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Black Sabbath: La hora final ha llegado

Black Sabbath: La hora final ha llegado

Anécdotas e historias de los padres del heavy metal
Jueves 17 Noviembre, 2016
Black Sabbath: La hora final ha llegado

Los padres del heavy metal quieren descansar y enfrentan su última gira que llega al Estadio Nacional el 19 de noviembre. Geniales, decadentes -siempre imprescindibles-, dieron vida a una cultura que comprendió al mundo como un sitio siniestro de guerras y delirio. Música pesimista y densa pero la joda les gustaba con todo. Desde prender fuego a Bill Ward, apariciones demoniacas, y la posibilidad de Michael Bolton como vocalista, acá algunos episodios desconocidos de la banda más legendaria de Birmingham. 

Fue la mamá de Tony Iommi quien insistió, debía volver a la fábrica de metales donde trabajaba. “Era mi último día”. El zurdo guitarrista tenía 17 años, y partiría a tocar a Alemania para dejar atrás su vida como obrero. Hizo el turno de la mañana, fue a casa para almorzar y dijo que no regresaría. “Ve a terminar el trabajo como corresponde”, replicó su madre. Aunque Tony era un tipo rudo entrenado en defensa personal para lidiar con las pandillas de su zona, también era obediente. Rato después una máquina le amputó las puntas de los dedos medio y anular de la mano derecha. Cogió una botella plástica de lavalozas, la derritió y se hizo las prótesis más famosas de la historia del rock. Un accidente de fenomenales consecuencias porque para alivianar la tensión de las cuerdas, bajó la afinación dando origen a los riffs más oscuros creados hasta entonces. Casi medio siglo más tarde Black Sabbath enfila hacia las últimas fechas de su gira de despedida bautizada como The End. El 4 de febrero de 2017 actúan en su natal Birmingham y sería todo. “Esto será lo último de Black Sabbath”, subraya Geezer Butler en escueto diálogo vía mail para Rockaxis, aunque Iommi en declaraciones a distintos medios desliza la posibilidad de futuras colaboraciones. “No significa que no vayamos a tocar juntos nunca más, solo que estamos dejando las giras”. Butler difiere, las posibilidades de algún nuevo proyecto son mínimas. “Quizás después de un largo descanso, pero es muy improbable”. También confirma que no han filmado el tour por lo tanto no habrá documental, pero que planean registrar una fecha. Para la leyenda del bajo tocar en el Estadio Nacional no reviste mayor relevancia -“el tamaño del público no me afecta, me pongo más nervioso en un club pequeño”-, como confirma que el set list se inclina hacia las canciones de “Paranoid” (1970), el álbum más representativo de Black Sabbath.

Los fundadores del heavy metal rechazan el concepto. Como dice Ozzy Osbourne “odio esa terminología porque va desde Poison hasta los malditos Black Sabbath, y hay una puta diferencia”. Sin embargo cuando se divertían parecían encarnar una canción de Poison. Como contó Ozzy a Rolling Stone, la primera vez de la banda en California fue Sodoma y Gomorra. “La gente era cool, el tiempo era estupendo, nadábamos en una piscina en la medianoche, teníamos drogas, alcohol, mujeres y jodidas fiestas. Fue una gran manera de pasar nuestros años de jóvenes”. Ahora es diferente. “Tenemos aviones privados, las mejores suites en hoteles, pero la desventaja es que no hay drogas ni mujeres”. Para el cantante sus excesos del pasado ahora son incomprensibles. “No entiendo por qué salía, me llenaba de Jack Daniels y tenía una bolsa de polvo blanco hablando hasta el amanecer, pensando que era divertido”. Los excesos le pasaron la cuenta al grupo y Ozzy fue el primero en naufragar: “El éxito te cambia y me afectó. Estaba lleno de cocaína y todo el resto de la porquería que acostumbraba. No había ningún problema que no creyera que podía solucionar en el baño de un hotel”. En 1979 cuando Ozzy fue despedido por el baterista Bill Ward, en aquel tiempo también encargado de los negocios del grupo, le dijo que la decisión provenía directamente de Tony Iommi, cuando en realidad él y Geezer habían dado un ultimátum al guitarrista para que eligiera entre ellos y Osbourne.

Tony Iommi se hizo legendario por sus bromas y la peor parte solía llevársela Bill. En una ocasión, para asustar al productor Martin Birch (Deep Purple, Iron Maiden) que estaba genuinamente preocupado por trabajar con ellos por su fama de aficionados al ocultismo, le prendió fuego a la ropa del batero, un numerito que habían practicado varias veces. Mientras Bill daba vueltas en el piso tratando de apagar las llamas, Tony creyó que estaba exagerando y le arrojó más alcohol. Su compañero resultó con quemaduras de tercer grado. En otra ocasión en Los Angeles ayudó a pintar de la cabeza a los pies a Ward con esmalte dorado. El músico reaccionó con convulsiones. “¡Idiotas! Podrían haberlo matado”, les gritaron en la ambulancia cuando lo llevaban de urgencia al hospital.

