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Surrealistic Pillow

Surrealistic Pillow

Surrealistic Pillow

Lunes 11 Julio, 2011
1967. RCA

Cuando se quiere hablar de sicodelia, de folk, del Verano del Amor y aquella maravillosa época del hippismo, Jefferson Airplane es uno de los nombres que más se repite. Pero, salvo los verdaderamente seguidores de dicho movimiento, las infinitas menciones a esta elemental banda son para llenarse la boca.

“El que no menciona a Jefferson Airplane en su lista de imprescindibles es un estúpido que no sabe nada” parece ser la consigna. Estúpidos son realmente los que se conforman con mencionarlos y no descubrir qué hicieron y quiénes son realmente. No es mucho pedir, creo yo, que se den la molestia de saber que estamos hablando de la banda creadora de clásicos inmortales, como la siempre vigente ‘Volunteers’, o las monstruosas ‘Somebody to Love’ y ‘White Rabbit’, estos últimos 2 cortes contenidos precisamente en “Surrealistic Pillow”.

Hijos predilectos de San Francisco (fueron una de las agrupaciones presentes en el mítico Human Be-In en el Golden Gate a principios del 67), esta banda contaba en su formación con un personaje que no estuvo en la génesis de la banda pero sería por siempre la imagen con la que más rápido se asociaría al Aeroplano: la vocalista Grace Slick. Slick es una de las voces femeninas más importantes en la historia del rock, y junto con Janis Joplin, una de las pocas que alcanzó la categoría de estrella entre los hippies. Su rol al interior de la banda, como ya veremos, fue algo más importante que simplemente un rostro o una voz.

“Surrealistic Pillow” no es el disco debut del grupo. Sí es el primero junto a Grace. Al escucharlo, podemos notar que la presencia de Slick no era tan vital como uno se imaginaría a través de los singles. Ella cantaba solo en algunos tracks, y se concentraba en aportar con el piano y el teclado. La mayor parte del peso a llevaban sobre sus hombros los guitarristas Marty Balin, Paul Kantner, y Jorma Kaukonen, que tampoco son personajes que sean tratados con justicia a la hora de hacer un repaso por la historia de los años sesentas.

Para explicar y entender la exquisitez multicolor que chorrea por el pentagrama de “Surrealistic Pillow”, hay que estudiar un poco cómo se armó el álbum. De partida, los créditos en la composición están bien equilibrados entre Slick, Balin, Kantner y Kaukonen. Incluso hay una canción del primer baterista del grupo, Skip Spence. Por si esto fuera poco, el trabajo musical se desarrolló en el mismísimo momento en que el hippismo estaba tomándose la costa oeste por asalto en EEUU, y esa magia se hace palpable en casi todos los tracks. Y por último, este LP contó con un productor de lujo (los créditos lo anotan como “consejero espiritual”, no como productor, pero la historia ha sacado la verdad a la luz), el héroe americano Jerry García.

Hay canciones para todos los gustos aquí. ‘She Has Funny Cars’ es un tema pegajoso, y hace el link perfecto entre el despertar del “nuevo rock” americano de 1965-1966 y la música que pronto los haría volar a todos con ‘Somebody to Love’. Ésta es de seguro uno de los singles más populares de esta etapa embrionaria, en donde se mezcla el sonido, la melodía y la voz indicadas como para calentar la faz de la tierra y redirigir el andar de toda una generación.

La gracia de “Surrealistic Pillow”, desde mi punto de vista, es que no es un disco redondo. Sí es un trabajo completo, diverso si se quiere. Pero no estamos hablando de un “Sgt. Pepper” o un “Something Else”, grabaciones en que parece no faltar nada, guiados por notables compositores que no se permitían espacios en blanco en el mapa cerebral que dibujaban sus composiciones. Jefferson Airplane no apuntaba a dicha perfección; tampoco estoy seguro si hubiesen sido capaces de lograrla. Sorprendentemente, todo lo que le falta al disco no es criticable. Por el contrario, es lo que le dio la fuerza para comandar la génesis de un movimiento: jugando con el nombre del grupo, la nave lleva asientos vacíos no por la incapacidad de copar el viaje, sino porque en esta travesía cualquiera podía tomar la decisión de hacerse partícipe, y hasta que el LP no terminara, todos seguían siendo bien recibidos para completar el cuadro.

