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Korn: Gracias por permanecer en nuestra sintonía

Korn: Gracias por permanecer en nuestra sintonía

“The Serenity of Suffering” premia a los que se quedaron pendientes del grupo
Miércoles 30 Noviembre, 2016
Korn: Gracias por permanecer en nuestra sintonía

Algo de razón tenía David Silveria al decir que Korn estaba arruinando su legado, y que no había motivos para creer que un nuevo disco pudiese revertirlo. Una opinión compartida por los seguidores desilusionados a causa de los experimentos dubstep con Skrillex o de la progresiva suavización de su lectura del metal, síntomas de un grupo que claramente sufría para equilibrar las presiones de la industria con los cambios de intereses del público masivo. Había lógica en el planteamiento de Silveria, pero el mundo no es precisamente un lugar lógico y su pulso, la música, tampoco lo es. Aunque suene descabellado, Korn acaba de sacar uno de sus mejores discos. Sí, en pleno 2016, bastante lejos de la época en la que fueron culturalmente relevantes. Ha pasado tanto tiempo. Para darse cuenta, sólo hay que pensar en Head, el guitarrista cuya vida ha cambiado de forma radical. Entre el nacimiento de Korn y este punto en que son clásicos, Head ha pasado de ser un adicto a las anfetas a ser un autor de libros de autoayuda. De ser un rockstar a ser un músico de bajo perfil a ser un rockstar de nuevo, pero uno cristiano y tan sobrio que ni siquiera bebe un sorbito en la comunión.

Sabemos que es difícil encontrar personas que anden con la verdad de frente. El negocio disquero no es la excepción. Aunque los comentarios de David Silveria ejemplificaban la mala leche online contra la banda, en el círculo cercano de Korn nadie los había mirado a la cara para decirles qué estaba pasando y por qué. Aquí ingresa un personaje vital: Nick Raskulinecz, avezado productor con todos los pergaminos imaginables, pero sobre todo un melómano que, después de haber trabajado con Rush y Foo Fighters, entre otros colosos, comprende la mecánica de un grupo de rock importante. Un tipo que tuvo el tacto necesario para pedirle al quinteto que, de una vez por todas, dejara de comportarse como un viejo que todavía quiere ser cool. Gracias la gestión de Rasculinecz, en su nuevo álbum, “The Serenity of Suffering”, Korn es un grupo que se reencuentra consigo mismo. Conseguirlo exigió un nivel de compromiso superior en este disco, la valentía para asumirse en aprietos y para cuestionar la identidad de un proyecto personal 23 años después de echarlo a andar.

Preguntándose quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde van, los integrantes de Korn encontraron más terreno en común del que esperaban. Consultado sobre el concepto central de “The Serenity of Suffering”, Jonathan Davis dijo que todo se debía a su forma de ser, a estar tan acostumbrado a vivir en las tinieblas que, al final, se vuelven el único lugar donde encuentra comodidad. Darle voz y palabras a la música hecha por sus compañeros fue más difícil esta vez que en otras ocasiones: a ratos se volvió un proceso tortuoso por culpa de un bloqueo creativo que sólo acabó internándose en la oscuridad de siempre. En el papel, la visión de Davis es la antítesis de la visión del renovado Head, pero en la práctica, ambos comparten un propósito. Si Head se dedicó a escribir libros de autoayuda tras salir del grupo fue porque extrañaba el vínculo emocional con el público, que es, según Davis, la principal motivación de la existencia de Korn. Las palabras del cantante para el diario inglés The Guardian: “Nada me alegra más el corazón que ayudar con nuestra música a chicos que están deprimidos, que tienen pensamientos suicidas o atraviesan algo difícil. Ésa es la recompensa para mí, por eso seguimos haciendo discos. Porque nos gusta ver sonreír a la gente”.

Korn hizo “The Serenity of Suffering” para sus fanáticos. Algo así como un premio por haberlos acompañado en una travesía que no ha estado libre de sobresaltos. Según Munky, Nick Raskulinecz les planteó su crítica, vital a la hora de moldear el disco, en términos similares a los de cualquier seguidor. Les habría dicho “yo era su fan y hay cosas que dejaron de hacer. Quiero escuchar el bajo de Fieldy, quiero escuchar funk en la batería, que las guitarras dialoguen. Lo echo de menos en sus últimos discos. Todo suena pulcro, ustedes no son así. Hay un elemento orgánico que les falta, el elemento que me hizo su fan”. Escucharlo fue un acierto. Sobrevivientes de una crisis como la que su aparición le propinó al metal, Korn salen fortalecidos del trance y solidifican su legado. Lo peor ya pasó.

Andrés Panes

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