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John Fogerty: El más sureño de los californianos

John Fogerty: El más sureño de los californianos

Nos sacamos el sombrero ante la verdadera voz de Creedence
Jueves 28 Mayo, 2015
John Fogerty: El más sureño de los californianos

Cuando se trata de rock 'n' roll en estado vintage, pocas bandas cruzan generaciones y soportan el paso de los años como Creedence Clearwater Revival. Juntos, trabajaron solo media década, entre 1967 y 1972, pero este lapso les bastó para facturar música imperecedera. Capítulos tan elementales como imprescindibles de la música popular como ‘Proud Mary’, ‘Run to the Jungle’, ‘Green River’ y ‘Bad Moon Rising’ se han convertido en una institución de las radios de rock clásico. Hitos que hasta el día de hoy siguen influyendo y que son el reflejo de la lucidez de un solo hombre: el cumpleañero John Fogerty.

Séptima década, momento apropiado para que John Fogerty reflexione. En sus memorias, que publicó el mes de octubre bajo el título de “Fortunate Son: My Life, My Music", dice que está “emocionado por poder compartir mi historia y mi vida. Van a conocer dónde comenzó todo, mi pasión para convertirme en el mejor músico que pudiese. Por cierto, es un viaje por caminos en mal estado, pero que conducen a algo hermoso. ‘Fortunate Son: My Life, My Music’ no tendrá ningún tipo de edulcorante”.

Fogerty pretende mostrarse tal como ha sido siempre, brutalmente franco. No intenta escandalizar o sorprender, solo ser sincero: "Es simplemente la única manera en la que he sido capaz de existir. Al final, los seres humanos, somos lo que somos. No soy candidato a la presidencia o algo por el estilo, así que no trato de ocultar la vida que he vivido”.

Autor de la mayor parte del repertorio de Creedence, y con reputación de exigente, terminó convertido en un purista: demasiado leal consigo mismo. Opta por guardar su guitarra y asumir una huelga de compositor antes de ceder a las presiones de una industria que trató de desbancarlo. Esto explica sus años sabáticos y da una idea de la montaña rusa en la que se embarcó apenas terminó Creedence. Envuelto en una disputa con su compañero de banda y hermano, Tom Fogerty, así como con el resto del grupo, John accedió a no ocupar el nombre de la banda a cambio de que su propio sello disquero, Fantasy Records, le liberara de sus obligaciones contractuales.

La pelea resultó tan amarga que ni siquiera cesó con la muerte de Tom en 1990, ya que tres años más tarde, Fogerty se negó a tocar con el bajista Stu Cook y el baterista Doug "Cosmo" Clifford cuando el grupo fue inducido en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Después, Cook y Clifford formaron un nuevo grupo llamado Creedence Clearwater Revisited, que se ha dedicado a tocar el catálogo clásico desde entonces, incluso en el Festival de Viña. Sin éxito, Fogerty demandó a la banda para impedir el abuso. Así, es fácil entender por qué no habrá reunión de Creedence, aunque el propio John lo plantea de otra manera: "Simplemente no veo cómo podría suceder. George Harrison alguna vez hizo una interesante declaración acerca de las reuniones. La misma declaración funciona para mí y para Creedence. No puede haber una reunión mientras Tom esté muerto y no creo que eso vaya a cambiar".

Rockaxis escribió en mayo de 2011 a propósito de la primera -y única- venida de Fogerty a Latinoamérica que “uno de los nombres más grandes del rock clásico había despertado expectativas enormes. Y claro, si se trataba de Creedence, solo habíamos tenido la oportunidad de ver a los Revisited, que aunque montan un gran espectáculo, distan bastante en formación y espíritu de la estirpe de la banda original. No es ningún secreto que Doug Clifford y Stu Cook poco y nada tenían que ver con la concepción de las canciones de la banda. Pero esta noche aquella percepción fue remecida, opacada y minimizada, por decir lo menos. El veterano John Fogerty dio vida a la leyenda de Creedence Clearwater Revival en un concierto que, en una hora y cincuenta minutos, sacudió el Movistar Arena en Santiago, superando en todo aspecto la presentación de sus ex compañeros”.

