ochentena con la calidad interpretativa y vocal que exigía la época. Factores que están insertos en el citado disco, con un sonido envolvente y característico, que los hace reconocibles e imparables. De hecho, el nombre, quizás es el mejor reflejó de este trabajo.

Ahora bien, la grabación de la placa se alimenta con los mitos que rodean al grupo, los cuales se vinculan al exceso de drogas, fiestas con actrices porno y al grave accidente automovilístico de Neil. Este último, un acontecimiento que enlutó la gira de esta placa y que finalizó con la muerte de un acompañante. Me refiero a Nicolas Dignley, baterista de los incipientes Hanoi Rocks. El hecho le significó al oxigenado cantante, 30 días en prisión, 200 horas de trabajo comunitario y una suculenta multa en dinero. Sin embargo, a fin de cuentas, en términos legales y físicos, el tipo salió casi ileso. Era estrella de rock…

Entrando a lo musical, el álbum lanza sus primeras llamas con ‘In The Beginning’. Una introducción oscura que anticipa al clásico ‘Shout At The Devil’. Tema provisto de contundentes coros, elemento que distingue a este álbum, y de paso, deja evidencia la versatilidad vocal y artística de Sixx. Un bajista de actitud punk, amante de los cueros y hasta el día de hoy, cerebro y estandarte de la aludida banda. Dicha capacidad se ratifica en ‘Looks That Kill’, otro inmortal de los Crue, también compuesto por el bajista. Su resultado sónico es la sobresaliente técnica de Mars, quien adiestra las seis cuerdas a su verdadero antojo.

Ni hablar de Neil, quien por aquellos años esculpía el estilo que posteriormente, lo consagró como uno de los mejores frontman del circuito durante la gira de “Dr Feelgood”. Una garganta que sin contratiempos llegaba a elevados agudos, y que además, le imprimía ese timbre bohemio que se hace manifiesto en las placas más sobresalientes del grupo.

Sin ir más lejos, apoyado en sus estridentes presentaciones en vivo, de las que por desgracia no existen muchos registros visuales, las piezas de “Shout” mostraron a los Crüe aún más rudos y toscos, atacando a enemigos como el departamento de policía de Los Angeles en ‘Knock ‘Em Dead, Kid’ y al anteriormente representante Allan Coffman. Tipo que fuera el impulsor de su primera etapa artística y a quien le dedicaron con la sutileza que los enviste, ‘Bastard’.

Ésta última, una verdadera oda a la etapa Scott de AD/DC. Acelerada y combativa, nos entrega casi tres minutos de sana distorsión, catapultando al -a esas altura- “Señor Sixx”, como un eje central de la banda. No en vano, la canción recién citada también es de su propiedad. Entre las rarezas del disco, se haya el eterno cover de The Beatles, ‘Helter Skelter’. Una versión reconocible para los más fanáticos de la banda, que posee la cualidad de capturar la esencia de los músicos de Liverpool, arrastrándola a una saturación que termina siendo un aporte más que un defecto. Para los amantes más dogmáticos del submarino amarillo resulta un insulto, mientras que para los irrespetuosos, es lo más cercano a una pintura digna de encuadre.

Asimismo, continuamos el intenso viaje al silencio con la excelente ‘Red Hot’ y ‘Ten Seconds To Love’. Ambos, temas de notable factura técnica e interpretativa, mientras que ‘Too Young To Fall In Love’ desliza una leve incursión del cuarteto en la balada. Estilo que años más tarde le entregaría importantes dividendos, no sólo a ellos, sino que a gran parte de los rockeros de su generación.

Además, nos encontramos con ‘God Bless The Children Of The Beast’ y ‘Danger’. El anterior, una realización creada en conjunto, salvo, por la ausencia de Lee. Cabe consignar, que el presente material nos ofrece acceso a las versiones demo de las inéditas ‘Hotter Than Hell’ y ‘I Hill Survive’.

A partir de todo lo descrito, es imposible no citar a este material como uno de los mejores que nos ofreció el rock de los ochenta. Nació en el momento preciso y fue cuna de inspiración para un sinnúmero de bandas californianas que, por esos días, se habrían paso en la siempre fructífera escena de Los Angeles. La misma que hace algún tiempo cosechó en Buckcherry a los herederos de los Crüe.

Lee, Mars, Neil y Sixx, entre otros, forjaron la envestida del renovado rock americano que alcanzó su punto de máxima expresión en Guns n’ Roses. Por razones históricas, artísticas y románticas, “Shout At The Devil”, resulta un material de culto para los que, por aquellos días, hacíamos las primeras armas en el colegio. Sólo por eso ya los respeto. El diablo metió la cola donde debía.

Beto Arán

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