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Sepultura: La revancha de Andreas Kisser

Sepultura: La revancha de Andreas Kisser

La sólida actualidad de la banda, a días de su regreso a Santiago
Jueves 19 Octubre, 2017
Sepultura: La revancha de Andreas Kisser

Andreas Kisser (49) sonríe. Acaba de culminar una exitosa visita por México con su proyecto De La Tierra y, casi sin respiro, se baja del avión para compartir escenario con una comitiva de lujo de cracks de la música popular brasileña, uno de ellos, Roberto Carlos, en Sao Paulo. El tipo no descansa y hay energía de sobra para continuar. ¿El combustible para llevar todo esto a cabo sin contratiempos? Su familia y el gran presente de Sepultura, algo totalmente impensado tiempo atrás.

Fueron años y años tragando veneno, lidiando con fantasmas del pasado. Muchas turbulencias emocionales, pero finalmente todo está en orden. El inicio del ciclo con Derrick Green fue demasiado complicado. “Against” y “Nation” hicieron posible la (necesaria) transición de dos eras distintas de Sepultura, pero varios socios y amigos les dieron la espalda. El primer golpe de timón fue propinado por su sello de años, Roadrunner, al desvincularlos sin previo aviso, el 2001; Max Cavalera, entre tanto, se robaba todas las miradas y presupuestos de marketing, estirando el elástico genérico de “Roots” en la parte inicial de su nueva tribu, Soulfly. Balde de agua fría, pero Kisser es un guerrero de raza.

Poco a poco las nubes negras se comenzaron a disipar, pero el camino fue largo. El período con el sello SPV para trabajar la banda en Europa no fue del todo alentador y en la otra vereda, Roadrunner seguía estrujando el pasado con reediciones, discos en vivo y compilados, el lanzamiento más criticado de todos “Under A Pale Grey Sky”, la última presentación con Max Cavalera en la Brixton Academy. El registro contaba con varias fallas, una de ellas el visible error de Igor en la partida de ‘Troops of Doom’ y se presentó en bruto sin un solo retoque. La paciencia de los muchachos tocaba techo y las dudas comenzaron a incrementarse con la partida de Igor el 2006, a solo pocas semanas de lanzado “Dante XXI”.

“Yo creo que mi misión en Sepultura ha llegado a su fin. Estoy súper orgulloso de todo lo que hicimos, pero siento que esta formación actual del grupo ya no hace justicia a mis expectativas como músico y persona”, señaló Igor en una declaración oficial el 12 de junio del 2006. Andreas perdía a su socio en la sala de ensayo desde 1987. Por primera vez, el quiebre definitivo comenzaba a discutirse; afortunadamente, la energía aportada por Jean Dolabella hizo que las piezas lograran encajar de nuevo.

Once años han pasado y el tiempo le ha dado la razón a Kisser. Sepultura siempre ha abrazado los cambios con entereza, para bien o para mal. Los álbumes de la era Green sumaban críticas aceptables pero ventas muy por debajo de lo esperado. Con “A-Lex” sucedió algo similar y el pobre trabajo promocional efectuado por SPV terminó por finalizar el vínculo contractual. A comienzos del 2010, el grupo recibió el llamado de Nuclear Blast, acordando un trabajo a largo plazo en el reposicionamiento del grupo en Norteamérica; el 2012 se integra al sello Monte Conner, histórico agente de Roadrunner y responsable en el fichaje de Sepultura y otras bandas icónicas (Slipknot, Type O Negative, entre otras). Todo fue para mejor y los hitos en cuanto a tours y recepción fueron cosa de meses.

Actualmente, Sepultura suma tres sólidos álbumes bajo el alero de Nuclear Blast. En nueve de cada diez entrevistas, deben lidiar con preguntas acerca de la mentada reunión con los hermanos Cavalera, reconciliados desde el 2008 y con tres producciones a sus espaldas con Cavalera Conspiracy. Andreas sigue en la suya, mirando para adelante y reaccionando con indiferencia ante cada frase peyorativa de Igor o Max hacia ellos. Ahora, arriba del escenario, la diferencia es abismante: la gira “Return To Roots” desnudó el lamentable estado de forma del mayor de los Cavalera y, comparándolos con la actual alineación de Sepultura, están muy por debajo en performance. Triste pero cierto.

Efectivamente, la era de Sepultura post Max Cavalera no ha podido escribir un solo himno rotundo y está lejos de conseguirlo, pero la consistencia, por ejemplo de “Machine Messiah” en concepto, groove, arreglos y estructura, ha justificado el ascendente interés por la banda a nivel global. Hay una búsqueda constante por innovar o mantener el camino recorrido y ese rigor trajo una justa recompensa en visibilidad. Escudado en un baterista superlativo (Eloy Casagrande) y sin la más mínima intención de aferrarse al pasado, Andreas Kisser puede observar el futuro con tranquilidad y optimismo. Sepultura aún tiene mucho que decir y varios lo podrán atestiguar en el Teatro Cariola, su primer show protagónico por Santiago en 14 años.

Francisco Reinoso Baltar

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