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Parklife

Parklife

Parklife

Martes 05 Julio, 2011

1994. Food/SBK

No tenía porqué saberlo, pero la Inglaterra previa al britpop, dicen, era miserable. Acá, la música que empezó a llegarnos desde Gran Bretaña a mediados de los noventas no daba indicios de aquel pasado tan negro. No creo que muchos hayan reparado en el fondo del fenómeno de la New Britannia, al menos hasta que éste había concluido. Habiendo terminado por entender hace muy poco aquel boom, llegué a la no muy original conclusión de que Blur es la agrupación que mejor personifica al Britpop. Más que Oasis, por paliza. Y cuando hablo de Blur, hablo de sus discos. El ciclo que comenzaron en 1993, con su segundo disco, “"Modern Life is Rubbish"”, hablaba de recuperar lo puro y hermoso de ser británico, de vivir en la Isla Grande y de no dejarse conquistar por el tentador demonio americano.

“"Modern Life is Rubbish"” era algo así como “la alegría ya viene”; “"Parklife"” y “"The Great Escape"” representaron y musicalizaron esa alegría; y su homónimo “de 1997 apareció para dejarnos claro que “la alegría se fue”. En términos bien simples, así funcionó la relación Blur-britpop-realidad. "“Modern Life..."” fue el momento en que se hartaron de que a los británicos los trataran de engañar con una falsa alegría, importada de Estados Unidos, sin preguntarle a nadie. Y en los años de “alegría”, pese a que para nosotros no hubo mucha diferencia, el disco emblema, no solo de Blur, sino todo el movimiento, fue “"Parklife”". Acá en Chile, uno prendía la radio y '‘Girls & Boys'’ o '‘Charmless Man'’ sonaban a lo mismo, siendo de discos distintos, dejaban el mismo gusto. En Inglaterra, en cambio, la cosa no funcionó así.

Y no funcionó así por una razón muy simple. “"Parklife"” es mucho más puro e incluso inocente que "“The Great Escape"”. Como se ha dicho, el primero” es con todas sus letras una celebración a la vida de la gente común y corriente que vivía en Inglaterra. Es el gran responsable de que la juventud inglesa volviera a abrazar su bandera con un amor y un orgullo casi exagerados. Sí, las famosas letras de Damon Albarn “exaltan” tradiciones y rasgos propios de Gran Bretaña, y aquello se destaca permanentemente porque es lo que le dio un piso intelectual mucho mayor a Blur comparándolo con sus archirivales de Oasis. De cualquier modo, la permanente ironía en los textos de Albarn hace que uno mire esa admiración que despertaron sus líricas con cierto reojo. Pero a mí me parece que lo más británico, o mejor dicho, urbano, del álbum, o de Blur, si se quiere, es su música.

Durante los 16 tracks que contiene la placa, el cuarteto se pasea por un sinfín de estilos. La discotequera entrada de ‘'Girls & Boys'’ te hace bailar, y es curioso que sea tan new-wave si estamos hablando de uno de los primeros grandes cortes de la era Britpop. La liberación sexual y la vida nocturna de una generación entera es vista de manera ácida, y el juego de palabras del coro está tan bueno que no muchos se dan el tiempo para saber a qué se refiere. ‘'Tracy Jacks'’ sí es guitarreada, y es una delicia del pop colorido de Blur, con un fuertísimo olor a "afternoon tea". Siguen jugando con la fórmula en la punketa ‘'Bank Holiday'’ y en la notable e irresistible '‘Jubilee’', que evidencia como su alcance sonoro no tenía límites.

La decadente '‘End of a Century'’ se mete un poco en aquello que les decía de la sonoridad inglesa del álbum. El mensaje es bastante duro, pero está dicho de manera tan elegante que no hay problema. Nadie afligido. Las armonías son exquisitas, algo que el pop-rock inglés adoptó hace rato como propio. ‘'Badhead'’ produce el mismo efecto. Su ritmo londinense engancha de mil maravillas con la casi simbólica ‘'The Debt Collector'’, un instrumental cuya presencia termina siendo tan significativa como cualquiera de los singles del álbum. Lo cotidiano, propio del parque, de la plaza. Eso. ¿En qué otro lugar del planeta hubiese nacido una banda con un tema como ‘'Clover and Dover'’? ¿O el cierre ‘'Lot 105', no les huele a comedia inglesa?

