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Jim Morrison: Fiel a su propio espíritu

Jim Morrison: Fiel a su propio espíritu

Honramos la memoria del Rey Lagarto
Viernes 08 Diciembre, 2017
Jim Morrison: Fiel a su propio espíritu

Su extraordinaria vida, su fama y su propia juventud han alimentado el culto: tal vez si viéramos a Jim Morrison hoy, no estaríamos tan seguros de que todo en el fuera misticismo divino. Pero en la muerte en la que habita, sigue siendo el arquetipo del héroe sin edad, quizá el mayor de todos ellos.

¿Por qué, de todas las ciudades, Jim Morrison eligió la capital francesa para ir a morir? Tal vez hay dos razones para esta decisión: la primera, artística, es que se consideraba un poeta en todos los sentidos y sentía mucha admiración por una gran cantidad de escritores europeos desde la época de la universidad. La segunda razón, judicial, podría ser que el cantante de los The Doors habría caído en prisión debido al escándalo protagonizado en un concierto en Miami, por lo que Francia ofrecía una buena opción, ya que el país galo no tenía acuerdos de extradición por conductas inmorales y corrían rumores de, que si Jim terminaba convicto, podría pasarle cualquier cosa.

Jim Morrison se instaló en París en marzo de 1971 con su novia Pamela Courson, en una de las habitaciones que le arrendó a la actriz Elizabeth Lariviere, ubicada en un edificio del cuarto distrito de París. Durante un par de meses, el cantante se dedicó a pasear y a conocer algo más la ciudad en busca de inspiración. En junio, recibió la visita de su amigo Alan Ronay que, al igual que Morrison, era estudiante de cine en la UCLA, y juntos se fueron a conocer la famosa catedral del Sacre Coeur. Desde ahí, Morrison divisó por primera vez su inminente destino: Pere Lachaise, el cementerio más importante de Paris, construido en tiempos de Napoleón, donde descansan los ciudadanos más ilustres del país y de Europa. Entusiasmado con este cementerio, al día siguiente Jim se pasó toda la tarde recorriéndolo, fascinado con las tumbas de figuras célebres conocidas, comentando a Ronay que le encantaría descansar allí cuando muriera. ¿Es que ya tenía planes Morrison de radicarse y comprar un terreno en ese lugar tan tétrico? Ironías de lado, ¿consideraba no volver a Estados Unidos al punto de ni siquiera hacerlo estando muerto?

Continuando con sus paseos diarios en los días posteriores a su visita a Pere Lachaise, Jim encontró un estudio que ocupó para escuchar sus grabaciones de poesía. Al salir se detuvo en el Café De Flore, legendario restaurante donde encontró a unos músicos americanos callejeros a quienes invitó a grabar al estudio, donde registraron 'Orange Country', canción dedicada a Pamela, registro conocido como “Mojo & The Smoothiers”, que a la postre sería su última grabación, apenas dos semanas antes de su muerte.

La historia oficial, de acuerdo a Pamela Courson, es que ella y Morrison estaban solos en el departamento y en algún momento después de la medianoche del 3 de julio, Jim vomitó algo de sangre. Nada extraño considerando que había estado sintiéndose mal durante varios días. Afirmando que estaba bien y que iba a darse un baño, Jim dejó que Courson se quedara dormida mientras el se encerró en el baño. De acuerdo con el tecladista de The Doors, Ray Manzarek, Pamela le reveló que las últimas palabras de Morrison fueron "Pam, ¿sigues ahí?". A eso de las cinco de la mañana, se despertó percatándose de que Jim no había vuelto a la cama. Luego se dirigió al baño y lo encontró en la bañera con los brazos a los lados y la cabeza hacia atrás con una sonrisa en su rostro. Ella pensó que era una broma. Pero cuando no pudo hacerlo reaccionar, llamó a los bomberos. Fue declarado muerto horas después. Al respecto de la muerte, el mismo Manzarek dijo “sea lo que sea que pasara con el, se fue sonriendo".

La muerte de Jim, el día 3 de julio de 1971, sigue siendo un enigma hasta el día de hoy. Un misterio rodeado de un total encubrimiento de los hechos y de la nefasta actuación de la policía francesa para averiguar las verdaderas causas del fallecimiento. Los últimos momentos del cantante están llenos de contradicciones. Pamela llegó a contar tres variaciones de la historia oficial de su muerte, mientras que el crítico musical francés Herve Muller sugirió que Jim había muerto de una sobredosis dos días antes en la famosa discoteque Rock N Roll Circus.


¿Descansa en paz?