Otra broma pesada le cayó a Ian Gillan durante su fugaz paso como vocalista del que surgió el disco “Born Again” (1983), el periodo en que Black Sabbath se parecía cada vez más a Spinal Tap. Alojados en una de las casas del empresario Richard Branson para sesionar, Gillan decidió alojar al aire libre montando una carpa cerca de un lago. Tony y el resto de la banda se fue de copas y cuando regresaron rodearon la tienda del legendario cantante de Deep Purple con gran cantidad de fuegos artificiales. Al encenderlos se produjo una explosión que levantó la carpa, y se provocó una columna de humo similar un pequeño hongo atómico. No solo eso, sino que los peces del lago murieron tendiendo un manto en la superficie del agua.

La leyenda cuenta que Geezer observó que frente al local donde ensayaban como un ensamble dedicado a un blues más pesado en sus primeros años, había un cine donde se pasaban películas de horror, siempre repleto. La conclusión fue que la gente pagaba por asustarse y que ellos podrían hacer lo mismo con la música. Según Iommi en declaraciones a The Guardian “teníamos interés en lo oculto” y fue así como arrastraban a un público peculiar. No solo había hombres sino también chicas que se atildaban como brujas para asistir a sus conciertos. “Una noche volvíamos al hotel y había una fila entera de ellas con capas negras sentadas en el suelo cantando. Tuvimos que pasar sobre ellas para llegar a nuestras habitaciones. Al final les apagamos las velas cantando cumpleaños feliz. Eso realmente les cabreó”.

De la discografía de Black Sabbath, Iommi cree que el punto de inflexión llegó con “Sabbath Bloody Sabbath” (1973). En una entrevista de 1992 para la revista Guitar Player, el guitarrista contó que para ese álbum intentaron grabar primero en Los Angeles bajo las mismas condiciones de “Vol.4” (1972). Rentaron la misma casa, compraron las mismas drogas esperando que la inspiración llegara y, nada. El grupo volvió a Inglaterra pensando seriamente que había perdido la chispa. Entonces arrendaron un viejo castillo en Gales y trasladaron la sala de ensayo a un calabozo. “Después de escribir ‘Sabbath Bloody Sabbath’, las cosas comenzaron a surgir rápidas y furiosas otra vez”.

Los años junto a Ronnie James Dio marcaron un resurgimiento con “Heaven and Hell” (1980) -“Ronnie estaba muy entusiasmado de unirse a la banda, pero creo que era difícil para él llenar los zapatos de Ozzy”-, pero con “Mob Rules” (1981) las drogas estaban causando estragos al interior del grupo nuevamente, mientras los encontrones con Dio aumentaban. El cantante se fue, llegó Ian Gillan, no funcionó y lo siguiente, insólito: una futura súper estrella de la balada entre los posibles reemplazos. “Teníamos miles de cintas y una de ellas era de Michael Bolton antes de ser famoso. Era bueno para ser honesto, pero teníamos tantas que se nos confundió”.

La afición por lo oculto en Black Sabbath proviene de Geezer, el principal letrista. Criado en un hogar profundamente católico y con ancestros italianos, la imaginería en torno a lo siniestro y diabólico venía desde su infancia. Su habitación estaba pintada de negro con cruces invertidas pero aquella oscuridad mutó hacia un tema que realmente inquietaba al bajista: la guerra. “La guerra fue el tema principal (de nuestras canciones). Mis hermanos estaban en el ejército y pensé que tendría que ir a pelear a Vietnam. Luego estaba la bomba atómica y la sensación de que todos íbamos a ser volados”. Geezer también hablaba de Dios y a la vez del demonio, cuya imagen asegura haber visto en la adolescencia. “Era una figura negra con cuernos y todo. Me asusté y fue cuando empezamos a advertir contra el satanismo”. Para Ozzy Black Sabbath nunca estuvo particularmente interesado en el ocultismo. “Era un hobby hasta que empezamos a recibir invitaciones a ritos de magia negra en cementerios (...) pero si escuchas las letras no hay nada pro magia negra y pro culto satánico. Es como (la canción) ¿Dios está muerto? Al final dice ‘no creo que Dios esté muerto’, pero ellos solo escuchan las palabras ‘Dios está muerto’”.

Marcelo Contreras

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