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Nothings Shocking

Nothings Shocking

Nothings Shocking

Lunes 11 Julio, 2011

1988. Warner

En una época en que el glam y el heavy metal eran las fuerzas dominantes, hacia la segunda mitad de los ochenta ya se detectaban síntomas claros del advenimiento de nuevas tendencias musicales. A los icónicos Faith No More y Red Hot Chili Peppers se sumaba Jane’s Addiction, un cuarteto de Los Angeles que completaría un triunvirato fundamental en el desarrollo y ascenso del rock alternativo de los noventa.

Comandados por el particular tono del vocalista Perry Farrell, el inagotable arsenal de riffs que salen de las cuerdas de Dave Navarro, y secundados por el solido combo ritmico de Eric Avery y Stephen Perkins, Jane’s Addiction es hoy un nombre de culto, una pieza de un rompecabezas que para muchos ha permanecido en terrenos nebulosos. Y claro, no alcanzaron el éxito de algunos de sus contemporáneos, ni pudieron inmortalizar tantas melodías como otros si fueron capaces, pero a pesar de ello han podido granjearse un séquito fiel que se mantiene pendiente con cada movimiento del grupo, cautivados por una escueta pero contundente discografía.

Tras editar el directo “Jane’s Addiction”, en 1988 la banda lanzaba “Nothing’s Shocking”, su primer LP de estudio compuesto por doce canciones que captaban fielmente la ambición de los californianos y la esencia de un sonido que se adelantaba a su tiempo. Era una época de cierta inocencia, donde no había narcisismo ni pretensiones excesivas, mucho antes de que algunos de sus miembros se convirtieran en clichés de la vida del “rockstar”. Muy por el contrario, “Nothing’s Shocking” irradiaba frescura, sencillez y espontaneidad, elementos que escaseaban en momentos cuando las principales motivaciones para dedicarse al rock eran la moda y las apariencias, en un muy mal entendido concepto de “sexo, drogas y rock and roll”.

‘Up the Beach’ dispara los fuegos de la placa, con una línea de bajo característica de Avery, miembro fundacional y pieza clave en el sonido de la banda, y cuya ausencia se sentiría notoriamente en años posteriores. El track es un manifiesto del sonido de la banda, una declaración de principios expuesta por la guitarra infinita de Dave Navarro, la sincronía perfecta de Avery y Perkins, y el timbre inconfundible de Farrell pululando en el fondo. Contraste inmediato viene de la mano de la intro de ‘Ocean Size’, un arpegio que da paso a un espectáculo de proporciones, una cortina sónica que como bien clama su título, tiene dimensiones oceánicas.

En tonos similares, ‘Had a Dad’, composición que habla de los problemas familiares de Avery, vuelve mostrar al poco melódico Farrell supliendo sus limitaciones vocales con pura garra, carisma y entrega, mientras que sus compañeros de banda se deshacen en riffs, grooves, lineas de bajo y solos de guitarra. La gran opera del disco, ‘Ted, Just Admit It’ es prueba de que el jam era parte fundamental del sonido del grupo. Su intro raya en el dub y abre el camino a una de las mayores elaboraciones en todo el catálogo de la banda. La repetición constante de frases como “nothing’s Shocking” y “sex is violent” dan unidad a esta pieza operática, un frenesí de siete minutos cuyas diversas secciones son protagonizadas por cada uno de los músicos.

‘Standing in the Shower... Thinking’ y ‘Summertime Rolls’ son dos canciones que tras un aparente sinsentido esconden profundos cuestionamientos existencialistas, con líneas que se esconden entre incoherencia y psicodelia, todo enmarcado dentro del sello característico del grupo: grooves, jamming, y extensas piezas instrumentales, que si son escuchadas en el estado mental adecuado resultan simplemente ineludibles. ‘Mountain Song’ es sin duda uno de los puntos más altos de la placa, con potencia y decibeles brotando a raudales a cada segundo. Es destacablemente notoria la presencia de Avery en el bajo, un miembro cuya ausencia no puede ser suficientemente enfatizada, un músico irreemplazable, sin cuyo aporte la banda simplemente no poseía aquella magia, ni siquiera cuando Flea se sumo a ella en 1997.

‘Idiot’s Rule’ deja ver simillitudes con lo hecho por RHCP en discos como “Freaky Styley” y “The Uplift Mofo Party Plan”, con bronces que inevitablemente arrastran el sonido hacia un funk de tintes setenteros. Entretanto, ‘Jane Says’, probablemente el mayor himno de la banda es minimalismo puro: una belleza cautivante fundada sobre dos acordes, donde el grupo se las ingenia para armar una pieza magistral, completa, en una perfecta oda a la simpleza.

El jazz instrumental de ‘Thank You Boys’ muestra que, aunque sea en broma, los tipos manejan su instrumento a la perfección y saben hacer canciones como nadie. En palabras al cierre, ‘Pigs in Zen’ despide el disco con los sonidos que ya a esa altura caracterizaban la esencia del grupo. Es el cierre ideal para el inicio de una carrera errática, que en más de dos décadas solo ha visto el nacimiento de tres placas.

Era un comienzo auspicioso que auguraba más que cualquier otro debut de su tiempo, pero lamentablemente, la trayectoria del cuarteto sabría mas de traspiés que de avances, con un constante ir y venir de bajistas y problemas internos que acabaron por diluir la magia que surgía en la interacción de sus integrantes. Es cierto, el grupo ha sido frustrantemente inconstante, pero con tan solo tres discos han sabido ganarse el respeto y la admiración de muchos alrededor del mundo. La falta de reconocimiento masivo puede deberse a lo poco amigable de gran parte de su música o a que sus canciones requieran de un proceso de asimilación más largo que el habitual, pero Jane’s Addiction es todo un mundo que al abrirse revela tanta riqueza como pocas bandas pueden entregar. Solo queda acostumbrarse a la volatilidad de este proyecto y asumir que cada paso que dan puede ser el último.

Álvaro Rojas

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