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Dookie

Dookie

Dookie

Lunes 11 Julio, 2011

1994. Warner

Pocas bandas han sido tan miradas en menos como Green Day. Más de alguno se horroriza con su sola existencia, ¿no? Pero han vendido decenas de millones de discos, han tocado alrededor de todo el planeta, y se anotan con un importante racimo de éxitos, algunos de los cuales pueden ser catalogados incluso como himnos. ¿Por qué, o dónde nace la resistencia al éxito de este trío californiano que revitalizó el punk en la década de los noventas?

Podríamos estar páginas y páginas respondiendo esa pregunta. Para encontrar motivos de peso (descartando sin lugar a la discusión aquellos antojadizos comentarios que los tildan de pop o menosprecian sus canciones sin mucho argumento), hay que atacar el cómo y el cuándo saltaron al primer plano mundial. Justamente con "“Dookie”", este inmortal disco de 1994, que seguramente es con el que se familiarice la gran mayoría.

El cómo va asociado de cierto modo al “quiénes representaban”. Porque el punk, desde que es punk, fue un fenómeno de pocos. Todos nos llenamos la boca hablando de The Ramones, los Sex Pistols o The Clash, pero salvo estos últimos, lo cierto es que los nombres históricos del punk surgido en los setentas nunca fueron ni fenómenos de ventas ni de portadas por todo el planeta. Una vez que ese boom pasó, nombres como Black Flag o Bad Religion mantuvieron la bandera en alto, pero de manera subterránea, y el ruido que hacían no salía de sus propios círculos. Por eso fue tan chocante para varios el éxito de Green Day, al verles la etiqueta de punk colgando del cuello. Eso no era el estilo del punk rock de hacer las cosas, creían varios. Pero el grupo venía con dos discos independientes ya a cuestas, que fueron los que los llevaron a firmar con Warner, de hecho. Su segunda entrega, “"Kerplunk”", se transformó en un éxito importante en para lo que era el underground, con canciones igualmente entretenidas, livianas y gancheras. Pero sonaban mal, no se distribuían salvo en las presentaciones de la banda, y su nombre no significaba nada para nadie. ¡Qué punk rock era eso! El asunto es que ningún grupo en su situación antes había sido exitosa en su salto al mainstream. Habían sido descubiertos y reclutados por Rob Cavallo, al cual podemos calificar hoy como un héroe, y él sería la vía por la cual Green Day se transformaría en un fenómeno de masas.

El cuándo es tanto o más importante que el “cómo”. 1994 es un año marcado a fuego por la muerte de Kurt Cobain, dato no menor. El grunge había sacado a palos al glam, había vuelto la música a una dimensión más “real”, había reposicionado el “espíritu juvenil”, pero al mismo tiempo si había algo de lo que carecía era de “juventud”. Quizás a principios de los noventas los jóvenes estaban disconformes y angustiados, y necesitaban volver a lo real. Pero a lo largo de la historia, la adolescencia siempre se ha tratado de pasarlo bien, de reírse de estupideces y de vivir en su propio mundo. Entretención, esa es la palabra clave. "“Dookie"” es un álbum entretenido. Llegó un momento en que la juventud comenzó a tomar un poco de distancia con tanta oscuridad e ira que presentaba el grunge, movimiento el cual además había revitalizado el legado de The Ramones, por ejemplo, y que a través especialmente de Nirvana, comenzó a manifestar claras conexiones con los héroes de los tres acordes. Y fue ese el factor clave que hizo que Green Day pareciera caído del cielo.

Después de todo, Green Day venía de Lookout! Records, uno de los sellos independientes que había mantenido al estilo vivo en los ochentas. En Berkeley, ciudad universitaria por excelencia, eran ídolos. ¿Entonces por qué no llevarlos a dar el salto? ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hay de malo en el incontenible ataque de ‘'Burnout’', el sensacional primer track de “"Dookie”"? Con un Tré Cool que no deja dudas de que es un batero ante el cual uno se puede sacar el sombrero, con un bajista tan rendidor y macizo como Mike Dirnt, y un guitarrista que maneja lo elemental del estilo pero que además tiene una voz elegida para los primeros puestos de los rankings como la de Billie Joe Armstrong. ‘Dicho track’ es la mejor prueba de cuánto calzaban estos muchachos.

La gracia con la que las vigorosas melodías de ‘'Having a Blast'’ y ‘'Chump’' (con su final de culto) se suceden da gusto. No parecen tener problemas en ese terreno, ni mucho menos en lograr un buen coro. Buenos coros, eso sobra en "“Dookie"”, y es algo que podríamos generalizar para toda la carrera de Green Day. Otras cosas sí han cambiado, como el enfoque de cada uno de sus discos. “"Dookie"” no es en realidad el álbum estandarte de una generación en un rango muy amplio de tiempo, sino que concentra su foco en una edad y de un tipo de juventud especial. La que fácilmente podríamos calificar como la generación Beavis & Butt-Head; aquí sí podemos usar la palabra “generación” con más propiedad.

