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Mi dolor es tu dolor: Adiós, Chester Bennington

Mi dolor es tu dolor: Adiós, Chester Bennington

Un último abrazo al vocalista que humanizó a Linkin Park
Domingo 20 Agosto, 2017
Mi dolor es tu dolor: Adiós, Chester Bennington

Antes de "One More Light", la depresión arremetió nuevamente contra Chester Bennington. En sus últimas entrevistas, el cantante de Linkin Park habló con ejemplar candidez sobre la enfermedad maldita que le terminó costando la vida, y con la que se enfrentó con valentía desde muy pequeño, incluso batallándola en público mediante sus canciones. La sensibilidad de Bennington resonó fuertemente en otros: las formas en las que plasmaba su dolor hicieron sentir identificadas a millones de personas alrededor del mundo.

Cuando un músico se quita la vida, su obra adquiere nuevas capas de significado, y desde ahora la discografía de Linkin Park deja de ser música para niñitos enojados de suburbio, como tantas veces fue descrita por los que tenían la suerte de no sintonizar emocionalmente con ella. A partir de este momento, las canciones del grupo deberían ser vistas como anclas para seguir acá, batallando en el mundo, porque cada una de ellas refleja el profundo deseo de Chester Bennington de seguir adelante, un anhelo que no debiese ser menospreciado por la manera en que eligió irse.

Bennington tenía sólo 41 años, pero cualquiera que entienda cómo funciona la depresión sabe que, cuando golpea duro, un solo día puede ser una torturadora eternidad. Él no tuvo empacho en decir que le ocurría lo mismo que a todos los que la padecen: había momentos en los que algo tan cotidiano como levantarse de la cama le parecía una tarea titánica. Aun así, lo hizo la suficiente cantidad de veces como para construir una carrera que impactó a nivel mundial, basada en una ética de trabajo impresionante si consideramos sus circunstancias personales. Una trayectoria que, en términos discográficos, no empezó con "Hybrid Theory", sino en 1993 con Sean Dowdell and His Friends?, un grupo que luego mutó en Grey Daze y que nunca le dio el palo al gato con sus discos de post grunge.

La perseverancia de Bennington radicaba en algo que explicó en sus últimos días: sentía que su cabeza era un "mal vecindario" y no deseaba quedarse solo ahí, prefería salir. Su forma de hacerlo involucraba estar siempre con gente, ya fuese su familia o músicos. A veces llegaba a ser muy consciente de su propias penumbras: las canciones que luego grabó con su proyecto Dead by Sunrise son las que dejó fuera de "Minutes to Midnight" por considerarlas demasiado oscuras (incluso) para Linkin Park.

Al estar siempre alerta de sí mismo, Chester Bennington tuvo el don de saber adaptarse. Lo hacía leyendo muy bien su ubicación dentro de los proyectos en los que se involucraba. Se requiere a un cantante muy especial para poder acoplarse a músicos tan distintos entre sí como Santana, Mötley Crüe o Jay-Z con la flexibilidad que demostró en sus colaboraciones con ellos. Sin embargo, al mismo tiempo era capaz de imprimir su huella donde fuese. Qué mejor ejemplo que Linkin Park, un grupo que estaba armado antes de su llegada, pero que carecía de un factor desequilibrante que los elevara por sobre el resto. La banda ya tenía esbozada la orientación sonora que la identificaría y que a futuro la mantendría conectada al espíritu de los tiempos, esa robótica agresiva perfectamente acorde con la revolución tecnológica, pero, sin Chester Bennington abriéndose el pecho y mostrando su palpitante corazón, Linkin Park quizás nunca hubiese despegado del piso. Ningún artefacto que se enchufe a la corriente podrá llenar el vacío dejado por un vocalista con tamaña expresividad.

Al contrario de Mike Shinoda, que ya el 2005 ventilaba su rabia contra los haters de Linkin Park en el disco de Fort Minor, Chester Bennington recién se quebró tras la salida de "One More Light" dándole destempladas cuñas a la prensa. Se ha hecho hincapié en ellas tras su partida, pero tampoco deben olvidarse las múltiples ocasiones en las que tuvo el coraje de olvidarse del odio y seguir su instinto. ¿Acaso alguien cree que Bennington ignoraba que su colaboración con Stone Temple Pilots sería vilipendiada? ¿O que los menos transigentes del aggro se ofenderían con las remezclas como "Reanimation"? La cantidad de veces en las que fue desafiante no es despreciable. Pensemos en 'Breaking the Habit', un single de "Meteora" que ni siquiera tenía guitarras distorsionadas, lanzado el 2004, un buen rato antes de que las seis cuerdas empezaran a desaparecer del dial gringo. Nunca dejó de ser así: los que siguen al grupo recordarán los trolleos por sus colaboraciones con Steve Aoki, un DJ de electrónica bailable casi tan detestado como David Guetta.

Aunque sabemos que Bennington recorrió los pasadizos más oscuros de la existencia humana, jamás podríamos quedarnos con la imagen del hombre dañado. Preferimos al vocalista impactante que nunca olvidaremos, al tipo que dio la pelea muchas veces para sobrellevar su dolor, al artista dúctil capaz de entrar en el baile de otros, al dolor de cabeza para los rockeros fundamentalistas. Somos millones los que podemos atestiguar que su vida nos marcó para mejor. No queda más que celebrarlo, aunque sigan corriendo lágrimas.

Andrés Panes

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