Cómo no entusiasmarse cuando un disco, incluso inconscientemente, te tienta a formar parte de lo que ahí ocurre. ‘My Best Friend’ es un track cuya melodía no es otra cosa que un recibimiento con brazos abiertos. La sensibilidad que despierta ‘Today’ tampoco es algo que quieras vivir en soledad. Y la belleza litoral de ‘Comin’ Back to Me’ solo refuerza todo esto que he dicho. Aunque quizás con ‘Comin’ Back to Me’ estemos hablando de uno de los temas más hermosos de todo 1967, y eso es mucho decir.

‘3,5 of a Mile in 10 seconds’ es rock al hueso, con una batería tan predecible como efectiva. Las guitarras aquí se incendian incluso antes del arribo de la piromanía sonora y literal de Hendrix, y los coros de segunda línea de Slick representan el despertar el alma después de años buscando un escape. ‘D.C.B.A.’ y, sobre todo, ‘How Do You Feel’, nos muestran cómo en Jefferson Airplane no eran ajenos a las grandes melodías, pero siempre con esa trampilla de la masividad que no está y que requiere “de ti” para que el sueño pueda hacerse realidad.

‘Embryonic Journey’ representa todo lo hermoso de aquella ilusión de alcanzar lo utópico, de vivir en pos de un objetivo tan auténtico como inspirador. Una pieza instrumental que no es otra cosa que un amanecer de un día muy soleado en algún parque de la maldita San Francisco, el paraíso terrenal para estas sonoridades. El shock llega con ‘White Rabbit’, la canción más alucinógena que se había escuchado hasta ese momento, inspirada en Alicia en el País de las Maravillas. Es quizás el único tema en que no se requiere ni espera participación de nadie más. Los escalofríos que provoca el sonido de ‘White Rabbit’, colocada curiosamente cerca del final del LP, interrumpen la calidez de los “brazos abiertos”, y es una advertencia extrema de que este viaje y este sueño tampoco es un picnic a la orilla del río. Para dar el paso definitivo, hay que comprometer tanto cuerpo como mente. “Feed You Head”, ni más ni menos. En 2 minutos y medio, ‘White Rabbit’ te hace dudar de todo lo que habías escuchado hasta ahora, pero tampoco te da tiempo para arrepentimientos. Mágicamente, una vez que concluye, uno se siente bautizado, y listo para la “purificación” final. Los tiempos del ácido no hubieran sido nada sin ‘White Rabbit’. Nada.

‘Plastic Fantastic Lover’ es lo último que nos entrega “Surrealistic Pillow”, y es un alivio, una última sonrisa después del proceso ya vivido. Cerrar con el cuerpo nuevamente temperado te asegura una perpetuación del impacto de un disco que sin esos espacios que deja para que uno se involucre no le hubiese importado a nadie.

Meses después, vendría el Monterey Pop Festival. El Verano del Amor se había desatado. A fines del 67, Jefferson Airplane ya comenzaba a perder su veta folk para dejarse llevar por la experimentación, el auténtico surrealismo y el fuego esta vez externo. “Surrealistic Pillow” es su obra más importante precisamente por eso, porque representa un momento específico que casi ningún otro disco logró plasmar tan claramente en un álbum, al menos durante aquellos meses, en que todo transcurría tan velozmente. De la búsqueda de alguien a quien amar a la persecución de conejos blancos había un solo paso. Y este era uno de los pocos grupos que la tenía clara.

Juan Ignacio Cornejo K.

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