Fue su amigo Alan Ronay quien se encargó de hacer todos los trámites para enterrarlo en Pere Lachaise, lugar donde Jim quería descansar. Al funeral solo acudieron un sacerdote, Pamela, Ronay y su novia Agnes Varda. Nada más llegar y caminar por este cementerio haría que uno se mareara con tantas lápidas célebres, entre las que se incluyen las de Chopin, Oscar Wilde, Allan Kardec, Maria Callas, Edith Piaf, Antonin Artaud y un largo etcétera.

La tumba hoy no es la misma de hace más de cuarenta años. La original contaba con un busto con la figura del cantante que fue robado a las dos semanas del estreno de la película de Oliver Stone, en 1991. La nueva es sencilla y solo indica el nombre del cantante, la fecha de nacimiento y muerte y una frase en griego que significa “fiel a su propio espíritu”. La familia Morrison instaló una placa metálica en la piedra de la lápida con la leyenda, una inscripción en griego que se lee como "Kata Ton Daimona Eatoy". Varias traducciones se sugieren: "el diablo dentro de sí mismo", "para el divino espíritu dentro de sí mismo" y en nuevo griego "el causó sus propios demonios", “la genialidad en su mente" y la más común, "fiel a su propio espíritu".

Hoy día el lugar en que yace Jim Morrison se encuentra acordonado con vallas metálicas de contención, debido al exceso de vandalismo que sufría constantemente por parte de fanáticos del grupo de todas las partes del mundo. De hecho, en la actualidad es la única tumba que cuenta con vigilancia las 24 horas, con guardias de seguridad y cámaras de video. Además de estos problemas, cuando estuvo a punto de finalizar el plazo de renovación de la tumba, los encargados del cementerio, hartos de la gente que llegaba al lugar como si se tratase de una peregrinación, se comunicaron con los descendientes de Morrison, que extrañamente rechazaron el regreso de su cuerpo a Estados Unidos, llegando incluso a un acuerdo monetario para que el cadáver continuara en Pere Lachaise. Donde aún habita y descansa... no sabemos si tan en paz.

Corre el rumor entre los fanáticos de que cuando Manzarek y Krieger se juntaron con Ian Astbury para tocar los temas de The Doors, un grito ahogado y de desesperación se escuchó en la tumba de Jim Morrison.


El gran guión del Rey Lagarto

La historia de la corta vida de Jim Morrison es una de esas dignas de recitar y con especial atención en las anécdotas, la gran mayoría desafortunadas. Una cadena de eventos en ocasiones exagerados en torno a los excesos, el alcohol, las drogas, las actuaciones que prácticamente terminaban en disturbios con un público muy poco satisfecho en ocasiones. He aquí algunas gemas: un arresto en Las Vegas por pelear con un policía, problemas en un avión con destino a Phoenix que terminan con una clásica instantánea de Morrison esposado, otro enfrentamiento con la policía detrás del escenario, tras el cual Jim predispone al público en contra de la autoridad y la más memorable de todas: su detención después de un show en Miami con varios cargos de exposición indecente aumentado por conducta lasciva y libidinosa. A la mayoría de nosotros no nos importaría si Morrison realmente se masturbó en público, sino que simplemente admiramos el hecho de que incluso podría habérsele ocurrido hacerlo.

Nadie puede probar que hizo tal cosa, y, teniendo en cuenta cuántas fotografías se tomaron en ese show, es muy poco probable que haya sucedido porque no hay ninguna prueba concluyente de este hecho.

En torno a este incidente de Miami, recién en diciembre de 2010 una comisión de indultos en Florida perdonó en forma póstuma al cantante de The Doors, o sea lo absolvieron de los cargos que existían en su contra. Una decisión que es incomprensible, perfectamente gratuita y estéril porque no viene a arreglar nada tratándose más encima de Jim Morrison, cuya imagen no requiere ser blanqueada precisamente. El indulto se produjo un día después de que Jim hubiese cumplido sesenta y siete años.

El gobernador saliente de Florida, Charlie Crist, solicitó el año pasado el indulto, que fue otorgado por una comisión de forma unánime. Crist afirmó dudar que Morrison en realidad expusiera su pene en público durante el concierto del 1 de marzo de 1969, y en su argumento quiso dejar en claro que la orden de procesamiento penal en su contra era una mancha en la hoja de vida de un artista consumado. Un antecedente de pena aflictiva por algo que pudo no haber hecho. De hecho, Morrison murió antes de que se le concediera la oportunidad de presentar su defensa. Irónico resulta que después de tantos años de su muerte, Jim resultara absuelto de los cargos que lo llevaron a exiliarse en Francia. Crist remató diciendo “en este caso, la culpabilidad o la inocencia está en las manos de Dios, no la nuestra".

