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Hombres por los aires, patadas voladoras

Hombres por los aires, patadas voladoras

Historias de música y lucha libre
Viernes 06 Abril, 2018
Hombres por los aires, patadas voladoras

Bobby Roode llegó a la WWE el 2016, después de luchar toda su carrera en otras federaciones. Con cuarenta años de edad y varios campeonatos ganados, es un veterano de guerra en el esplendor de su carisma y capacidad atlética, los dos atributos centrales para triunfar en el mundo de la lucha libre. Las batas que viste son un guiño a Ric Flair, acaso el más grandioso luchador de todos los tiempos, y la fluidez de sus movimientos confirma que lleva una vida entera en el ring. Sin embargo, lo que más le gusta a los fans de Roode no son sus años de circo, ni su llamativa indumentaria, ni la calidad de su desempeño. Lo que más le gusta a los fans de Roode es su tema de entrada, 'Glorious Domination', una cruza de Queen y el happy metal épico de letras medievales que fascinó a tantos escolares a comienzos de la década pasada. Cuando Roode hace su aparición, miles de personas exclaman "glorious" al unísono. En la jerga del entretenimiento deportivo, la reacción que consigue un luchador se llama "pop". Para Roode, el "pop" más grande de la noche siempre es el de su entrada. Puede que luego se escuchen fardos de paja volar durante sus luchas, o que haya pocos aplausos ante una eventual victoria suya, pero 'Glorious Domination' siempre causa furor. 

Una buena canción de entrada ayuda a definir la personalidad del luchador y, en casos como el de Roode, incluso puede ser un aspecto vital de su éxito. La idea es que sea lo más expresiva posible, por lo que resulta natural que CFO$, los compositores de la mayoría de los temas actuales de la WWE, hayan recurrido al estilo teatral y dramático de Queen. No es la única vez que ha pasado: una de los principales estrellas de Ring of Honor, Dalton Castle, camina por la rampa al ritmo de 'Dalton Wants It Now', que no es más que una versión instrumental de 'I Want It All' con suficientes acordes cambiados como para no caer en la categoría de plagio, algo así como esa música de comerciales que resulta descaradamente parecida a canciones exitosas. Se trata de una práctica muy común en la historia de la lucha libre. El guionista Vince Russo, uno de los villanos de la extinta empresa WCW (World Championship Wrestling), hacia su aparición con una copia atroz de 'Iron Man' de Black Sabbath. Siempre hay un diálogo entre música popular y lucha libre. Carmella y Sasha Banks, luchadoras de la WWE, entran con temas que parecen descartes de Iggy Azalea y Rihanna. Si algo se pone de moda, seguramente será copiado en algún momento por la compañía de Vince McMahon. 

En los noventa, con el boom del grunge, a las empresas de lucha libre no les quedó otra opción más que actualizar su estética ochentera, colorinche y sobreactuada para ir acorde a los tiempos. Paul Heyman, un genio del entretenimiento deportivo, cita a Nirvana como la principal influencia de su compañía, ECW (Extreme Championship Wrestling), enfocada en los amantes de la violencia, la sangre y el realismo. La era Attitude de la WWE, el período de 1997 a 2002 que hasta hoy es tremendamente añorado por los fans, no era más que una versión suavizada de ECW, cuya visión se expandió también al otro actor preponderante de la lucha libre en ese entonces, la WCW. Gracias a los cuasiplagios, las referencias musicales quedaron clarísimas. 'Smells Like Teen Spirit', o algo muy parecido, sonaba cuando aparecía el enérgico Diamond Dallas Page, mientras Raven, un personaje más enigmático, entraba con un remedo de 'Come As You Are'. Dos de las luminarias principales de la lucha libre de todos los tiempos, Chris Jericho y Stone Cold, citaban en su música las tendencias imperantes del rock cuando el género todavía gozaba de figuración mainstream. Al primero, en la WCW, le asignaron un burdo calco de 'Even Flow' de Pearl Jam; el segundo pidió en la WWE que le confeccionaran un tema basado en su banda favorita del momento, Rage Against the Machine. De hecho, la canción de Stone Cold, llena de guiños a la forma de tocar guitarra de Tom Morello, se llama 'I Won't Do What You Tell Me', en alusión a la letra de 'Killing in the Name', aunque sonaba más parecida a 'Bulls on Parade'. El romance de la lucha con Rage Against the Machine siguió en la década posterior con la música de Jack Swagger, hecha por una banda tributo, Age Against the Machine. 

La lucha libre siempre está buscando inspiración en la música y acercándose a ella. Un empleado de la WWE que goza de trato preferencial, Triple H, sobreviviente de la Attitude Era aún activo y uno de los más altos ejecutivos de la compañía, tiene el privilegio de usar dos canciones de entrada y ambas son de Motörhead. Un tercer tema de la banda fue utilizado por el grupo multigeneracional de campeones mundiales que conformó con Ric Flair, Batista y Randy Orton. En Wrestlemania, el Super Bowl de la lucha libre, Triple H contó con Motörhead en vivo. Lemmy era su ídolo y amigo personal. Por un tiempo, incluso moldeó su vello facial a imagen y semejanza del fallecido inglés. Las relaciones entre músicos y la WWE pueden ser aun más estrechas: en los ochenta, Cyndi Lauper fue partícipe de una rivalidad entre luchadoras que comenzó con 'Girls Just Wanna Have Fun'. En el video del tema, realiza un cameo Lou Albano, una estrella de la vieja generación, quien, dentro del guión de la lucha (conocido como "kayfabe"), se atribuyó el éxito de la canción para comenzar una de las más recordadas aproximaciones entre música y lucha libre de la historia. El conflicto se resolvió en el ring: tanto Albano como Lauper recurrieron a luchadoras para saldarlo y la cantante salió victoriosa. Hasta hoy, Lauper es una figura sumamente respetada en la WWE. En su última aparición, el 2012, rompió un premio en la cabeza de Heath Slater, un "jobber", es decir, la clase de luchador contratado para perder casi siempre y hacer que sus oponentes luzcan bien. 