Esto es América

Después de un par de discos en solitario y unos cuantos singles a mediados de los setenta, Fogerty desapareció durante una década, para resurgir hacia 1985 con “Centerfield”, que contenía el clásico 'The Old Man Down the Road’, el motivo de que la propia Fantasy Records lo demandara por un autoplagio. El cantante ganó el caso, sin embargo, a partir de entonces se negó a tocar cualquier cosa de su catálogo antiguo para no tener que pagar derechos de autor.

Más tarde, lanzó el mal recibido “Eye of the Zombie”, para luego sumergirse bajo tierra por otros once años. Eso fue hasta el lanzamiento de 1997, “Blue Moon Swamp”, álbum que lo vio regresar como una fuerza musical que estaba lejos de extinguirse. Casi dos décadas después, sigue alcanzando cumbres, se mantiene ocupado y en condiciones óptimas.

Para describir a John Fogerty, hay que reconocer sus inclinaciones políticas: recalca que, a la denominación "demócrata", habría que añadirle un poco de matiz de "libertario", para ir más allá de su conocida reputación de demócrata liberal, especialmente en medio de los malentendidos socialistas de la época hippie. En varias ocasiones, ha profundizado sobre temas más amplios: el privilegio social y el hecho de que los políticos declaren guerras que luego los más pobres luchan en sus nombres. Al final del día, este ícono del hippismo - encima proveniente de San Francisco, California- no estaba tan de acuerdo con la filosofía de paz y amor en la década de los sesenta, en parte porque  la idea fundamental es que, si bien tenemos una obligación con nuestros prójimos menos afortunados, esa labor corresponde al gobierno institucional. Así se explican versos que muchos han interpretado como una puñalada a los excesos del gobierno, como los de 'Who'll Stop the Rain' que dicen “engañado por las mentiras, vi la torre crecer, planes quinquenales y nuevas enmiendas enchapadas en oro, y me pregunto, aún me sigo preguntando, quién va a detener la lluvia".

John Fogerty ha jugado un papel importante en asuntos políticos, el alcance popular ha convertido a varios de sus temas en sinónimo de protesta. Son opiniones muy potentes respecto a Estados Unidos que coinciden con su habilidad, en definitiva, un músico capaz de convertir la realidad en canciones memorables. No sorprende que Fogerty sea una proyección responsable de aquel "americano" intensamente orgulloso. Aunque difiere de la épica cowboy, declara que “soy mucho más viejo, sin duda venero a John Wayne como un icono. Era un vaquero, y me encanta los vaqueros. Sin embargo, durante la era de Vietnam, Wayne era demasiado conservador, derechista en pocas palabras. Simbolizaba el status quo, esa idea de que todo era y es genial. Estaba en contra de los manifestantes y a favor de la Casa Blanca durante Richard Nixon”.

Creedence fue percibida como una banda que procedía de los pantanos de Louisiana: las primeras veces que sonaron en la radio, parte de los auditores juraban estar frente a la nueva revelación del rock afroamericano. Eran retro incluso para su tiempo, invocaban el boogie woogie de Chuck Berry y Little Richard. Hasta un Beatle como Paul McCartney la llamó su banda americana favorita.

Fogerty era el más sureño de los californianos. Le encantaba ser un norteamericano, pero durante el tiempo de Nixon en el poder sintió vergüenza del gobierno: se dio cuenta de que estaba separado de la esencia del país. Como muestra, un botón de hace una década: en 2004, se sumó al coro de protestas contra la política exterior de Estados Unidos y comparó en su último disco “Déjà Vu All Over Again” a Irak con Vietnam: "La guerra de Vietnam hizo que me diera cuenta de que el gobierno no hacía necesariamente lo que mi país deseaba. Que es probablemente lo mismo que siento ahora. Este orgullo de estadounidense me sabe un poco diferente; puedo saludar a la bandera, apoyar a las tropas y, sin embargo, estoy en contra de lo que mi presidente está haciendo con esas tropas".

Ahí está la incombustible ‘Fortunate Son’, que expresaba asco por lo que Richard Nixon tramaba, un mensaje que sigue vigente: "Bueno, el tema era tan evidente que se escribía solo. Era obvio que en la época de Nixon los hijos del privilegio político no iban a la guerra. En cambio, les daban un trabajo cómodo en alguna parte, mientras los pobres campesinos de seguro iban a recibir un disparo. Es un enojo que me dura hasta hoy”. John Fogerty, a los más de 70 años, conserva la actitud.

Alfredo Lewin

Publicado en nuestra revista.

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