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Korn

Korn

Korn

Miércoles 13 Julio, 2011

1994. Sony

Pocos en el mundo del espectáculo han internalizado la miseria humana en un nivel tan profundo como lo hizo Jonathan Davis, vocalista de Korn. Antes de él, el rock presenció caer a las víctimas de un medio que los consumía, pero lo de Davis era un enfrentamiento directo con un tabú. Y su representación, por supuesto, tenía que equiparar esa fealdad que todo un sistema esconde y no pretende asumir. Korn era el engendro de lo deforme y lo renegado y una cruza que, posteriormente, tendría una descendencia bastarda. Sin embargo, a los de Bakersfield, California, les bastó con este disco para poner su nombre en la historia.

Ya antes se había improvisado con la mezcla de rap y metal (Anthrax, Faith No More o Rage Against the Machine, sólo por nombrar algunos), pero Korn contaba con varios ases bajo la manga que le permitirían acuñar el seudo término “aggro metal” y que ninguna de esas bandas ofrecía. Por una parte, las imágenes infernales que Davis traía consigo de su trabajo como forense y también como víctima de violencia psicológica, sirvieron como materia prima para procrear esta criatura que se manifestaría a través de letras directas, gritos y llantos; así como una instrumentación tan fuera de contexto que era difícil hallarle un paralelo, y que le debe casi todo al estilo de Fieldy en el bajo y a Munky en la guitarra. Mientras uno incorporaba un ritmo que, lejos de marcar el paso, tomaba personalidad propia, el otro creaba la música incidental de la pesadilla.

‘'Blind'’, el inicio de "“Korn"”, es su obra maestra per se. Con poco y nada, supieron crear un ambiente de tensión y suspenso, el cambio lento-rápido del que se apropiarían todas sus camadas hasta el hartazgo. A lo largo de este tema, tal como un thriller psicológico, sobresale esa predicción de que algo se romperá el final, el famoso “I’m blind!” que no tendría vida de no haber sido también por aquel sonido de los platillos al inicio y esa poderosa frase que abre los fuegos “"Are you ready?"”, ¿estarán listos para escuchar lo que nadie quiere escuchar? Es lo que sale a través del vozarrón de Davis.

No es casualidad que otros de los tracks más destacados también sean calificativos despectivos: ‘'Clown'’ (‘Payaso’) y ‘'Faget'’ (‘Fleto’, en chileno), para ser más precisos. El primero es la apología al mono porfiado, y musicalmente causa un efecto algo extraño en el álbum, ya que es introducida con una conversación en estudio y se pierde el ritmo ganado anteriormente con ‘'Need To', pero después recupera todo el trecho, más aún con la guitarra que le da un toque aterrorizador. ‘'Faget'’, por su parte, continúa en esa senda espeluznante, donde convierten la dulzura infantil en algo doloroso y traumático. Nada más que la apacible infancia de Davis.

Puede ser que hasta acá sólo se piense en Korn como una banda quejona y autocompasiva. Pero aquel preconcepto se disuelve en ‘'Ball Tongue'’ y también en '‘Shoots and Ladders'’. En la primera la propuesta queda clara: con el exorcismo de los demonios encarnados en la vida de su vocalista, más una extraña fusión entre funk y metal, todos los instrumentos toman un momento de protagonismo, ya sea la guitarra que alude al sonido del rap o el hip hop y en pasajes a un referente más pesado, el bajo –quizás su elemento más distintivo- con sus particulares afinaciones al funk, y, por supuesto, la voz de Davis, que puede susurrar, gritar, y que también puede desfilar por lo gutural. Asimismo, ‘'Shoots and Ladders’' es la rareza dentro de lo raro: una canción de cuna para un público adulto, y más encima, con gaitas. La impar y “punk” ‘'Divine'’, por su parte, concentra en menos de tres minutos la energía que Korn posee en vivo, como una ametralladora que dispara frases y riffs por segundo.

En su tiempo, “Korn” fue un álbum que fue distribuido casi de voz en voz, que escasamente contó con el apoyo de MTV o medios masivos. No obstante, cuando descubrieron que su compuesto atrajo a toda una masa de adolescentes “post-grunge”, no quedó otra que subirlos al carro de la fama. Y así, su tan individual estilo se multiplicó como un virus, hasta que los capturó a ellos mismos, obligados a renovar una fórmula que habían patentado. De pronto, se puso de moda ser “depresivo” y buscar sus causas en cualquier nimiedad. Nadie entendió que Korn miraba desde sí mismo hacia una sociedad en crisis, y que aquello se reflejaba en su oscuro y distorsionado sonido en donde nada estaba al azar. Pero solo ellos pueden ser nombrados como uno de los últimos grupos en innovar con elementos reconocidos en una época donde se decía que todo estaba hecho. Y es ese el principal mérito de este álbum debut de Korn: determinar y fijar una era que sólo se dedicó a replicarlos.

María de los Ángeles Cerda

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