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The Optimist

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The Optimist

Miércoles 21 Junio, 2017

2017. Kscope

“¿Cómo llegué aquí?”, canta Lee Douglas en ‘Springfield’, el primer single de “The Optimist”, el onceavo álbum de Anathema. Es una pregunta que encapsula el trayecto personal de los de Liverpool, desde los días doom de “The Crestfallen”, “Serenades” y “The Silent Enigma”, pasando por las exploraciones de “A Natural Disaster” y la turbulencia de “Weather Systems”, y que hoy lleva a la banda a construir un álbum cuya narrativa se empalma con “A Fine Day To Exit”, uno de los puntos determinantes en su carrera en cuanto a abrir las claves de su propia evolución, la misma que les ha llevado a trabajar en esta ocasión junto a Tony Doogan, el productor escocés de Mogwai y Belle & Sebastian, y cuyo currículum incluye también labores de ingeniero para The Delgados, Teenage Fanclub y Hefner.

32.63N 117.14W, las coordenadas exactas de la ubicación de aquél automóvil abandonado en la carátula de su registro de hace 16 años atrás, dan título a la intro de esta secuela. Pisadas en la arena de Strand Beach, San Diego, un puerta que se cierra y el sintonizar de una radio inician un viaje sónico y de impronta espectral, absolutamente cinematográfica. ‘Leaving It Behind’, emplazada sobre beats reminiscentes de lo manifestado en “Distant Satellites”, carga con la fricción de unir a la perfección máquina y sangre en una introducción frenética comandada por la voz de Vincent Cavanagh. ‘Endless Ways’, con un piano sutil y la voz inmaculada de Lee Douglas, incorpora capas de cuerdas y guitarras frenéticas para develar aquella densidad emotiva tan propia de la agrupación y de paso delinear el motivo melódico que continuará a lo largo del álbum.

‘The Optimist’, el tema central, donde las voces de Vincent y Lee comulgan -como si de retazos de la mente del protagonista se tratase- continúa con el manejo magistral de la intensidad y desemboca en la instrumental ‘San Francisco’, donde nuevamente las pulsaciones electrónicas son esenciales para infundir textura y motilidad, antesala del antes mencionado single ‘Springfield’, una canción poderosa y que subraya una capacidad ejemplar para ensamblar atmósfera y melodía. “Cansado y confundido, te vi. Es un truco de la luz”, canta luego Lee en ‘Ghosts’, abriendo la segunda mitad de la placa, enfatizando el carácter ambiguo de la narración. Una historia puntuada por versos escuetos y frases que se reiteran una y otra vez como pensamientos obsesivos y obstinados, ansiedades que inundan y que se hacen electrizantes en la exaltada ‘Can’t Let Go’, otro pináculo del álbum.

Los sonidos del ambiente y de la radio, reaparecen, esta vez con un breve cameo de ‘Pressure’, la apertura de la precuela, e introducen la hermosa ‘Close Your Eyes’. Se trata de una nueva incorporación a la ya amplia paleta de Anathema. Por primera vez en su carrera de veintisiete años, la banda integra jazz a una de sus composiciones, dibujando una surreal aura a lo Twin Peaks, combinada con ‘Life In A Glasshouse’, de Radiohead (uno de sus indiscutidas inspiraciones morfológicas). Ya en el segmento final, ‘Wildfires’ estalla desde un piano dramático para volcarse en una descomunal bestia percusiva, el momento vanguardista -como lo fue ‘Closer’ en “A Natural Disaster”- y que encuentra sosiego en las olas permanentes de ‘Back To The Start’.

Una guitarra acústica en plan baja fidelidad -rememorando los últimos minutos de “A Fine Day To Exit”- se abre de improviso para revelar en technicolor el momento más refulgente del álbum. La oscuridad imperante en el resto del trabajo se quiebra en un clímax épico, amplificado por un meloso arreglo de cuerdas de herencia beatle, que bien podría estar sin problemas en un hit de Oasis. Sin sonar fuera de lugar, es el sonido de los seis de Liverpool ahora, capaces de emprender rumbo a lo desconocido y seguir sonando familiares y cercanos. La escena finaliza con unos pasos acercándose, y tres golpes a una puerta. Una voz desconocida pregunta “¿cómo estás?”, y tras tres minutos de silencio, un hombre toca guitarra junto a un niño pequeño.

Sin aclarar resolución alguna en su epílogo, “The Optimist” deja abierto el desenlace a la especulación, a las proyecciones y fantasmas de cada uno, como un film críptico y desolado. Por ello, aquel automóvil en portada, que deambula en medio de la oscuridad en una carretera perdida, es espejo fiel del tránsito mismo hecho por el oyente a lo largo de estos 58 minutos, e incluso desde mucho antes: desde el momento mismo en que se escuchó “A Fine Day To Exit” por primera vez. El séptimo elemento en éste, el álbum más ambicioso, oscuro y deslumbrante de Anathema, es uno mismo. Hoy, aquí y ahora, es un buen día para salir a descubrirlo.

Nuno Veloso

 

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