Con distintos grados de seriedad, varios luchadores han hecho música. The Rock en algún momento grabó, sin salirse de su personaje, un tema con Wyclef Jean. Los discos que sacaba la WWE en los noventa pusieron detrás del micrófono, en calidad de cantantes, a luchadores tan poco aptos para el oficio musical como Rikishi o Kurt Angle. Lita fundó una banda de punk llamada The Luchagors. Entre los que tienen o han tenido aspiraciones profesionales están Chris Jericho, Mickie James y R-Truth haciendo rock, country y hip hop, respectivamente. Pero lo que resulta aun más interesante es el caso de los músicos que han incursionado en la lucha. Artistas como ZZ Top, Kid Rock, Limp Bizkit y Ozzy han participado como invitados en la WWE, pero otros se han involucraron aun más, al punto de trabajar dentro y fuera del ring. Los raperos de Insane Clown Posse, que también saben luchar, han estado bajo contrato en todas las grandes empresas del rubro como competidores y hoy son dueños de su propia compañía, JCW (Juggalo Championship Wrestling), por la que han pasado ídolos de la talla de Mick Foley, los Young Bucks y Terry Funk. A Bob Mould, el brillante motor creativo de Hüsker Dü y Sugar, le gustaba tanto la lucha, que aceptó por un tiempo un puesto en la WCW como guionista. Billy Corgan lleva toda esta década invirtiendo en entretenimiento deportivo: fundó una federación, fue accionista de otra y hoy es el dueño de NWA, una clásica empresa de lucha que se encontraba a mal traer y que el líder de Smashing Pumpkins espera resucitar, básicamente lo mismo que está haciendo con su grupo. 

El involucramiento de Kiss en la WCW, a fines de los noventa, merece un espacio aparte. Siempre dispuesto a licenciar la marca Kiss a un buen postor, Gene Simmons cedió la imagen del grupo para la creación de cuatro luchadores. El primero de ellos, y el único alcanzó a existir, The Demon, fue diseñado a imagen y semejanza del bajista. El presidente de la WCW, Eric Bischoff, el único ejecutivo en la historia de la lucha que ha puesto en peligro el reinado de Vince McMahon y la WWE, era un fanático acérrimo de Kiss con un montón de dinero para gastar y el deseo ferviente de cumplir sus sueños de infancia trabajando codo a codo con su grupo favorito. Su visión resultó ser un fiasco: el público de la lucha era demasiado joven para Kiss y el segmento televisivo en el que la banda tocó en vivo y presentó a The Demon fue uno de los menos vistos en la historia de la empresa. Como todos los fans de la lucha saben, a veces los dramas de backstage y el politiqueo tras bambalinas son igual de apasionantes que lo que sale al aire, y con el despido de Eric Bischoff vino un período de venganza secreta en el que los nuevos ejecutivos ningunearon todas las decisiones del ex presidente, incluido el compromiso con Kiss. Astuto, Simmons había negociado que The Demon tuviese gran protagonismo y fuese parte de los eventos estelares. Sin embargo, nada se cumplió. El luchador que encarnaba originalmente al personaje renunció a medio camino. Su reemplazante, un novato que sólo tenía músculos para ofrecer, terminaría perdiendo de formas indignas. Lo que más se recuerda de The Demon es que le reventaron una lápida en la cabeza durante una lucha en un cementerio. Desapareció poco después sin que nadie lo echara de menos. 

A veces, la música es la que se fija en la lucha libre. Abundan los videos protagonizados por luchadores haciendo lo suyo. CM Punk, que tiene varias conexiones musicales por su amistad con Rancid, salva un aburrido single de Frank Turner apareciendo en el video como adversario del solista. Bastante más peculiar es la participación de la difunta Chyna en el video de 'Enemy' de Sevendust, en el que se enfrenta a un hombre sin brazos. En un plano humorístico, uno de los grandes campeones de los ochenta, The Ultimate Warrior, tortura en el ring a Phil Collins en el video alternativo de 'Two Hearts'. Carente de violencia, pero imposible de dejar pasar, es 'Something to Do with Your Hands', un single de la cantante country Sarah Darling en cuyo video aparece AJ Styles, actualmente el mejor luchador de la WWE, en calidad de galán romántico. Pero, si se trata de música inspirándose en la lucha libre, ninguna historia se compara con la que cuenta Bob Dylan en su autobiografía. Cuando todavía era un músico anónimo y emergente, Dylan se topó en el pasillo de un recinto con Gorgeous George, la más grande estrella de la lucha libre de los años cuarenta y cincuenta. Al ver a Dylan, que todavía iba al colegio, George le guiñó un ojo y animadamente le dijo "¡estás haciendo que cobre vida!". Según el Nobel de Literatura, ese saludo fue un espaldarazo anímico fundamental en su adolescencia, justo lo que necesitaba para seguir adelante en la música. La lucha libre podrá ser "falsa", como apuntan siempre sus detractores, pero las pasiones que genera son absolutamente reales

Andrés Panes

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