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Morrissey: This Charming Man

Morrissey: This Charming Man

Revisamos la autobiografía en español del músico
Martes 21 Noviembre, 2017
Morrissey: This Charming Man

Cuando Morrissey lanzó su autobiografía en 2013 -que por fin llega traducida-, lo hizo en Penguin Classics, donde se publica a leyendas como Oscar Wilde y Henry James. Moz puso distancia. Necesita hacerlo. Él es único, clásico, y las páginas con la historia de su vida lo subrayan. En este libro que sólo lleva su nombre abunda el drama, el desprecio y las sentencias mordaces al mundo que le rodea confirmando lo que se sabe de él. Es adorable y también insoportable.

The Smiths desembarca en Nueva York por primera vez y a Steven Patrick Morrissey nadie lo pesca. La Gran Manzana, ciudad perfecta para descubrir en complicidad, resulta un sitio desolador. Sus compañeros lo evitan y el jefe del sello se ha ido. Vagabundea completamente solo. “Estoy desconcertado, soy deficiente mental o ambas cosas, pero desde luego me están haciendo el vacío adrede y un plan convenido se pone a funcionar a toda máquina. Estoy siendo excluido”. La autobiografía de Morrissey, disponible en Chile por Malpaso, se puede resumir en ese sentimiento. El mundo es un sitio cruel que constantemente pone a prueba su carácter y paciencia. Ante lo que no tolera responde huyendo. Si alguien le acompaña en un restaurante y pide carne, esa persona se quedará sola en segundos. Algunos ceden. Extracto de una escena con David Bowie.

— David, no te irás a comer eso, ¿verdad?

Me espeta desabrido:
— Vaya, tiene que ser un INFIERNO vivir contigo.

Moz reconoce su odiosidad, las manifestaciones de hastío como rasgo dominante, los desbordes de prima donna, y sabe reír de si mismo. Cuando descubre que ‘Hand in Glove’, el primer single de la carrera de The Smiths se edita en Japón junto a la versión de la gloria del pop de los 60 Sandie Shaw, se derrumba. “Vomito profusamente (...). Me asquea tanto que imploro que me maten. Muchos se adelantan a cumplir mi petición”. Morrissey no titula la autobiografía ni divide en capítulos. Lo haremos por él.

No Manchester. La ciudad donde creció se toma la primera parte. El cantante se deja llevar por su reconocida pluma. La descripción es implacable para definir un sitio anticuado y grisáceo. “Hasta ese momento, vivimos en el desamparado y apuñalador Mánchester victoriano, donde todo está dondequiera que lo dejasen caer hace cien años (...). Caminamos por el centro de la calle dejando atrás lugares pavorosos, levantando la vista para mirar el papel pintado de tonos negros parduzcos y morados hecho jirones, triste vestigio de casas deshabitadas, sustituida ahora su seguridad por la inquietud.”

We don't need no education. En la tradición de las grandes estrellas del rock británico que han cuestionado el sistema educativo del país como Roger Waters, Morrissey describe crudamente sus años escolares a manos de profesores reprimidos sexuales, como la maestra que intenta golpearle a los nueve años al futuro líder de The Smiths y es amenazada de vuelta. “En Saint Wilfrid no hay un solo profesor que sonría y no habrá manera de encontrar ni rastro de alegría entre el volcán de resentimiento que ofrece la madre Peter, una monja barbuda que zurra a los niños desde que sale el sol hasta que se pone; ni en el señor Callaghan, el más joven de la plantilla, carcomido por un rencor que es incapaz de controlar”.

Peinando la muñeca. Curiosamente Morrissey no cuenta que fue nada menos que el presidente del fan de The New York Dolls en Inglaterra, pero da generosas muestras de su adoración por la travestida banda. “El nombre escogido, New York Dolls, era tan provocador e inflamado como si se hubiesen llamado los Maricones de Nueva York y, en cualquier caso, la verdad es que así es como se los descifró en un primer momento. Saber lo que sabemos hoy —que no perdían oportunidad de perseguir a la almeja barbuda— no hace sino triplicar su efecto social. Y así es como se hace historia.”

