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Hardwired... to Self-Destruct

Hardwired... to Self-Destruct

Hardwired... to Self-Destruct

Viernes 18 Noviembre, 2016

2016. Blackened

Ocho años es un largo período. Solo para poner las cosas en perspectiva: La última vez que Metallica editó un álbum de estudio (que no tuviese nada que ver con Lou Reed), Barack Obama todavía no era presidente de los Estados Unidos. Un dato que podría parecer trivial en otro contexto, pero hay algo casi poético en el hecho de que el nuevo álbum de James Hetfield y compañía, "Hardwired... to Self-Destruct", vea la luz a solo una semana de una de las elecciones presidenciales más tumultuosas que haya vivido su tierra natal.

No es que la banda de San Francisco haya predicho la llegada de la era Trump ni el aire de incertidumbre mundial que ha traído consigo, pero Hetfield, Lars Ulrich y el resto de la tropa han montado toda una carrera musicalizando un cierto sentimiento de inevitable apocalipsis y el mal burbujeante debajo de la superficie de la Tierra. Su triunfal regreso, presentado en la forma de un álbum doble (aunque no es el trabajo más largo que hayan realizado, sino "Load"), llega en un momento en donde su mensaje parece más contingente que nunca.

Puede ser demasiado tentativo analizar el nuevo álbum de Metallica en base a un contexto que probablemente no fue planeado, pero esto mismo dota a "Hardwired…" de una urgencia que hace que la banda suene verdaderamente revitalizada. Hacer cualquier intento de comparación con la era de gloria del conjunto sería crear expectativas injustas, pero el décimo trabajo del cuarteto es lo más cercano a una "vuelta a lo básico" que se podría escuchar a una banda cuyos miembros promedian los 53 años. Esto no significa que Metallica esté sonando como en "Master of Puppets", pero hay algo en la energía macabra y jovial con la que se mueven por estas 12 canciones que no se les notaba hace mucho tiempo, ni siquiera en el sólido "Death Magnetic" del 2008.

El (casi) tema titular abre los fuegos de manera potente pero un tanto engañosa: Una metralleta de percusiones y riffs precisos rodean a Hetfield mientras predica como un reverendo endemoniado sobre el inminente fin de los tiempos: “En el nombre de toda la creación/Estamos cagados”. Es el tema más inmediato (y con tres minutos de duración, más corto) de todo el disco. El efecto es atrapante, uno de los singles más adictivos de Metallica en mucho tiempo, pero no precisamente indicador de lo que viene después.

Una vez pasada esta introducción, Metallica revela que era más que nada una forma de estirar las piernas. Las otras once composiciones promedian entre los seis y los siete minutos, haciendo de "Hardwired... to Self-Destruct" un álbum de largo aliento en donde la banda descarga un sinfín de ideas y ambiciones que por un lado suenan realmente familiares (pasajes instrumentales extendidos que eventualmente vuelven al motivo principal, solos incendiarios de Kirk Hammett, Robert Trujillo aportando uno de los bajos más subvalorados del metal, la batería incansable del injustamente ninguneado Ulrich, Hetfield advirtiendo pesadillezcamente sobre un cataclismo inminente) pero también frescas para un grupo que lleva perfeccionando una marca registrada durante tres décadas.

Apuntemos de inmediato al elefante en la habitación ¿Es "Hardwired... to Self-Destruct" un buen disco? Sí, por supuesto que sí. Como todo álbum de 80 minutos, no todos los momentos funcionan (la segunda parte sufre particularmente en términos de repetición), pero los puntos altos lo hacen superar cualquier falla con relativa facilidad: La épica 'Atlas, Rise!', la metralleta imparable de 'Moth Into Flame' (que habla de un falso ídolo con intenciones de construir "un muro más alto", ¿suena familiar?), 'Now That We’re Dead' y su estampido casi bailable (y una de las letras más gloriosamente melodramáticas del álbum), el veneno que escupe Hetfield contra la raza humana en 'manUNkind' (otra canción perturbadoramente contingente), el maníaco cierre con 'Spit Out the Bone'; todas demostraciones de una agrupación veterana que todavía es capaz de operar al tope de su capacidad.

Es probable que, como todo disco que Metallica haya sacado desde 1991, "Hardwired... to Self-Destruct" sea recibido de manera divisiva: Algunos apuntarán en que Metallica falló en reinventar la rueda, quizás otros digan (con cierta razón) que los 80 minutos del álbum se pueden hacer agotadores. Pero quizás ese es precisamente el punto. El título del disco se traduce libremente como ‘Programados para la autodestrucción’, y cabe preguntarse quiénes son estos ‘programados’: ¿Los protagonistas de la elección más venenosa que haya visto Estados Unidos en mucho tiempo? ¿La humanidad en general? ¿El planeta? Quizás se refieren a ellos mismos, un grupo que ha pasado los últimos 25 años provocando a su audiencia de formas que podrían haber terminado en su implosión hace mucho tiempo. Quién sabe, pero hay algo que se siente cierto: En un año en donde pensar en el estado del mundo puede ser francamente agobiante, el regreso de Metallica se siente necesario. Su nueva obra estará rodeada en la oscuridad, pero ellos están listos para volver a la luz.

Ignacio de la Maza

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