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Stone Sour: Dejando crecer la semilla

Stone Sour: Dejando crecer la semilla

A 15 años de su disco debut
Domingo 27 Agosto, 2017
Stone Sour: Dejando crecer la semilla

El año 2002 significó el inicio de la retirada del nu-metal como el fenómeno generacional en el que se había convertido, gracias a discos hoy considerados clásicos y al hype promovido por MTV en su respiro final como canal musical. Los factores son diversos, pero fijando la mira en la música, tenemos que el 2001 fue el último año en donde las bandas de la camada editan discos de calidad, multiventas y/o de mucha visibilidad: “Toxicity”, “Morning View”, “Break the Cycle”, “Chocolate Starfish”, “Iowa”. De ahí en más, bandas que habían tocado el cielo con las manos, y que fueron las cabecillas del movimiento, decaen, y comenzaron a despachar material que reflejaba el agotamiento de la escena, y nos decían con ello que “ya no era lo mismo”. En esa lista aparece Korn, Soulfly, Coal Chamber, y los mismos System of a Down. En paralelo, el rock alternativo tendría un gran año aquel 2002, con una historia que comenzaron a  escribir The White Stripes y The Strokes, desde el garage revival un año antes, y que continuaría con discos que trazaron puentes para el nuevo sonido de la primera década del siglo XXI, como “Sea Changes” de Beck, “Songs for the Deaf” de Queens of the Stone Age, o “Yoshimi Battles the Pink Robots” de The Flaming Lips, por nombrar algunos, sin olvidar óperas primas como las de Audioslave, Interpol, The Black Keys, The Libertines o Mastodon.

En medio de ambos sucesos, aparece Stone Sour con su homónimo álbum debut. Atípico. Atemporal. La historia cuenta que se formaron diez años antes de este lanzamiento y como la mayoría de las bandas: dos amigos que se se juntan en el garage, sin mayores planes que hacer música y pasarlo bien. Esos amigos eran Corey Taylor y Joel Ekman, voz y batería. Luego, se sumaron los guitarristas Jim Root y Josh Rand, y el bajista Shawn Economaki. Comenzaron a tocar en algunos lugares, recibiendo atención de algunos medios locales de Des Moines, Iowa, quienes describieron el sonido de la banda como un cruce eficaz entre Soundgarden (por las vocalizaciones que empezó a adaptar Taylor), Metallica y Alice In Chains (esto, por la potencia de los riffs de Root). Sin embargo, todo se interrumpió en 1997, cuando justamente Corey y Jim se unieron a Slipknot. El nuevo colectivo de enmascarados y esquizofrénicos personajes dejarían  a Stone Sour en el congelador por un buen tiempo, mientras los de overol ponían al metal en jaque con su propuesta que mezclaba modernidad y performance con las fórmulas musicales más extremas del estilo.

Pero en la primavera de 2000, Josh Rand contactó a Corey Taylor para mostrarle algunas maquetas en las que había estado trabajando. Luego de un tiempo de interacción en conjunto, la calidad de su material y el apego a sus raíces, los convencieron para refundar Stone Sour. "Vamos a tener que montar una banda de verdad, ¡esto es demasiado serio!", comentó en su momento Taylor. Se contactaron con sus viejos compañeros para retomar el proyecto y mantener la química originaria, esta vez con la pretensión de grabar su primer disco y salir de gira para su promoción.

“Stone Sour” –el disco- salió a la venta el 27 de agosto de 2002, bajo etiqueta Roadrunner Records, y estuvo bajo la producción de Tom Tatman. Fue antecedido por el single promocional ‘Get Inside’, sin embargo, hubo otra canción que se conoció con anterioridad: la balada rock ‘Bother’, que apareció en el soundtrack de la película "Spiderman" en abril de ese año, aunque acreditada solo a Taylor. La canción fue una sorpresa para todos los fanáticos que seguían de cerca la carrera del cantante, cuya principal característica son sus viscerales guturales, y que ahora escuchaban, por primera vez, su melancólica voz amparada en los arpegios de una guitarra acústica.

‘Bother’ no fue el mejor antecedente para Stone Sour, menos en esta parte del mundo. Rápidamente fue colocada en radios, y poca justicia se le hacía a la banda cada vez que se anunciaba como "el otro proyecto" de Corey Taylor, y por los parlantes sonaba algo totalmente opuesto al ruido apocalíptico de Slipknot. De hecho, no fueron pocos los que ubicaron a Stone Sour en el mapa del post-grunge por la naturaleza acústica y melódica del tema. Pero, objetivamente, la canción es un fetiche dentro del disco, una balada escasa y lacrimógena que se filtró en un tracklist que más bien rinde tributo a un hard rock metalizado.

Este homónimo debut es más que la anécdota ‘Bother’, más propositivo que el Slipknot post 2002, y, sin entrar en la discusión de definir cuál es el proyecto paralelo de Taylor, más que un ejercicio para engrandecer su ego. Es raro que un músico ofrezca desde otro lugar el mismo talento que demuestra en la banda que tiene a tiempo completo. En ese sentido, Corey Taylor no se guardó nada. Despojado de su siniestra máscara, no se limitó a la hora de interpretar las trece canciones del disco, y ofreció el mismo desgarrador poder de su garganta, con sus gritos rasposos, destemplados, y de ritmo más dinámico que el del aletargado death metal.

Esta resurrección de Stone Sour fue más que un viaje nostálgico a las raíces adolescentes. Acá hubo una intención de pararse de igual a igual ante sus referentes, y de hacer su versión inquietante del metal. Aparecen canciones sumamente potentes, como ‘Get Inside’, ‘Idle Hands’ y ‘Blotter’, con la genética del más siniestro hard rock, y tomando cierta distancia de los clichés del nu metal. Sin embargo, también ofrece canciones como ‘Orchid’, ‘Cold Reader’ y ‘Monolith’, con sentido innegable de aquel subgénero, percepción que es reforzada gracias a la colaboración de Sid Wilson, el hombre tras la máscara de gas que se luce en las tornamesas en Slipknot. Los matices también los concesiona la ya mencionada ‘Bother’ y ‘Omega’, la última del disco, que funciona como un poema confesionario críptico, propio del desaliento y enfado de Taylor, quien es el que más llamó la atención gracias a su trabajo vocal, mostrando mayor versatilidad en su registro, como no se había escuchado hasta esos días.

A quince años de este debut, Stone Sour sorprendió con lo justo. Sin inventar la pólvora ni nada de eso, pero por su naturaleza, su historia y por los terrenos que exploró, dio que hablar en el ambiente del mainstream. La banda cumple con una ejecución sin defectos pero tampoco sin mayores distinciones, sin proponer mucho. Más bien, “padecen” el momento: –el limbo entre la caída del nu metal y la reaparición de la alternatividad en el rock- y funcionan con el piloto automático. Pero, sin embargo, ni los fans más duros del estilo ni los más noveles seguidores de Slipknot (su eterna comparación) deberían sentir vergüenza de poseer y escuchar este disco, más allá de las nominaciones al Grammy y su posterior valorización de sitios especializados como Loudwire, que ubican a este trabajo en su ranking de los mejores discos debuts de hard rock. Como canta el mismo Corey Taylor, “You don't need to bother, I don't need to be”.

César Tudela

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