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Dime qué escuchas y te diré quién eres

Dime qué escuchas y te diré quién eres

Lo que hay detrás de las rivalidades musicales
Viernes 16 Diciembre, 2016
Dime qué escuchas y te diré quién eres

Dicen que las discusiones sobre política y religión son las peores, pero todos hemos estado alguna vez en una conversación musical que se caldea y termina en un airado debate. Usualmente pasa porque los grupos y solistas que nos marcan forman parte nuestra. Cuando alguien los ataca, nosotros también nos sentimos atacados.

El ingenioso crítico estadounidense Steven Hyden escribe al respecto en “Your Favorite Band Is Killing Me”, su debut editorial en formato XL. Se trata de un libro de rivalidades musicales, aunque deben abstenerse de leerlo quienes busquen los pormenores de los conflictos indexados o un relato que obedezca a las normas del periodismo investigativo. La pista sobre su verdadero contenido está en el subtítulo “What Pop Music Rivalries Reveal About the Meaning of Life”, es decir, lo que las rivalidades de la música pop revelan sobre el significado de la vida.

Hyden parte desde una noción básica: eres lo que te gusta, el credo de “Alta fidelidad”. Cuando tienes un lazo estrecho con un disco, una conexión que comúnmente se establece en períodos de vulnerabilidad, te relacionas con él como si fuese un confidente que convierte tus emociones y pensamientos en arte, y que además te hace sentir mejor. “Es la versión socialmente aceptable de tener un amigo imaginario”, escribe el autor, convencido de que las rivalidades casi nunca son sobre la música en sí, sino sobre la forma de ver el mundo que esa música representa. Por ejemplo, The Smashing Pumpkins versus Pavement sería, en el fondo, la meticulosidad de Billy Corgan contra la desprolijidad de Stephen Malkmus, mientras Oasis versus Blur simbolizaría una lucha entre el rock directo y su pretencioso polo opuesto.

“Your Favorite Band Is Killing Me” no ofrece veredictos ni zanja rivalidades. Se enfoca en las problemáticas humanas a las que llega a partir de las rivalidades abordadas. Seguir a Hyden implica un voto de confianza en su criterio. A veces, se interna en caminos que parecen laberintos, como una extensa tangente sobre el grupo Ween situada al medio del ensayo dedicado a Jimi Hendrix y Eric Clapton (un mano a mano entre extinguirse con rapidez y extinguirse con lentitud), pero justifica cada vuelta y siempre llega a destino. Que, en el caso citado, acaba siendo una reflexión sobre madurar y asumir que no se puede ser cool para siempre.

En la telaraña de argumentos de Hyden, tiene sentido que, mediante Jack White y su conflicto con los Black Keys, se analice cómo los estereotipos de masculinidad complican las posibilidades de que los hombres sobre 30 hagan nuevos amigos. O que Pearl Jam y Nirvana sirvan para pensar en lo duro que es ser reprobado por alguien que admiras. Incluso los Beatles y los Stones salen al baile, en un capítulo con frases que encapsulan el estilo coloquial del autor: “Los Beatles son la persona con la que te quieres casar y los Stones son la persona con la quieres fornicar. Si pudiera casarme con una banda, me casaría con los Beatles, pero nuestra sociedad todavía no reconoce los derechos matrimoniales de las uniones entre bandas y personas. Supongo que no puedes tener sexo con una banda tampoco, pero “Sticky Fingers” es lo más cerca que el rock ha estado de parecerse al sexo, así que prefiero a los Stones”.

Andrés Panes

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