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Escape

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Escape

Miércoles 13 Julio, 2011

1981. Columbia

No todo el rock “huele a espíritu juvenil”. Es difícil en realidad especificar qué significa exactamente aquello, pero ya todos saben a qué me refiero. Hay muchos (y muy buenos) rockeros que suenan adultos, atemporales, sin importar la edad que tengan, el mensaje que intenten transmitir o el público al que, inicialmente al menos, pretendan llegar. Este rock melódico y masivo, en su forma más inteligente, sensible y madura tiene infinitos nombres, pero a los gringos les encanta decirle “adult rock”.

En el “adult rock”, más encima, cabe todo. Desde Toto a alguna época de Rod Stewart. Con este nombre muchos temerosos pretenden ocultar la indisimulable aura pop que esta música posee: melodías exquisitas, coros inolvidables, sonido perfecto, etc. Rock de grandes estadios, baladas que hacen encender encendedores… se entiende, ¿no? Rock que se perfecciona por la vía del pop, ¿qué tiene de malo? Mientras al final del día siga haciéndonos sentir que la música rockea, no hay para qué preocuparse tanto. Estos son los argumentos, y este es el camino, mediante el cual Journey se convirtió en una agrupación indispensable para buena parte del público rockero de los últimos 30 años.

Previo a “"Frontiers"”, el disco que los convirtió en una de las agrupaciones de rock más grandes de su década, Journey ya tenía credenciales dignas de sacarse el sombrero. La más importante es “"Escape”", un LP absolutamente alucinante, contagioso y estimulante, que rápidamente dejaba en claro los méritos de este quinteto surgido en San Francisco en la primera mitad de los setentas, pero que comenzó a ver la luz recién con la llegada de Steve Perry para el que fue su cuarto trabajo, “"Infinity"” en 1978. Al momento de lanzar “"Escape"”, ya tenían temas tan potentes como ‘'Anytime'’, la colosal '‘Lights'’ y ‘'Anyway You Want It’'. Pero ese éxito que habían disfrutado no era nada con lo que estaba por llegarles.

Dicen que cada banda tiene momentos “definitivos” en su carrera. Esto también creo que corre para los fans, que son los encargados de levantar a sus ídolos. Desde ese punto de vista, el primer minuto y algo del track 1 de "“Escape"”, ‘'Don’'t Stop Believin’’'', puede considerarse clave en la explosión de Journey. El emotivo y genial teclado del recién llegado (pero vital) Jonathan Cain solicita sutilmente tu atención, y en un abrir y cerrar de ojos Perry irrumpe con su garganta rotunda para dirigirse a nadie en particular, pero en cierto sentido a todos. Su interpretación va más allá de la letra, contagia un romanticismo especial, no ese del enamoramiento tonto, sino de algo mucho más idealista, optimista y vitalizador. Esta sensación crece segundo a segundo, y mucho tiene que decir también la guitarra virtuosa de Neal Schon, con su inolvidable irrupción después de la primera estrofa, generando la sensación de una bola de nieve que crece y crece. Así lo hará también el tema, nota a nota, verso a verso. El bajo que ilumina más de lo que uno imaginaría no descansa, permitiendo que tras el escalofriante solo de Schon, Perry llegue a cantar “no dejes de creer” con la tarea ya hecha. Esos segundos finales solo confirman la sensación de estar ante una canción inmensa, inalcanzable e intocable. Una composición redonda, perfecta, que te toca cada nervio, y que es, sí o sí, el momento “definitivo” para quienes presionan “play” a este "“Escape”".

Una de las gracias de ‘'Don’'t Stop Believin''’’ es que te hace sentir que nada es imposible. Aquello es de gran utilidad para seguir escuchando el álbum, pues te predispone positivamente (pocas canciones son capaces de agarrarte así) con los temas que continúan. ‘'Stone in Love'’ no necesita ninguna ayuda para gustar, gracias al gancherísimo riff que te mata. Pero desde el último segundo de ‘'Don'’t Stop Believin''’’, todo lo que le sigue parece una nueva aventura por completo. Y ‘'Stone in Love'’ tiene eso, que es como un nuevo gran comienzo. Mortal.

