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No aceptar la derrota: 40 años de "Motörhead"

No aceptar la derrota: 40 años de "Motörhead"

El comienzo de un mito basado en la realidad
Lunes 21 Agosto, 2017
No aceptar la derrota: 40 años de "Motörhead"

Es cierto que "Overkill" fue el disco en el que Motörhead encontró su estilo, y que "Ace of Spades" simboliza el pináculo de esa impronta, pero el debut homónimo del trío, aparecido en 1977, merece un lugar destacado en su historia porque captura un momento de crisis, el instante crítico en el que Lemmy Kilmister, "Fast" Eddie Clarke y Phil "Philty Animal" Taylor se debatían entre seguir trabajando juntos o abandonar un proyecto que les había traído más insatisfacciones que alegrías.

Cuando se habla sobre Motörhead, se aplaude la actitud impresa en su música. Suele subrayarse el arrojo que el grupo representaba, esa vehemencia para ir hacia adelante a toda velocidad y sin mirar atrás. "Motörhead" es la piedra fundacional del mito: un disco que estuvo a punto de no existir, grabado por una banda que, horas antes de entrar al estudio, había tomado la determinación de separarse, pero que, en el último minuto, cambió de parecer e insistió en registrar canciones con las que no habían conseguido ningún resultado hasta ese punto. Al contrario, eran temas ya rechazados por otra disquera, la banda sonora de un fracaso que tenía viviendo a los integrantes de Motörhead en la miseria, revolcándose en su mala suerte.

Antes de transformarse en un ganador, ícono del rocanrol y el hedonismo, Lemmy atravesó una racha negativa que hubiese desmotivado a alguien con menos convicción en sí mismo. Pese a ser el intérprete de 'Silver Machine', el único tema exitoso de Hawkwind, la banda en la que militaba, fue expulsado por sus compañeros tras ser detenido con drogas en Canadá. Su consumo de sustancias ya era un tema en los días previos a Motörhead, aunque con una salvedad: el resto de Hawkwind también experimentaba, pero con psicotrópicos caros, mientras Lemmy se inclinaba por productos callejeros y mucho menos refinados.

Listo para sacudirse la resaca del hippismo, nuestro héroe armó un grupo con Larry Wallis, el guitarrista de sus contemporáneos Pink Fairies, y el batero Lucas Fox. El debut en vivo del trío, teloneando a Blue Öyster Cult, no fue nada auspicioso y pronto Fox se vería fuera del grupo, reemplazado por el superlativo Phil Taylor. Usando sus contactos en United Artists Records, el sello que también albergaba a Hawkwind, Lemmy y sus secuaces grabaron "On Parole", un álbum al que los ejecutivos de la compañía luego le harían la cruz. Se negaron a editarlo porque lo consideraron comercialmente inviable, dejando al grupo en un limbo: sin disco en la calle y amarrado a un contrato que limitaba su accionar.

Argumentando una supuesta falta de poderío, Wallis insistió en que hacía falta otro guitarrista, pero se fue de la banda apenas apareció en el mapa Eddie Clarke. La moral en aquellos días andaba por los suelos porque, pese a conseguir un trato con Stiff Records y de grabar para ellos, United Artists les impedía lanzar su nuevo material. Agotados, declararon la derrota y decidieron despedirse en el ahora mítico Marquee Club de Londres, que en ese entonces ya abrazaba al punk así como también lo haría con el metal, los dos géneros con los que siempre se ha identificado al grupo.

Lemmy conocía a Ted Carroll, el presidente de Chiswick Records, y le pidió que trajera los equipos para grabar el concierto final de Motörhead y así dejarle un recuerdo a los escasos, pero muy fieles, seguidores del grupo. Después de todo, habían pasado más de un año practicando un repertorio que, pese a las circunstancias, valía la pena atesorar, aunque fuese en un bootleg de culto. Sin embargo, grabar en el Marquee era demasiado caro y, para compensarlos, Carroll les ofreció tiempo de estudio en la misma noche del show de despedida.

La agitación de "Motörhead" no es una performance, sino el reflejo de los ánimos de un grupo que naufragaba en un mar de sentimientos encontrados. La industria musical los había tratado pésimo. Los frustraba saber que había, de a poco, cada vez más personas que los seguían y que, aun así, no tenían luz verde para echar a andar su carrera por culpa de fuerzas externas. Aunque ese tema se resolvió, no fue la solución mágica para arreglar en el entuerto en el que estaban metidos. Como recuerda Lemmy en "White Line Fever", su autobiografía: "nos moríamos de hambre, vivíamos de okupas y nada estaba pasando".

Pocos discos transmiten mejor que "Motörhead" el estado de sus autores. En efecto, había hambre y rabia en el álbum, casi tanto como aceleración. Se trataba, recordemos, de músicos de por sí termocéfalos. De vuelta al libro de Lemmy: "Phil y Eddie eran como hermanos y peleaban como hermanos. Te dabas vuelta y estaban sacándose la mierda". No era casualidad que sus canciones resultaran pendencieras, como tampoco se debe olvidar que las anfetas jugaban un rol importante en el juego de Motörhead. De hecho, fueron el motor de las fugaces sesiones de grabación del disco, que obviamente quedó listo en tiempo récord. A partir de aquí se comienza a edificar la leyenda. Éste fue el paso necesario para que después Lemmy y los suyos avanzaran a zancadas.

Andrés Panes

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