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1000hp

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Viernes 05 Septiembre, 2014

2014. Universal

Hay algo que no cuadra entre los impresionantes logros comerciales de Godsmack, con ventas millonarias y discos encumbrados en los listados generales, a pesar de su militancia en las categorías más duras del rock, y la verdadera trascendencia artística de la banda de Massachusetts, pensando en un eventual legado de una entidad musical que funciona regularmente desde hace 16 años. Así como a Chancho en Piedra le rechinaban los dientes en sus inicios, cada vez que se les sacaba a colación los parecidos evidentes con Red Hot Chili Peppers, el grupo liderado por Sully Erna apenas mastica cuando su nombre es linkeado al de Alice in Chains y Metallica. Por mucha mala cara, canciones de este sexto disco como 'Turning to Stone' son de un descaro absoluto. La batería reformula sin disimulo los tiempos y adornos de Sean Kinney en 'No Excuses', como las armonías vocales tampoco hacen mucho por esconder que la voz de Layne Staley sigue siendo no una influencia, sino un fantasmita amigable para Erna, textura combinada con un gruñido de raíz inequívoca en la garganta apretada de James Hetfield. Como guinda de la torta, para subrayar cómo Godsmack se rinde sin pudor ante sus ídolos, la portada resulta digna de cualquier álbum de ZZ Top.

La pregunta es si acaso todas estas acusaciones redundantes en un problema de originalidad, cobran una factura muy abultada en Godsmack. "1000hp" es rock duro de los Estados Unidos con el oficio inherente, sin merecer esas categorías de metal alternativo que les endosan. El álbum va de menos a más con un primer tema homónimo al título, que sugiere un viaje al pasado –“tiempo de retroceder a 1995 cuando no éramos nada” vocifera Erna-, tan machacón como intrascendente, en la línea de esas canciones power pop apuraditas de Foo fighters. El siguiente corte, 'FML', reincide en la cita de notorio remitente: los primeros acordes van de la mano de 'Wherever I may roam' de Metallica. Luego títulos como 'What’s next?', 'Generation day', 'Locked & loaded' y 'I don’t belong', más allá de la consistencia de sus riff como mordiscos, enganchan por el groove en perfecto equilibrio con la agresividad del grupo. Otras canciones como 'Living in the gray' y 'Nothing comes easy' abren el abanico con una oscuridad mejor labrada.

Sin tanto espectro alrededor, Godsmack podría alegar por un mejor trato y lugar en la gran familia del metal. Sus fanáticos pueden festejar que les han dado más de lo mismo con suficiente refinamiento. Pero esta es la clase de grupo que daría exactamente lo mismo leer mañana, que han decidido poner punto final a su carrera. No hay vacantes que llenar cuando se trata de reemplazar a quien construye su arte imitando a otros sin personalidad.  

Marcelo Contreras

 

 

 

 

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