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Humbug

Humbug

Humbug

Jueves 14 Abril, 2011
2009. Domino

El cuarteto de Sheffield se gradúa de la anécdota punk y nos regala un tercer disco con menos urgencia o agudeza que los anteriores, pero más retorcido y vicioso, algo que lo convertirá en lo más interesante de sus carreras, aunque de seguro no lo más exitoso. Los Arctic Monkeys se pasaron un tiempo en el desierto norteamericano con Josh Homme, el líder de Queens Of the Stone Age, y este factor externo sin duda que proveyó al disco de una cierta oscuridad y de una promisoria progresión sonora.

Para decirlo de otra manera, este nuevo “Humbug” es para fans que estaban más en la línea de temas como ‘This House is a Circus’ y no tanto ‘Mardy Bum’. Perfectamente titulado, “Humbug” (se traduce como tonterías de un farsante o charlatán) es oscuro e hipnótico, una colección de canciones turbias y de un tañido irregular; como un todo suena como Fantasilandia fantasmagórica o embrujada, un caleidoscopio de socarronería (especialmente por el tono de las inflexiones vocales y las metáforas en la lírica de Turner), de momentos de películas de terror clase B y sobretodo de guitarras desprolijas y ácidas.

El track que abre ‘My Propeller’ ya pone el tono denso y tiene un caústico encanto acentuado con esas voces de fondo medias fantasmas entre Queens of the Stone Age y Quentin Tarantino. Alex Turner canta en un tenor más calmo y melódico y no por eso deja de sorprender con más de sus trucos verbales y fonéticos. ‘Crying Lightning’ es el primer single que en cambio revela algo de lo que era Last Shadow Puppets y tiene una letra con una dinámica épica increíble: "Your past-times, consisted of the strange/ and twisted and deranged / and I hate that little game you had called / crying lightning / and how you like to aggravate the ice-cream man on rainy afternoons,”... un poeta este Alex.

A diferencia de lo que acontece en ‘Dangerous Animals’, que es seductora y, al mismo tiempo, ansiosa con esas reverberaciones cavernosas que tanto definen la paleta sónica de los Arctic Monkeys, pero que al mismo tiempo es el tema en el que podrían haberse ahorrado el deletrear el título, viniendo de ellos el "I'm pinned down by the dark A-N-I-M-A-L Makes my head pirouette More than I won't be willing to confess D-A-N-G-E-R-O-U-S" se hace un poco empalagoso. ‘Secret Door’ es una de las excelentes del disco, que muestra todas las direcciones musicales que los Monkeys podrían abordar en un futuro próximo. Y aquí notoriamente el crédito es de otro que perilló el disco, un hombre que estuvo mucho más cerca de Turner en los Shadows Puppets, James Ford
(Simian Mobile Disco). Quizá si él pudiera haber vestido a ‘Secret Door’ de más elegancia aterciopelada, porque sin duda es un gran tema.

“Potion Approaching” es la más cercana aproximación a lo que eran los Monkeys en discos anteriores, con esa rítmica pulsante de la batería de Matt Helders y el bajo de Nick O’Malley, quienes, para variar, suenan super afiatados. Eso sí, no es tan inspirada en lo lírico y eventualmente se degrada en un sonido tipo jam de los The Doors, perdiendo su impulso inicial, mientras que en ‘Dance Little Liar’ la potente sección rítmica ataca de nuevo con una conclusión ominosa con riffs de guitarra tipo metralleta cruzada entre Turner y Jamie Cook.

‘Fire And The Thud’ viene armada de una guitarra retro surf rock y de una voz más impostada de parte de Turner, quien en ocasiones parece un crooner maduro. Otra verdaderamente destacada es ‘Cornerstone’ por lo remiscente que es de la tradición clásica melódica de The Beatles y los Stones en su época psicodélica, muy bella en su colisión de una guitarra con tremolo y una letra extrañamente dulce: “And I elongated my lift home/ Yeah I let him go the long way round/ I smelt your scent on the seat belt/ And kept my shortcuts to myself,”: una canción para que los chicos cool bailen un lento.

‘Pretty Visitors’ es un caso especial, un tema algo impreciso que trata de acaparar muchos estilos en tres minutos y medio arrancando con un órgano de esos de iglesia y que luego torna en una atmósfera vocal algo siniestra, con baterías muy comprimidas y guitarras tan sucias que suenan como las que desplegaba QOTSA en el “Rated R” con un coro muy en vibra sabática o desértica; de hecho este es un tema -sobre todo en el quiebre del final- en el que percibimos que aparentemente Black Sabbath fue una influencia a la hora de grabar “Humbug”.

Pero algo que termina por desconcertar es lo que queda resonando en el cierre con ‘The Jeweller's Hands’ -algo más difícil de digerir- etérea como una continuación de donde el proyecto de Last Shadow Puppets había dejado su experimentación sonora. Los 39 minutos del “Humbug” terminan con esta composición que en la más pura tradición de los Arctic Monkeys, esa de cerrar con un track más lento y largo, le pone un candado al disco en sus últimos 120 segundos con un arreglo orquestal digno de lo contenido en el álbum “The Age of Understatement”.

Alex Turner, el líder indiscutido de la banda, ha demostrado que mientras estuvo en The Last Shadow Puppets algo cambió en él, perdió el medio a experimentar y quizá se rehusará en el futuro a seguir el camino más fácil hacia el éxito que no es otra cosa que la familiaridad de lo ya probado… porque “Humbug” se trata de cierta experimentación, no tanta, pero algo al final de cuentas. Son puros "tal vez o quizás" pero de lo que YO tengo certeza es que a MÍ me gustó más. Recuerdo que muchos decían que Arctic Monkeys iba a ser “más de lo mismo”, bueno ahora el cuarteto les cerró la boca a esos, y al resto como nosotros, nos siguen asombrando.

El disco de los  Last Shadow Puppets era uno lleno de clase y sofisticación y por ahí se puede entender este cambio de dirección en “Humbug”, que, por suerte, favorece ahora a la carrera de los Arctic Monkeys, una movida muy inteligente y hasta pragmática. En muchos aspectos, este “Humbug” sería como el síndrome del tercer álbum, el mismo que aquejó a Franz Ferdinand por ejemplo, ambas agrupaciones se encontraron en posiciones similares: mientras su supuesto crecimiento musical fue puesto en tela de juicio a la altura de sus segundos discos, ahora los Monkeys y los Ferdinand se han desafiado a sí mismos en esta tercera pasada.

Lo único que podemos concluir de “Humbug” es que suena demasiado refinado y maduro, y paradójicamente esa será la razón por la que quizá no se convierta en un clásico instantáneo como lo fuera el “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not”. Esta tercera producción no es un disco que se pueda bailar, se nota que querían efectuar un viraje para despegarse de esa vibra teen, o que querían ser tomados más en serio, o que dejaron de hacerse los chicos malcriados que facturaban puras canciones saltarinas, o lo que fuera que les pasó por la cabeza para motivarlos fue para bien. Pensándolo bien, creo que sí se puede bailar, pero más lento.

Alfredo Lewin

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