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Gretchen Goes To Nebraska

Gretchen Goes To Nebraska

Gretchen Goes To Nebraska

Miércoles 13 Julio, 2011
1989. Megaforce

La industria ha sido injusta con King’s X. El trío de Houston es el mejor ejemplo de lo que podemos considerar “un grupo de culto”. Ejemplos tenemos miles. Su último discazo, “Oggre Tones”, pasó sin pena ni gloria, siendo, en mi opinión, uno de los mejores discos del año; una infinidad de artistas los consideran influyentes, elementales, los admiran... pero a pocos parece importarles. Para muchos son los creadores del “sonido de Seattle”, aquellas guitarras crudas, pesadas, lentas, angustiantes, tan lejanas a todo aquello que hacía ruido a fines de los ochentas en bandas como Bon Jovi, Poison, Motley Crue y otros.

Toda esa admiración, y todo el mérito que se le adjudica a King’s X tuvo un punto de partida, que fue su disco debut llamado “Out of the Silent Planet”. Un LP realmente muy bueno, que fue la coronación tras años esperando que algún sello discográfico les diese una oportunidad. Sin embargo, un año después, sorprendieron a todos quienes habían quedado gratamente con su primera placa, con un disco impecable, insuperable... precisamente este “Gretchen goes to Nebraska”. ¿Qué tiene de especial éste álbum en comparación al anterior, o a los igualmente espectaculares ‘”Dogman”, “Tape Head” o “Please come Home... Mr. Bulbous”? Bueno, un nivel de inspiración altísimo, creatividad, originalidad, canciones demoledoras... todo ello, en dosis mucho más altas que cualquiera de esos discos. Tal vez su primera entrega se lleve todos los premiados por lo luminoso y original que fue. Pero lo que ahí parecía una prometedora banda, aquí se muestra como una agrupación musicalmente consagrada. No hay discusiones: con “Gretchen...”, King’s X rozó la perfección, no sólo mostrándose innovadores, sino que llenos de convicción, con una actitud y una personalidad definidas (y definitivas).

Alguna vez, creo que en aquellos resúmenes de “Lo mejor del Siglo XX” o algo así, leí un comentario de este disco que decía que se trataba de una obra conceptual. Voy a serles sinceros: no tengo idea de si es así o no. Le he dado mil vueltas a las letras, y no veo tanta intención. Sí se percibe un disco “entero”, “redondo”. Y que se muestra de manera integral: es decir, ni líricamente, ni mucho menos musicalmente, hay algo que suene extraño, ajeno, sobrepuesto...

Casi ridícula es la idea de enganchar un disco anterior con uno nuevo titulando el primer track con el nombre del CD pasado. Bueno, ‘Out of the Silent Planet’ es eso. Bueno, no “eso”, pero juega ese rol. Porque como tema es mucho más. Muchísimo. Cuando se habla de los influyentes que han sido los King’s X, que son los padres del grunge, héroes de la movida alternativa americana y otras cosas así, bueno, escuchen esta joyita. ¿Esos trabajos en las voces no les parecen conocidos? Claro, ahí está Alice in Chains, quienes no sólo siguieron ese estilo, sino lo llevaron mucho más allá. Pero King’s X puso la semilla. Además, el estilo de canción, tan característico en ellos y en muchas bandas que les seguirían, esa descripción de “no tan duro como para ser metal ni tan suave como para ser mainstream rock”.

La crudeza de en la guitarra de Ty Tabor gana protagonismo en el fenomenal riff de ‘Over my Head’, donde la frase “music, music, I hear music” se roba la película. Es una declaración de principios. No de “amor a la música” o algo así. Lo que dejan en claro es que ellos pueden sonar todo lo duros y pesados que se crea, pero no caen en el juego de letras oscuras, incendiarias, quejumbrosas o místicas. Ellos son cristianos y por eso sus líricas siempre han sido positivas, o al menos, ajenas a aquel cliché de lanzarse contra todo y contra todos en el metal. Evidentemente pueden elegir el camino que quieran para su fe, pero al menos en este caso en particular, supieron conversar el espíritu de la música que tocan y no generar distorsiones en los gustos o puntos de vista de sus fans. Que la canción termine con aplausos es casi como una celebración a su estilo, a la música y lógicamente a tamaña canción.

‘Summerland’ es lo que se llama una power-ballad, o lo que el término significa. Una balada pero con un poder insuperable, con Doug Pinnick dejándolo todo en el micrófono, un coro bien distorsionado, y una melodía preciosa. Esa fijación melódica, considerando que no tienen un vocalista cuya voz sea tan suave y amigable, es otra de las razones que hizo de King’s X una tremenda banda. Las armonías beatlescas en el coro son perfectas.