Ahí nos detenemos, y nos metemos en '‘Longview'’. Un símbolo. No solo por haber sido el primer single, ni por su famoso video, o su hipnotizante intro de bajo y batería. Sino por su letra. Por el personaje que la protagoniza. Más de alguno habrá pensado en algún minuto que ‘era una oda a la masturbación o algo por el estilo. Sí, en eso se centra gran parte del tema. Pero no se trata del “masturbino crónico” (¿existe esa palabra?), o si quieren, del “pajero enfermizo” porque sí, sino que retrata a los buenos para nada que se aíslan, que no hacen nada por esta sociedad, y que estar ahí sentado en un sillón es toda la mierda que hacen, sin amigos, sin novia, sin trabajo, sin vida al final del día. Así como las bandas glam de los ochentas la vendían con el lema “sexo, drogas y rock & roll”, Billie Joe se fue al otro extremo; y aunque ambos lados parezcan ridículos, los primeros se jactaban de disfrutar de un estilo de vida que sus fans no estaban ni cerca de disfrutar, lo que hizo que las palabras de Armstrong no parecieran ilógicas después de todo… el tiempo demostró que el tonto aquí no era él por lo menos. Al final, ese atrevimiento valió más que la música misma, a ese coro demoledor. Gran clásico, sea cual sea lo que quieras valorarle.

Le sigue ‘'Welcome to Paradise'’, que ya venía en “Kerplunk” y acá se re-grabó para darle más fuerza y mejor sonido a un auténtico temazo. Una joya punk noventera. Y la letra, otra vez, da en el clavo: una carta del hijo que deja la casa de la mamá, que al comienzo la extraña, porque nunca había sabido lo que era realmente el mundo real, y al final termina acostumbrándose y amándolo. Qué fácil de retratar que era aquella situación, pero nadie lo había hecho. Más al hueso que ‘'My Generation'’, más cotidiana que '‘Smells Like Teen Spirit'’.

Recién vamos por la sexta canción, atravesando la más retro ‘'Pulling Teeth'’, y llegamos a ‘'Basket Case'’. Acá si que tenemos mucho para contar. Pero para qué. No voy a salir en defensa del tema ni voy a empezar a decirles que es una composición que marque época. El video. Sólo me quedo con eso. Quién no se quedó pegado viendo el video alguna vez en su vida. O quién se atreve a cambiarla cuando se le cruza en la radio. No hay para qué explayarse más con ‘'Basket Case’'.

Y “"Dookie"” sigue bailando, sigue moviéndose con encanto. Ya sea por la regalona de la casa ‘'She'’ o la pegajosa ‘'Sassafras Roots'’. O por ‘'When I Come Around'’, quizás la canción más “seria” del elepé, y que aborda al perdedor desde un punto de vista bastante más sensible y duro. Por lo mismo, es más calma, aunque sigue siendo una de las favoritas de todos, y tiene con qué justificar ese privilegio.

Para el final vienen puros tracks de menos de dos minutos de duración, como para clausurar con lo más punk que pusieron sobre la mesa. ‘'Coming Clean'’, ‘'Emenius Sleepus'’ e ‘'In the End'’ tal vez no signifiquen nada para la gran mayoría, pero son un buen set de canciones. El punto final lo pone '‘F.O.D.'’, que empieza acústica y luego se desata, con una fórmula tremendamente sencilla… lo complicado es sacársela de la cabeza nomás.

Decir que Green Day marcó la década de los noventas no es exagerado, ni le quita seriedad a una época que a muchos nos provoca nostalgia. Había que desdramatizar, al menos melódicamente, el asunto, y ellos lo hicieron. Recuerdo perfecto que a mediados de 1994, alguien me trajo este cassette desde Estados Unidos, acá en Chile el fenómeno recién estaba en pañales. Me llamó la atención el arte, que por dentro era muy entretenido… y ¡que el caset era azul! Todavía lo tengo, nunca me lo compré en CD. Representa precisamente eso que les decía: hacer la diferencia con lo que aparentemente eran detalles y facilismos, pero que en el fondo estaban diciéndonos en la cara cómo era realmente eso de “crecer”. Green Day creció. Nosotros también. “"Dookie"” no. No tiene para qué. Si nunca va a morir. De hecho, va a seguir siendo siempre siendo un cassette. Mi viejo y querido caset azul.

Juan Ignacio Cornejo K.

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