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Arcade Fire: Al siguiente nivel

Arcade Fire: Al siguiente nivel

Entraron a una nueva etapa tras sortear una crisis
Lunes 04 Diciembre, 2017
Arcade Fire: Al siguiente nivel

Hasta hace poco, todo iba viento en popa para Arcade Fire. La mayoría de la prensa le dedicaba elogios a cada cosa que hacían. Contaban con la adhesión de respetados colegas como James Murphy de LCD Soundsystem o el fallecido David Bowie. La industria los premió con un Grammy en la categoría Álbum del Año. Las ventas de sus discos no andaban nada mal, las de sus conciertos se volvieron suculentas. Era una trayectoria sin mayores sobresaltos, pero bastó que llegaran el 2017, "Everything Now" y los malos asesores de prensa para que la canasta dejara de estar limpia. La campaña promocional de su último disco fue tan desastrosa, que a Win Butler no le quedó otra alternativa más que reconocerlo abiertamente, decirlo en entrevistas porque ya era un asunto que figuraba en las pautas de los reporteros. Reinaba el desconcierto en torno a la estrategia de marketing usada por los canadienses. La agresividad con la que sobrecargaron de información a la audiencia y a los medios de comunicación terminó pasándoles la cuenta.

En el punto más álgido de la controversia, se publicaron artículos que los tildaban de clasistas por imponer un código de vestimenta para un show en Brooklyn. Se alegaba elitismo de su parte por pedir que nadie asistiera usando jockey, shorts o chalas, entre otros artículos de vestuario prohibidos. Además de reservarse el derecho de admisión, que en otras palabras significa dejar fuera a gente sin dar explicaciones, la banda anunció que todos los celulares quedarían retenidos en la entrada. La molestia escaló hasta que los acusaron de fascistas. Ahí se rebasó la copa: el grupo le puso fin a su relación con el publicista que diseñó el lanzamiento. No más noticias falsas, no más parodias de reseñas, no más merchandising irónico. Tannis Wright, el promotor despedido, fue acusado por la banda en sus propias redes sociales de haber pasado el límite entre el marketing y la ficción con su ambiciosa campaña, de la que se descartaron creativamente argumentando que fueron seducidos por el entusiasmo inicial del aludido. El comunicado daba a entender que estaban conscientes de las molestias causadas y anunciaba que el grupo retomaría el control de sus redes sociales y el mando de su difusión.

Hubo otros coletazos, desde el término de la relación con el manager que tuvieron por 12 años hasta el autoexilio de Twitter de Win Butler, pero las semanas le han dado la razón a Arcade Fire. A punta de conciertos que pulverizan los argumentos de sus detractores, que usualmente echan mano a razones extramusicales para lanzar dardos, han vuelto a tomar las riendas de su propia narrativa, que no es la de unas estrellas malcriadas dispuestas a saturar al planeta entero con su invasiva presencia, sino la historia de una banda que cree en las propiedades curativas de su música y quiere cambiar el mundo a punta de canciones épicas. Sobre la gira que traen a Chile, una fuente confiable como el sitio UPROXXX reporta: "Arcade Fire prueba que forma parte de esa rara especie de grupo que puede sobreponerse a un disco mal recibido para entregar un show genuinamente poderoso. Alcanzaron la etapa Pearl Jam de su carrera en la que pueden hacer la música que quieren sin preocuparse de la viabilidad crítica y comercial. Son demasiados grandes para fallar, y aun si fallan, a sus fans no les podría importar menos".

La inspiración espiritual del Infinite Content Tour es Paul McCartney. Win Butler lo vio en vivo por primera vez poco antes de iniciar el ciclo de "Everything Now". Como fan, sintió admiración, pero como colega, la envidia lo carcomió. No podía creer la emoción que un sinsentido como 'Ob-La-Di, Ob-La-Da' lograba concitar. "Qué canción más perfecta. No se trata acerca de nada e hizo que cincuenta mil personas la cantaran. Es como un truco mágico", comentó. A diferencia de lo que hicieron en el estudio, donde se pasaron de listos tratando de parodiar a la mismísima internet, en vivo los de Montreal se entregan a la emoción dejando de lado el cinismo. En sus mejores momentos, tienden un puente entre la tradición springsteeniana de las canciones a corazón abierto y las inclinaciones más festivas de su repertorio de los últimos años. "Arcade Fire, por ahora, es una banda para bailar. Sintetizadores y gruesas líneas de bajo dominan su música", escribieron en el Washington Post recientemente.

La comunión que logran con el público sigue siendo el principal encanto de un espectáculo de gran tamaño, pero armado de detalles microscópicos y otros no tanto, como el carisma de Regine Chassagne, quien, según reiteran varias reseñas de conciertos, se roba la película cada vez que asume la voz cantante. Después de lo que pasó con "Everything Now", los detractores menos templados vaticinaban la inmediata decadencia de Arcade Fire, pero el presente indica que la crisis sólo fortaleció su convicción en una propuesta que, si bien a veces peca de grandilocuente, nunca ha perdido la sensibilidad que la hace conectar con tantos corazones.

Andrés Panes

Arcade Fire se presentará el 11 de diciembre en el Movistar Arena de Santiago.

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