Ay, los Smiths. Moz describe la carrera de su banda con una extraña combinación de esperanza y hastío; fe en que The Smiths podían ser gigantes y desazón porque nadie -excepto él, claro- parecía comprender cómo convertir al cuarteto que integraban Johnny Marr en guitarra, el bajista Andy Rourke y el batero Mike Joyce en un fenómeno, particularmente en Estados Unidos tras conquistar Gran Bretaña de un zarpazo con sus primeras canciones. Queda en evidencia que desde los inicios en 1982 era todo un milagro mantener unidas a esas personas. “Ensayamos asiduamente, pero cada semana que pasa termina con Andy o Mike decidiendo que prefieren no formar parte de esto y Johnny sale disparado en busca de uno u otro con una persuasión que nunca falla. Como alma en pena, no participo en dicha persuasión, no tengo experiencia de haber persuadido nunca a nadie”. Según el cantante la banda no se separó tras una pelea ni ninguna situación peculiar. Simplemente dejaron de estar juntos. “Uno y otro nos habíamos consumido hasta límites inconcebibles y no teníamos a nadie que nos aconsejase que nos largásemos a cualquier sitio y descansásemos. Estuvimos dos semanas sin llamarnos por teléfono y, entonces, de repente, la prensa aparece plagada de historias de ruptura entre los Smiths”.

No me simpatizas. El apartado de la gente que no cuenta con el aprecio de Morrissey da para otro libro, pero entre varios personajes premiados en su ranking de odios personales donde caben desde la ex primera ministra Margaret Tatcher hasta una galería de profesores del colegio, Geoff Travis, el fundador de Rough Trade Records, sello histórico de The Smiths, se lleva el primer puesto en los palmarés. Desde el inicio de la relación Moz describe a Travis como una especie de campeón olímpico del descriterio. En la primera cita se habría negado a escuchar Hand in Glove. Tras ser obligado por Marr (ya sabemos que Moz no ruega a nadie) les ofreció publicar de inmediato la canción. “El rostro de solterón avinagrado de Rough Trade no era el mejor sitio para quien buscase atención pública, pero funcionó porque los Smiths funcionaban y, por primera vez en su vida, Geoff Travis se vio superado. Obsesionado, nunca fue capaz de dedicar una alabanza a los Smiths.”

Malditos periodistas. “Ay, la mano grasienta de la prensa: escritorzuelos y gacetilleros, libelistas y panfleteros”. Esta sentencia y otras perlas corrosivas, transparentan la opinión de Morrissey hacia el periodismo siempre coludido para socavar su carrera y desconocer sus méritos. Las reseñas nunca dicen lo correcto y los reporteros musicales se solazan silenciando sus triunfos. La revista NME, la misma que en 2002 declaró discutiblemente a The Smiths como la banda más influyente de todos los tiempos, es el centro de sus odios aún cuando reconoce que le brindaban tal atención que en algún momento se le conocía como New Morrissey Express. “Al volver a Inglaterra, Murray Chalmers, de EMI, me cuenta que ahora cierto periodista es el editor de la NME. Es un viejo conocido porque ha reseñado cinco álbumes de los Smiths y de Morrissey con odio descarado, sin dejar por explorar ni una modalidad del insulto. Sin embargo, lo que representa su ascenso a editor de la NME es que, supuestamente, habría reunido a su plantilla para trasladarles la consigna de que sus redactores han de «ir a por Morrissey» y que el plan de acción ahora es desplazarme de mi lugar como icono de la revista”.

Me gustas tú. Morrissey comprendió a temprana edad que encantaba entre las mujeres, pero a él le daba lo mismo. Una vez una chica cruzó la calle para darle un puñetazo. Un adolorido Moz preguntó la razón del golpe. Ella le dijo que le gustaba mucho pero sabía que no era mutuo. En el colegio los profesores molestaban a Morrissey siempre absorto en la poesía y la música pop. Relata cómo uno de sus amigos íntimos de la adolescencia le dice por lo claro que su familia recela profundamente de la cercanía de ambos. Habla del fotógrafo Jake Owens Walters. Aunque nunca lo define como pareja oficial, se comprende la atracción. “De repente, la vida se transforma en un mundo sin horas. Jake es tercamente macho, ha vivido veintinueve años de extravagancia sin conocer el miedo. No le interesa ser amable, de manera que su acercamiento me resulta tan nuevo e inexplorado como el mío a él”.

Mi condena. La autobiografía de Morrissey tiene largos pasajes autoindulgentes: una larga descripción de Manchester y un episodio paranormal descrito hasta el hartazgo en el que supuestamente divisa a un fantasma. Detalla como un niño con rabieta hasta quedar sin aliento el juicio entablado por el baterista Mike Joyce en su contra y Johnny Marr por ganancias, pleito que perdieron y les costó una fortuna. “En esencia, Joyce exigía el 25 por ciento de absolutamente todo (publicación excluida) lo que hubiese sido creado en nombre de los Smiths, dando por supuesto —sin prueba alguna— que todas las sumas se entregaban a Morrissey y Marr como beneficio neto. Era ahora cuando lo exigía, en 1996, pero jamás había exigido tales cosas durante la existencia de los Smiths.”

Marcelo Contreras

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