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Deja Vu

Deja Vu

Deja Vu

Miércoles 06 Julio, 2011
1970. Atlantic

Cuántas veces hemos hablado de “artistas revolucionarios”, o de “movimientos musicales” e incluso “revoluciones musicales”, usando esos términos más que nada como un cliché para hablar de grandes artistas o un estilo de música determinado. Un fenómeno musical, una revolución o como se le quiera llamar, debe cumplir con un par de condiciones para ser finalmente reconocida y recordada como tal: artistas insignia (fáciles de asociar al estilo al que se refiere), algunos himnos y principalmente un impacto cultural que trascienda mucho más allá del aspecto musical, que tome carácter de “fenómeno social”.

Toda esta lata que acabo de darles nos sirve para reconocer los verdaderos movimientos musicales-culturales que han existido a lo largo de la historia, que se pueden contar con los dedos de una mano: el rock & roll, el hippismo, el punk y el grunge. Todo el resto (heavy metal, el rock progresivo, el garage rock, etc.) me parece a mi que son estilos musicales, súper trascendentes, pero con menor impacto social que los que previamente mencioné. Y de estos 4 “movimientos”, lejos el más interesante debe ser el hippismo. Y el más entretenido.

En la segunda mitad de los sesentas, la juventud norteamericana creció de golpe: por un lado, la guerra de Vietnam; por otro, la aparición masiva de drogas alucinógenas; y finalmente, la inesperada evolución de lo que había nacido como rock & roll hasta transformarse simplemente en “rock”. La asociación fue bastante lógica, y para nadie es un misterio que lo que hoy conocemos como “hippismo” era una combinación de drogas, paz, amor y arte, especialmente este “nuevo rock”, con muchos elementos del folk gringo. Fueron 5 años de locura, los del “Verano del Amor”, los del Monterey Pop Festival, los de las protestas pacíficas, los de los locos ejercicios de respiración (qué mejor ejemplo de lo que eran los hippies que ese), y los de Woodstock. Y musicalmente, los años que vieron las irrupciones de Jefferson airplane, de Greatful Dead, de The Doors, de Jimi Hendrix, de Buffalo Springfield, de The Hollies y de The Byrds. Estas 3 últimas bandas dejaron de existir en ese mismo periodo. Y el destino se encargó de juntar a los cerebros de cada una de esas bandas para formar un súper grupo (y seguramente junto a los Traveling Wilburys, los únicos verdaderos súper grupos), que simplemente llevaría como nombre los apellidos de sus integrantes: Crosby, Stills, Nash & Young.

David Crosby venía de The Byrds (que en su momento fue calificada como “la respuesta norteamericana a The Beatles”); Stephen Stills venía de Buffalo Springfield; Graham Nash había sido el cerebro de The Hollies; y Neil Young había participado también en  Buffalo Springfield pero ya estaba llevando su propia carrera solista al ingresar a la banda. En 1969, los 3 primeros editarían el disco “Crosby, Stills & Nash”, pero para la gira agregaron a Neil Young, que en ese momento les parecía un par (hoy, hay absoluto acuerdo en el mundo de la música, incluido Stephen Stills, que Young siempre estuvo un paso por encima de ellos) y se lanzaron a recorrer Norteamérica, incluyendo su show en Woodstock. Como todos apuntan, si uno quisiera empaparse del movimiento hippie, es tan fácil como ver el DVD documental del festival, un imperdible para cualquier amante del rock y su historia. Y si uno tiene una imagen mental de lo que es un hippie, piensa en pelos largos, patillas, ponchos, ropa suelta, etc. Y ahí estaban CSN&Y, pintando a la perfección ese retrato. Fueron una de las grandes estrellas del festival precisamente por el alto grado de identificación que tenía la gente con ellos, mucho mayor que con The Who o Creedence, por nombrar algunos de los grandes números del festival, o The Doors e incluso The Beatles o los Rolling Stones por mencionar a los monstruos que no participaron. Pasó Woodstock, se terminaban los años sesentas, y el hippismo se acababa y con el concierto de los Stones en Altamont meses más tarde “se moriría la inocencia” como dijeron los Greatful Dead.

Así, uno a esa altura ya podía echarle un vistazo a lo que habían dejado esos años: grandes nombres, tremendos discos, mucha sicodelia y mucha droga. Pero si uno busca un disco que sea 100% hippie, no lo va a encontrar. Claro, el hippismo fue mucho más un movimiento cultural que artístico (a diferencia del rock & roll, el punk o en menor medida el grunge). El arte siempre ha sido un espejo, un reflejo de la sociedad. Pero no necesariamente logra grandes niveles de representatividad. Por lo mismo, con el hippismo salvo los discos de Greatful Dead, casi no había trabajos que fuesen facilmente encasillados como hippies. Y aquí dejamos de lado la postura o la actitud de los grupos, y apuntamos puramente a lo musical. Y esa especia de “vacío” que había quedado no podía quedar así. Pero como se dice, nunca es tarde. Y en marzo de 1970 aparece “Deja Vu” de Crosby, Stils, Nash & Young, que por la gran recepción que tuvo en la juventud, parece haber sido justo lo que estaban pidiendo.

