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Odelay

Odelay

Odelay

Lunes 04 Julio, 2011
1996. Geffen

El entonces cara de niño, Beck Hansen, y el hoy y persistente hombre-orquesta reúne en su lienzo todos los colores posibles dentro de todas las gamas existentes, pero, aunque los mezclaran, jamás llegarían a una tonalidad absoluta, ni menos al blanco ni al negro. Ocurre lo mismo cada vez que se trata definir su estilo: “Odelay” (1996), la obra más importante del músico hasta nuestros días, es un espacio donde se encuentran sin vergüenza y de una sola vez el blues, el country, el hip hop, el soul y el folk, y todo sin ni siquiera pestañear, para convertirla en una música indefinida.

Beck pasó a la historia precisamente por esa mixtura de tonos que jamás se transformaron en estilos predecibles. Por eso, la pregunta que nace para los escépticos y puristas del rock de guitarras más tradicional es qué hace metido este jovenzuelo en el rock and roll. ¿Bastaría con decir que ha sido considerado el nuevo Bob Dylan? Quizás no. Pero tiene un ingrediente esencial: la irreverencia. Y con eso nos basta y nos sobra.

“Odelay”, una placa co-producida por The Dust Brothers, es simplemente un collage de sonidos donde Beck, tal como un chiquillo malcriado, se niega a aceptar las convenciones para solamente “limitarse” a lo que a él se le ocurra. Como si todo el tiempo estuviera jugando de arriba a abajo y no quisiera tomarse el Ritalin. Es así como esta entrega no tiene ningún tema similar a otro en este disco ni en ninguno, emulando a la reinvención en cada momento.

El disco inicia con el extravagante ‘Devil’s Haircut’, un corte donde se unen bizarras letras con una especie de llamado-respuesta con la guitarra eléctrica, todo hecho a la manera de Beck y sin modelos predeterminados. Esta canción, junto con ‘The New Pollution’, que configura una lúdica versión del ritmo de ‘Tomorrow Never Knows’ de The Beatles con cuerdas que solo sirven como actrices secundarias y no como las herramientas principales del tema; y el rapero ‘Where It’s At’ (¿alguien se acuerda del video?), con las herencias guerísimas del rubio cantante, con una unión entre resabios mexicanos y el fraseo “two turntables and a microphone”, constituyeron la base para el arrollador éxito que tuvo este álbum en el año 1996, el cual fue llamado una de las mejores producciones de esa época.

Y es que a Beck no le gusta quedarse encerrado en un solo lugar. Hay que seguir escuchando esta placa con atención, ya que en ‘Hotwax’, por ejemplo, se pueden encontrar con la misma desfachatez el blues (que le lleva guitarra y armónica), otro fraseo rapero que llega a rimar y acordeones de la influencia mexicana. Es decir que con cada paso y a cada segundo, hay algo nuevo por descubrir, y esa es una de las principales cualidades no solamente de este disco sino de toda la carrera de este muchacho. Más o menos con el mismo estilo aparece ‘Lord Only Knows’, con un sonido en las guitarras un poco más marcado y una innegable ascendencia country.

Si se extrañan los sonidos más distorsionados de la guitarra, hay que darle un vistazo obligado a ‘Novocane’, que claramente podría ser un antecedente avanzado y avantgarde del rap rock, o también ‘Minus’, un corte que suena mucho más sucio y garage que cualquiera de sus compañeritos en este LP. Sin embargo, en “Odelay” también hay espacio para canciones más melódicas, como ‘Jack-ass’, en la que confabulan suaves bases sonoras con el ritmo de un pandero y el canto (ya no el fraseo) de Beck y ‘Sissyneck’, que, con un silbido como introducción, da pie a un juego de voces que se transforma en otra tonada country. En resumen, un trabajo que supera las barreras del tiempo por ese riesgo de jugar con todo elemento existente, sin sonar recargado ni predecible, sino por el contrario, aportando cuotas de frescura mientras rinde culto a los grandes gestores de la música del siglo XX.

María de los Ángeles Cerda

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