Las canciones parecen cumplir el papel de fotografías, independientes una de otras, completísimas cada una. La conceptualidad que pueda tener el álbum está llevada de manera muy inteligente. Así como la inmensa ‘'To the End’' no pretende sonar taquillera bajo ninguna circunstancia, la ochentera ‘'London Loves'’ hubiese arrasado en las fiestas de varios años antes de la salida de "“Parklife"”. Y, otra vez, británica hasta los huesos. Sólo ellos tienen ese sentido de ritmo tan tieso y a la vez atrapante. Un mundo aparte. Porque por más que no esté tan lejos de la onda de ‘'Trouble in the Message Centre'’, jamás se me pasaría por la cabeza decir “más de lo mismo”.

‘'This is a Low'’ es majestuosa. Es otra muestra de que Blur abarcaba mucho y cuando quería apretar, no fallaba. Indiscutiblemente una de sus mejores canciones, que atestigua el inmenso talento de Graham Coxon, un tremendo músico, cuyo aporte fue el que llevó al grupo a terrenos tan variados. ‘'This is a Low'’ es tal vez el único momento en que Blur deja de sonar tan cercano. Ya no es el vecino el que puede estar tocando la canción. Aquí uno cree que “tiene” que ser alguien ultra talentoso, o ultra cabezón.

Dejé para el final a '‘Parklife'’, la canción. Cuando hablé de alegría, aquí está. Cuando hablé de identidad sonora muy inglesa, aquí está. Para nadie es un misterio que el clip es tanto o más trascendental que la composición en sí misma. Lleno de colores alegres, podemos ver a Damon Albarn glorificando un cono de helado, saltando de felicidad, en esos barrios con todas las casas iguales, y lleno de parodias a personajes comunes y corrientes. Rescatar lo propio, nada más. La narración que hace Phil Daniels, protagonista de la película "Quadrophenia", es la clave. Su pronunciación capaz que ni siquiera la hubieran entendido en Estados Unidos. Es chistosísimo, casi una caricatura de lo british. La segunda estrofa de verdad es de culto. The Kinks además afloran por todos lados, y el riff de Coxon es pura buena vibra. Una celebración, con todas sus letras. ‘'Parklife’', la canción, es la clave para que “"Parklife”", el álbum, fuese el gran hito que fue.

El juego puede ser bien macabro, pero escuchen ‘'Parklife'’, de 1994, plena era de la alegría, y luego ‘'Beetlebum’', de 1997, cuando ya estaba todo pudriéndose, la alegría se había ido, y el Britpop se desinflaba de un momento a otro. Es increíble la diferencia. Tal vez sea irresponsable generalizar, pero Blur fue la banda que más feliz fue en los años dorados y, junto con Pulp, los que más sufrieron al ver cómo la oscuridad volvía a cubrir las ciudades. Cómo no iban a sentirse partícipes, si ayudaron a gestar un fenómeno único, tuvieron la suerte de que aquello se les reconoció, y luego presenciaron como por errores propios y de muchos otros, los días felices quedaban atrás.

Asimismo, la vibra que sale de ‘'Girls & Boys'’ terminó por abrir espacios y mentes, mientras que ‘'Charmless Man'’, o ‘'Country House'’, del disco posterior a este, en vez de seguir en la misma senda (lírica y musicalmente tal vez sí lo hacían), empezaron a evidenciar las pretensiones de excesiva gloria o protagonismo de los involucrados, que no era lo que uno esperaba de Blur, pero que también nos deja claro que muchas de las cosas ajenas a la música que aparecen en el camino de la grandes bandas termina acabando con lo ideal del asunto.

Por suerte, fueron productivos. “"Modern Life..."”, "“Parklife"”, "“The Great Escape"” e incluso “Blur” son grandes discos, que escuchados de corrido, y con pequeños paréntesis con otra música de la época, es la mejor manera de seguir la evolución del Britpop. Junto con Oasis, terminaron siendo tan odiados como amados. Pero a varios años de su explosión, no hay más que agradecer por uno de los períodos musicales más ricos e intensos de las últimas décadas.

Juan Ignacio Cornejo K.

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