Una de las virtudes de este grupo era su maravilloso trabajo vocal, único en la historia. Por esta misma razón, fueron adorados en Woodstock. Sus voces, más incluso que su música, te daban la oportunidad de transportarte en distintas direcciones y dimensiones. Y eso es lo que logra “Deja Vu”, te sube a una nave y te hace volar. Probablemente no exista un tema con un trabajo de voces tan delicioso como ‘Carry On’, la canción que abre el LP. Grabar este disco tomó 800 horas, y al escuchar temas tan perfecto uno entiende porqué. Lo de las voces es una constante a lo largo del disco. Lo mismo que las guitarras, que inundan tus oídos durante brevísimos 36 minutos, gracias a los incomparables duelos entre Stills y Young. Se puede hablar de un disco magistral porque es el perfecto complemento de sus partes. Crosby y Nash son geniales vocalistas, Stills y Young además de maestros en la guitarra son grandes compositores, aunque Nash y Crosby no lo hacen nada de mal. Y en ese sentido ‘Carry On’ es un resumen genial de la idea del disco y de la banda.

Por otro lado tenemos temas que muestran las personalidades por separado. ‘Teach your children well’ de Graham Nash tiene algo de los Hollies y ese aire a Simon & Garfunkel que siempre han tenido sus composiciones. En ‘Almost Cut my Hair’ David Crosby nos entrega un blues fantástico, con grandes guitarras (duelo Stills-Young inolvidable, imperdible) y un teclado de fondo que le da un espesor inesperado pero que suena perfecto. La calma la pone Young con su conmovedora ‘Helpless’, junto con ‘Carry On’, mi preferida del disco sin dudas. La armonía llevada a su máxima expresión, en que la voz de Young se ve permanentemente “rodeada” por los trabajos vocales de sus compañeros, realmente una exquisitez. El tema más rockero de todos es el cover de Joni Mitchell, ‘Woodstock’. Queda claro el significado que tuvo este tema para toda la generación hippie, que aparte de ser un temazo está interpretado en forma genial. Teclado, guitarras, voces (la principal de Stills y los coros de Nash y Crosby), una fantástica batería... Una obra maestra, probablemente el himno de esta generación, junto al ‘Born to be Wild’ de Steppenwolf. Lamentablemente, el hippismo no fue tan intenso en este lado del planeta como lo fue en EEUU, por lo que hay mucha gente que tal vez ni siquiera conozca este tema. Bueno, eso es lo que creen en realidad...

La segunda y última composición de David Crosby es ‘Deja Vu’, que es probablemente el tema con menos gracia del disco, ya que el final se hace un poco largo. Podemos decir que de los 4, Crosby el más débil a la hora de componer, ya que no tiene un estilo tan marcado, como si lo tiene el. En especial Graham Nash, con ese aire Beatle y la ya mencionada onda Simon & Garfunkel que tienen todas sus canciones. Otro clásico memorable de su colección es ‘Our House’, una joya más del disco, que deja por un momento en segundo plano a las guitarras y realza la combinación piano-teclado. ‘4+20’, muestra a Stephen Stills sólo con su guitarra, es el único tema 100% solista del disco, y recrea la atmósfera de la versión que hicieron de ‘Blackbird’ de The Beatles.

La sorpresa, lo inesperado, llega de la mano de (no podía ser de otra forma) Neil Young. ‘Country Girl’ es de esos temas que cada tanto en tanto Neil Young nos ofrece, como lo fue en su momento ‘Broken Arrow’ en Buffalo Springfield o ‘Running Dry’ del “Everybody knows this is nowhere”. Temas muy oscuros, de densa atmósfera, con teclados, cuerdas, piano, etc. En este caso, ‘Country Girl’ trae todo eso y más, ya que se le agregan las voces de sus compañeros de banda, lo que lo hace un tema mucho más robusto. Es un tema dividido en 3 partes, de las cuales su parte central es la más interesante, ya que es donde el teclado marca más diferencias y lo convierte en una pieza casi exclusiva de Young, ya que su mano se nota demasiado por sobre la de sus compañeros. El magistral cierre es un tema firmado por Stills y Young, llamado ‘Everybody I love you’. Es decir, los genios de Buffalo Springfield. Y bueno, suena a Buffalo Springfield, es algo así como ‘Mr. Soul’ puesto en manos de Nash y Crosby. Mucho más armónico, pero no pierde su esencia, pues las guitarras de Stills y Young siguen estando ahí, omnipresentes. Puede decirse que los últimos 2 temas son uno de Young y otro de Buffalo Springfield pero hechos a la manera Crosby, Stills & Nash. Y esa es una fórmula irresistible y arrasadora.

Bueno, si ya pasaste todo el disco, cuesta sacarle la etiqueta de disco hippie, mucho más si has visto la portada del disco o alguna actuación de CSN&Y de esa época. Una época que yo no viví, y lo más probable es que ustedes tampoco (o no allá en EEUU, el epicentro mismo). Sin embargo, viendo la relación y la importancia de estos 4 nombres en ese movimiento y en esos años, no quedan dudas de que esto es, a esto es a lo que todos se refieren, esta es el retrato de esa juventud revolucionaria. “This is it” como diría un gringo. Y si efectivamente esos años fueron tan inolvidables como lo es este disco y tienen tanta relación como a lo mejor patudamente lo he asumido, qué ganas de haberlo vivido. Y qué pena que por más que lo intenten (Crosby, Stills, Nash, Young o cualquier artista de la época, el mismo Dylan), nunca va a haber otro disco como este. Con mucha pena, hay que decirlo... nunca.

Juan Ignacio Cornejo K.

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