‘Everybody knows a little bit of something’ es hard rock. Ese tufillo ochentero mezclado con funk de los primeros discos de los Chili Peppers, pero con una guitarra y una batería pesadísimas logran el contraste perfecto. Un tema atrevido, rudo, con cojones. El maravilloso contraste acústico de ‘The difference’, cantada a 2 voces, con un hermoso coro, especial para fogatas. Muy americana, muy juvenil, muy noventera... Claro, aquí es donde empieza todo aquello. No sólo para quienes les seguirían inmediatamente en el tiempo, llámense Nirvana, Pearl Jam o Alie in Chains, sino que sobre todo para la generación post-grunge. ¿O no? Es cosa de poner oído nomás.

‘I’ll never be the Same’ tiene un riff, un sonido y un coro tan pegadores que te dejan sin respiración. Un track que definitivamente te va a hacer sentir vivo, y que fue precisamente el efecto que ha tenido en todos quienes lo escucharon. ¡Qué pena que tan poca gente haya tenido posibilidad de escuchar temas como éstos! La diversidad entre una y otra le da un sabor extra. Por eso, una canción como ‘Mission’, que tiene un mensaje tan potente como “¿cuál es la verdadera misión de un predicador? Algunos son auténticos, otro mienten...”, te hace rockear tanto como cualquier otro corte de, por ejemplo, Faith no More, banda que tenía su mismo sonido, y comenzaba a hacerse grande con la llegada de Mike Patton. A veces es bueno pegarle un repaso a las letras, a lo que se está diciendo, que es donde éste trío marca un abismo de diferencia con sus contemporáneos. No porque sean cristianos van a andar vendiendo una pomada religiosa: el rock siempre va más allá, tiene ojo crítico y ojo analítico, y King’s X no es la excepción.

‘Fall on me’ me llamó la atención la primera vez que la escuché por la angustia que transmite la forzadísima voz de Doug. Y después consulté qué decían los versos y me encontré con algo tan simple como “dolor, no caigas sobre mí... amor, cae sobre mí”. Suena casi nocente. Incluso tonto. Pero como decía, la personalidad para pararse así ante todo el mundo, para contagiar buenos deseos a todo el mundo... Muchos puede que se rían de tanta “bondad”, pero hay que hacerla, hay que tener las patas para hacerlo.

‘Pleiades’ es otra “curiosidad”, y otra maravilla. Dura menos de 5 minutos y tiene más de 3 minutos de parte instrumental, sin abusar de los solos, sino que mucha guitarra, mucha crudeza, juegos de voces, y una atmósfera muy espacial. ¡Eso se llama convicción! Lo más curioso es que, considerando que más de tres cuartos del tema son instrumentales, uno no se da cuenta fácilmente, o al menos no nota cuántos minutos efectivamente fueron. ¿Cómo lo hacen? No tengo idea. En el misterio está la gracia, y está también su arte.

‘Don’t believe it’ tiene un gustillo pop irresistible, pero con ese sello King’s X que, aunque no conozcas ningún otro disco de ellos, con lo que llevas hasta ahora te basta para identificarlo. ‘Send a message’ tiene un fraseo distinto a lo que Pinnick había hecho en todo el disco, y le da otra dimensión a la canción. A la primera no tiene nada que ver con King’s X. Pero rápidamente todo vuelve a sentirse “completo”, como dije inicialmente, formando parte de un mismo universo. Otra vez: ¿cómo logran plasmar ese sello tan definitivo y aplastante? El hermoso fin que pone ‘The Burning Down’, que vaya a saber uno a cuántas bandas inspiró para hacer estas anti-baladas tan power, no hace más que confirmar que King’s X es un conjunto particularmente iluminado.

Tan iluminado que hace pensar qué sería de la escena rock actual si este disco o ellos como trío hubiesen sido tan grandes, mediáticamente hablando, como todos quisiéramos. Qué tanto hubiesen opacado a otras bandas, cuántas se hubiesen visto aún más favorecidas, etc. La simple pregunta de ¿qué sería de el mundo actual si toda esa generación (la que a través del grunge hizo que levantarse con el pie izquierdo fuese casi una moda) se hubiese visto influenciada al menos un poquito por un punto de vista mucho más positivo, más constructivo o incluso más independiente? La pregunta la planteo porque yo también fui uno de los que hizo su juventud al ritmo de la onda de Seattle, o lo que quedaba de ella al menos. En fin... Tremendo disco. Tremendo grupo. Tremenda injusticia. Y ahora, para todos quienes no los conocen, tremenda oportunidad.

Juan Ignacio Cornejo K.

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