Es el hecho de haber sido convicto el que se tiene que anular o borrar de los registros de Jim Morrison y no simplemente el otorgar un indulto. El perdón total que un tribunal de justicia puede otorgar -como es el caso aquí- está destinado a restablecer los derechos de una persona condenada, no obstante... no implica que el delito no se ha cometido. Aquí es donde aparece Patricia Kennealy Morrison, una de las mujeres de Jim, quien declaró no estar satisfecha con el perdón y dio a entender que su fallecida pareja tampoco lo estaría. Deben recordar que Pamela intercambió votos con el vocalista de The Doors en una ceremonia pagana celta supervisada por un ministro con licencia. El matrimonio era válido, aunque ella dice que nunca presentó los papeles para ponerlo en los registros civiles. Morrison dejó todo su patrimonio a otra mujer, Pamela Courson, su novia desde hace mucho tiempo que estaba con el en París cuando murió. Courson falleció en 1974.

Estas son las propias palabras de Kennealy Morrison: "Jim se sentía, y el mismo me lo expresó en numerosas ocasiones, como un chivo expiatorio del movimiento de la contracultura. Haciendo lo que hizo se convirtió en un objetivo muy fácil, el tenía muy claro todo esto y sabía que irían tras su persona, destruyéndolo, invalidándolo. Fue una completa, barata y cínica estratagema política, eso es lo que siento sobre el perdón".


Morrison resucitado

El renacimiento de la banda, y en especial el de Jim Morrison, comenzó hace ya un par de décadas y ha pasado de ser un modesto renacimiento a una potente avalancha. Aunque las raíces de esta popularidad póstuma no están perfectamente claras, la industria musical tiende a remontar el fenómeno revivalista de The Doors a la película de Francis Ford Coppola, “Apocalipsis Now”, que reservó un lugar destacado para ‘The End’ en 1979. Esta inesperada reexposición fue pronto seguida por la aparición de “An American Prayer”, un álbum de Jim Morrison leyendo su propia poesía -registro de 1971- con el apoyo instrumental que los propios Doors agregaron años más tarde. Aunque las ventas fueron pocas, provocó un mayor interés por esta voz sin cuerpo, por este hecho del pasado. Para ponerlo en una sentencia de la portada de la revista Rolling Stone: "el es hot, el es sexy, el está muerto".

Llegó en 1991 la película de Oliver Stone con Val Kilmer haciendo de Jim, luego el disco tributo “Stoned Inmaculate” y la publicación de una biografía de Jim Morrison. “No One Gets Out of Here Alive” (“De aquí nadie sale vivo”), escrita por Sugerman y Hopkins, que en su último capítulo plantea numerosas preguntas sobre las circunstancias de la muerte de Morrison y la disposición de sus restos. Irónicamente, Jim murió en la misma fecha que Brian Jones, el guitarrista de The Rolling Stones, quien se fue dos años antes en 1969. El cantante escribió un poema sobre Brian Jones justo después de su muerte y lo llamó "Ode to L.A. while thinking of Brian Jones, Deceased". Son estos precisamente los tipos de cuentos oscuros y misteriosos que tienden a estimular a las mentes impresionables que con alguna razón opinan -poéticamente por cierto- que Jim Morrison no está muerto.

En rigor no lo está. Sin embargo, toda esta cronología, todos estos hechos y cifras pierden su sentido frente al aspecto más importante de Jim Morrison y su hálito de vida eterna: la necesidad que aún tenemos hoy en día- tal vez todos nosotros- de contar con un ídolo que sea al mismo tiempo una persona rebelde, alguien con una sonrisa que sea más cínica que malvada, cuya atracción sexual se base en un humeante erotismo, no todo sobre el verse-bien norteamericano. Como James Dean, nada menos.

Las nuevas generaciones de fans de los The Doors, muchos de los cuales no habían nacido cuando la banda alcanzó su peak a fines de los años sesenta, se sienten atraídas por la sensualidad descarada de Morrison, el atractivo de su voz y sus irreductibles letras, pero siempre hay algo extra. Una canción como ‘The End’, en la que Morrison, en una furia digna de Edipo, grita "padre, quiero matarte / madre, quiero cogerte", puede resultar algo embriagadora incluso hoy día para un adolescente. Para muchos, hoy día la mística de Morrison es simplemente que hizo lo que nos dicen que no es correcto.

Alfredo Lewin

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