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A Head Full of Dreams

A Head Full of Dreams

A Head Full of Dreams

Jueves 10 Diciembre, 2015

2015. Parlophone

Si lo que dice Chris Martin es cierto, aunque siempre es una posibilidad que las afirmaciones de un popstar obligado a promocionarse no lo sean, “A Head Full of Dreams” es el cierre de un ciclo. Según el líder de Coldplay, el séptimo disco del grupo es el equivalente musical del último libro de la saga “Harry Potter”. Tomado al pie de la letra, quizás signifique la futura expansión del universo creado por el cuarteto durante los últimos 15 años, tal como lo ha hecho J.K. Rowling con el mundo en que habita su famoso mago.

Sería lo mejor que podría pasarle a los ingleses. Su último disco es una señal de alerta: si no quieren convertirse en inductores de bostezos, necesitan con urgencia una reformulación, jugársela por algo distinto. En un plano realista, las cartas están echadas y la forma en que hacen las cosas se repite en seis discos más. Difícil que cambie. Hasta ahora, su método nunca ha sido apostar, sugerir, arriesgar. Lo suyo es acoplarse a tendencias imperantes, apropiarse de ideas probadas.

Puesto de otro modo: si la moda fuese el screamo, Chris Martin gritaría. En su intento de subirse a distintos carros de la victoria salen cosas como 'Adventure of a Lifetime', una animada canción que no existiría si no fuera por Daft Punk y la revaloración del legado de la música bailable que el dúo propuso en “Random Access Memories”. Que no se malentienda: 'Adventure of a Lifetime' no está nada mal, pero es la clase de tema que cualquier otro grupo copión pudo haber hecho.

Hay un desgaste notorio, una pérdida de vitalidad. Arrimado a distintos árboles, “A Head Full of Dreams” va delatando poco a poco carencias antes bien escondidas: la alarmante falta de inventiva y personalidad de Coldplay. Su poder para adaptar y sintetizar lo ajeno ha ido diluyéndose. Miran desde lejos los años en que imitaban -y a ratos superaban- a Travis en “Parachutes” o se salían con la suya interpolando a Kraftwerk en “X&Y”. En algún momento, tal vez 'Every Teardrop Is a Waterfall', cuando nos dimos cuenta de que no estaban tan lejos de The Sacados, quedó expuesta la desnudez del emperador. A esta altura, la guitarra muy The Edge de 'A Head Full of Dreams' no tiene brillo, pese a que la producción es la más reluciente que el dinero puede comprar. Y aquí sí que hay dinero.

Desfilan por el disco varios personajes de renombre. Beyoncé presta su voz en 'Hymn for the Weekend', Noel Gallagher toca guitarra en 'Up&Up'. Entre medio aparece la solista Tove Lo, cercana al todopoderoso Max Martin, uno de los productores que gobierna el pop mainstream. Mirando con detención los créditos, figuran celebridades que ni siquiera son músicos: Gwyneth Paltrow, que sale airosa de sus atrevimientos vocales desde que se reveló como cantante en “Duets”, hace coros en 'Everglow', y el mismísimo Barack Obama es sampleado en 'Kaleidoscope'.

Ninguno de ellos, ni el abultado presupuesto que supone una superproducción de esta magnitud, salva al disco de ser un aburrimiento de principio a fin, salvo por el track escondido 'X Marks the Spot', muy conectado a la más reciente etapa de TV on the Radio. De todas maneras, desde un punto de vista industrial, Coldplay saca adelante su proyecto como banda firmando un álbum cuya ambición es la misma de siempre: llegar a la mayor cantidad de gente posible. Bajo una perspectiva artística, un triunfo pírrico. La poca sustancia de “A Head Full of Dreams” da pena. De tanto ir donde quema el sol, Chris Martin y sus compañeros terminaron insolándose.

Andrés Panes

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