Si de éxitos hablamos, ‘'Who'’s Crying Now'’ es la que se lleva todos los premios. Perry adorna con mucha suavidad esta balada de terciopelo, sin explotar en exceso su maravilloso registro, por lo que el mayor mérito parece recaer en la banda completa, que se une en torno a esta fantástica melodía, guiada nuevamente por Cain y su eco inmediato, el bajo de Ross Valory. Difícil negarse a los encantos de un tema como este.

Journey rockeaba de gran manera, lo cual muchos no sabían, pues sus mayores singles siempre fueron baladas o temas del estilo de '‘Don'’t Stop Believin'’’. Pero la enérgica ‘'Keep on Runnin''’ es como un tema para una película de Rocky. La calma retorna con ‘'Still They Ride'’, pero dura poco, pues esta alternancia entre baladas y excelentes canciones de rock de estadios desemboca en ‘'Escape’', cuyo riff es una de las más gloriosas intros en este álbum. El excelente puente instrumental me hace recordar a lo que Rush hacía en la misma época, con golpes dramáticos muy progresivos pero que no obstaculizaban el ritmo natural del tema en ningún momento. Sólo los elegidos hacen esa.

‘'Lay It Down'’ sigue con esta vibra positiva, ese hard rock más adulto, que es tal vez menos provocador pero no por eso pierde adrenalina. Journey demuestra que sus raíces son los mega-discos de mediados de los setentas sin ninguna vergüenza, y lo hace con talento y personalidad. Aquello se desborda en la rocanrolera '‘Dead or Alive'’, donde otra vez Schon enciende el motor a una canción que te termina moviendo el esqueleto completo.

Después de una seguidilla bien acelerada y vigorosa, ‘'Mother, Father'’ recupera el dramatismo. Ese amanecer acústico que se ve interrumpido por el fenomenal Steve (“"Escape"” es una clase magistral de cómo tener una voz increíble y ponerla siempre al servicio de la canción) y luego explota como un volcán sin siquiera recurrir, todavía, a la siempre certera batería del talentosísimo pero tal vez no suficientemente explotado Steve Smith. Finalmente, el tema alcanza aires heroicos, algo que Journey hacía particularmente bien. Es una sensación que adorna casi todo el disco en realidad, los aires de grandeza de una banda que se sabe brillante logra contagiar y convencer, en cada uno de los 10 tracks. ‘'Open Arms'’, la recordada balada que cierra este trabajo, es otro éxito de esos inmediatos, que cierra muy, pero muy arriba, un disco que comienza en un peak casi inalcanzable. Eso les puede resumir cuán bueno es “"Escape”".

Obviamente hay diferencias entre Journey y el resto de las bandas que entran en eso de “rock adulto”, o como se le quiera decir. Suenan igual de bien que el resto, tienen ese lado comercial que todos sus pares comparten, pero incorporan elementos que casi nadie en su estilo se atrevió a ofrecer. Un vocalista atípico para el estilo (y envidiado por todos), riffs realmente potentes, y una ejecución casi perfecta hicieron que muchos perdidos los hayan metido en el mismo saco que las incontables bandas de hard rock ochentero. Bueno, cualquier cosa era hard rock en los ochentas. Pero probablemente muy, pero muy pocas bandas de esas sean capaces de hacer un disco tan integral como “"Escape”", o hacer una canción tan gloriosa como '‘Don'’t Stop Believin''’’. Eso es lo que hace diferente a Journey: sus mejores momentos son tan buenos que todos quieren sentirse cercanos y partícipes de ellos. Por eso es que enchaparlos parece tan tonto. El buen rock no merece más etiquetas, no se discute ni requiere de defensores o detractores. Una buena canción atrapa hasta al más bruto. Yo soy uno más de esos que no pudo resistir la tentación. Nada más.

Juan Ignacio Cornejo K.

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