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La vida moderna es la basura del pasado

La vida moderna es la basura del pasado

"Modern Life Is Rubbish", el disco antigrunge de Blur
Jueves 10 Mayo, 2018
La vida moderna es la basura del pasado

Las crisis tienden a ser los pasajes más interesantes en las biografías de nuestros músicos favoritos. Son los momentos con mayor tensión dramática de su historia, el punto en el que visualizan los obstáculos a saltar, que en el peor caso serán las vallas que los dejarán con la mandíbula en el piso. En 1993, apenas dos años después de debutar, Blur atravesaba una crisis que pudo haberle costado la existencia. "Leisure", su primer disco, pese a lo entrañable que resulta ahora que sabemos que sólo era el inicio de un catálogo lleno de gloria, no era más que un remedo de Stone Roses, Happy Mondays y toda la cultura detrás de ellos, denominada baggy por los medios ingleses. Baggy significaba bolsudo, un comentario sobre la holgada ropa que vestían tanto los grupos asociados a la movida como sus abundantes seguidores entre los ochenta y los noventa.

Los singles de "Leisure", como 'There's No Other Way' (número 8 en Inglaterra) o 'She's So High' (número 48), tuvieron una recepción bastante decente, pero estuvieron lejos de prender al mundo en llamas. Sólo fueron éxitos menores en comparación a los que vendrían. Quedaba espacio para que Blur siguiera creciendo, aunque pegarse el estirón no es fácil para nadie y varios baches aparecieron en el camino. Les golpearon la moral: hubo una desastrosa gira estadounidense de 44 fechas en apenas dos meses en la que comprobaron en carne propia que su música no funcionaba al otro lado del charco. También editaron un single a modo de entremés antes de su segundo disco, el ahora clásico 'Popscene', cuya recepción, o más bien la falta de ella, no fue nada auspiciosa. La guinda de la torta era Suede. Pese a que se comenta mucho menos que su famosa enemistad con Oasis, los primeros archirrivales de Blur no fueron los Gallagher, sino los liderados por Brett Anderson, quien, para colmo, era la contraparte de Damon Albarn en un triángulo amoroso completado por Justine Frischmann de Elastica.

Apestado por su mala experiencia en Estados Unidos, donde el grunge era grito y plata, Albarn volvió a Inglaterra convencido de que la salvación de su banda no estaba en ceder nuevamente ante alguna de las tendencias imperantes. De ningún modo americanizaría a Blur para su segundo disco (lo haría para el quinto, pero esa es otra historia), sino que apostaría por todo lo contrario: una exaltación del espíritu inglés a partir de la vida cotidiana en la isla. En otras palabras, un antídoto contra la música de Seattle. Esto fue lo que le dijo en la época a la revista Mojo: "Siento que Estados Unidos me hizo mal. Mató muchos de mis sueños. Suede y Estados Unidos alimentaron mi deseo de probarle a todo el mundo que Blur vale la pena". Las motivaciones artísticas y personales del cantante fueron la base de la transformación que vino.

Durante la olvidable gira estadounidense, pasó algo que cambió el rumbo de Blur: se volvieron fanáticos de The Kinks, especialmente Albarn, que en el bus que los transportaba prácticamente no escuchaba otra cosa. Estética baggy, adiós: en uno de sus primeros conciertos de vuelta en Inglaterra, el vocalista usaría un traje a la medida. Y las canciones también cambiaron, asimilándose a los mentados Kinks, pero también a una institución profundamente británica como XTC. De hecho, el cantante, guitarrista y cofundador de XTC, Andy Partridge, parecía el indicado para producir el segundo disco de Blur. Las sesiones de trabajo con él, sin embargo, no fructiferaron. Partridge terminaría siendo reemplazado por Stephen Street, productor asociado a un grupo tan idiosincrático como The Smiths, quien, además, venía de hacer la mitad de "Leisure".



Dos ideas fuerza se conjugaron en el disco resultante, "Modern Life Is Rubbish". La primera, patente en el título tentativo del álbum, "Britain Versus America", es el enfrentamiento cultural entre el Reino Unido y Estados Unidos con una certeza de la superioridad británica sustentada en una visión idílica de Inglaterra como un espacio incorruptible, opuesto a la supuestamente viciada potencia norteamericana. La segunda está en el nombre definitivo: "Modern Life Is Rubbish", una afirmación poderosa y llamativa que, en español, significa "La vida moderna es basura". Damon Albarn leyó la frase en una pared y la interpretó a su manera: "La vida moderna es la basura del pasado. Todos vivimos en la basura. Dicta nuestros pensamientos. Y como todo ha sido construido a lo largo de tanto tiempo, la originalidad ya no es necesaria. Hay tantas cosas viejas que combinar en infinitas mutaciones que no hay ninguna necesidad de crear algo nuevo". Resulta natural que el britpop, que reconoce en "Modern Life Is Rubbish" uno de sus moldes, haya sido una movida obsesionada con el pasado y un tanto patriotera.

Publicado en mayo del 93, el segundo disco de Blur marca el inicio de una trilogía sobre la vida británica que sigue con "Parklife" y termina en "The Great Escape". Albarn tenía razón: "Modern Life Is Rubbish" resonó con la gente de su país de forma permanente. Cuando Blur resucitó tras su disolución, el único tema del álbum que tocaron en Estados Unidos fue 'For Tomorrow', pero en Inglaterra rescataron siete de sus canciones. Se trata de una publicación arquetípica para el britpop y, a pesar de su modesto rendimiento comercial, fue la decisión correcta de parte de una banda con ganas de trascender y hacer carrera, el empujón necesario para volver a encaminarse y concretar las ambiciones de su líder. Al año siguiente, gracias a 'Girls & Boys' de "Parklife", incluso empezaron a sonar en un país tan lejano como Chile. Pronto, la rivalidad con Oasis los instaló en la exclusiva conversación sobre cuál es la mejor banda inglesa. Nada de eso hubiese sido posible sin "Modern Life Is Rubbish".

Tal como presagió Albarn, el disco impulsó algo mucho más allá de Blur: se convirtió en un hito para su generación, un referente ineludible para fanáticos e imitadores. Es pertinente destacar la creciente tensión entre el cuarteto y los sellos que lo editaban. Cuando creyeron haber terminado "Modern Life Is Rubbish", su casa discográfica en Inglaterra, Food Records, les pidió grabar una canción más pegajosa y de ahí salió 'For Tomorrow'. Desde Estados Unidos, la compañía SBK les pidió lo mismo, un tema destinado a ser single, petición a la que accedieron grabando 'Chemical World'. Obedientes hasta ahí, pero ya irritados, se negaron por completo a la segunda solicitud de SBK: volver a grabar el disco entero, pero ahora con Butch Vig, el productor de "Nevermind" de Nirvana. Mostrando testarudez en el momento correcto, Blur comenzó a labrar su prestigio como una de las bandas más creativas y, por consecuencia, grandiosas de la Inglaterra de los noventa.

Andrés Panes

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