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Andrés Bobe: Cuando vuele con mis alas

Andrés Bobe: Cuando vuele con mis alas

Recordando al fundador de La Ley, a 24 años de su muerte
Martes 10 Abril, 2018
Andrés Bobe: Cuando vuele con mis alas

9 de abril de 1994. Andrés Bobe junto a Luciano Rojas, Beto Cuevas y Mauricio Clavería están a punto de subir al escenario del Gimnasio Municipal de Conchalí para realizar un concierto a beneficio de la hija de Héctor Robles, por entonces jugador de Palestino. Es el mismo Andrés quien ha liderado la campaña, desde una sensibilidad especial que siempre tuvo con los niños y los animales. Viste una camisa de franela larga en homenaje a la muerte de Kurt Cobain, ocurrida días antes. Se cuelga su Fender Stratocaster Negra para abrir el concierto junto a sus compañeros con una canción inédita hasta esa fecha, 'Animal'. Fue su última vez en vivo.

Tejedor de ilusión
Eran días importantes para la internacionalización de La Ley y Andrés lo tenía claro. Los buenos resultados del trabajo con el maxi single "Cara de Dios" junto al productor internacional Humberto Gatica, sumado a la firma con Warner Music y dos exitosos pasos por el Festival de Viña, eran el escenario perfecto para hacer un gran disco, que estaba en construcción. Su producción a la fecha -"Desiertos", "Doble opuesto" y "La Ley"- daban señales de una banda en constante evolución, buscando la perfección sónica. Su hermano, Germán Bobe, quien hoy conserva sus guitarras Fender -una de ellas con las mismas cuerdas de ese último show- y cintas con material inédito, aquellas jornadas. “Estaba muy claro y focalizado. Todo lo que se concretó en México, todas las negociaciones que hicieron que la banda fuese una agrupación internacional, fue labor de Andrés”, afirma.

El concierto de ese 9 de abril transitó de forma normal. Andrés siempre al costado derecho de Cuevas, lucía misterioso entre las luces. El público corea las canciones. Es el éxito y el fiato que el grupo de amigos: Bobe, Rojas, Cuevas y Clavería han construido a punta de ensayos, melomanía, tardes de conversación, de no escuchar la prensa que los cataloga como un “invento pop”, justo en el auge del grunge, de ser perseverantes y profesionales, ante todo. La visión foránea musical y artística de Andrés -por el trabajo de su padre como piloto de Salvador Allende creció entre, Egipto, Alemania y Estados Unidos-, contrasta con una escena chilena aún en búsqueda de su identidad y profesionalismo. “Había muy poco en esos años de música chilena. Venia una especie de despertar de nuevas bandas. La Ley impactó, sobre todo con sus conciertos en vivo, como trabajaban, todo muy cuidado, el sistema de luces, un staff. Bobe era una figura y fue clave en un momento donde no había nada, por eso su legado aún marca” afirma Francisco González, músico y ex baterista de Lucybell.

Sin embargo -según cercanos- también se vivieron las primeras tensiones entre Bobe y Cuevas. Trabajaban bien juntos, pero la sobreexposición del cantante, y frases de la prensa como “la banda de Beto Cuevas”, muchas veces hacieron sentir a Bobe que La Ley se desperfilaba, que se convertían sólo en una imagen (aunque fuera muy importante), más que una banda de rock pop como New Order o The Smiths. Por ello Bobe, siempre en la búsqueda de expandirse como artista,  comenzó a trabajar en proyectos paralelos, como un disco solista y se aprontaba a producir el debut de Lucybell. “Él se nos acercó en un concierto en La Batuta y nos ofreció ser el productor del disco. Fue a unos ensayos a escuchar las canciones. Nos apadrinó, nos invitó a telonear a La Ley, cosa que nos ayudó mucho, a él le gustaba mucho la banda”, recuerda González.

El productor
Una de las claves del éxito de "Doble opuesto" o "Tejedores de ilusión" fue la dupla de producción que se armó entre Bobe y el experimentado Mario Breuer (Charly García, Andrés Calamaro, Soda Stereo). Breuer recuerda con mucho cariño “el laburo” con Bobe. “De alguna manera Andrés Bobé era en cierta manera el director musical, pero aquello no invalidaba la opinión de nadie en cualquier aspecto. Ni Beto Cuevas ni Andrés se metían con las baterías de Mauricio Clavería, que a mí me sorprendió el pedazo de baterista que era, Luciano Rojas se ocupaba de su base, de ponerles graves a la música. Con Andrés teníamos una química muy especial, sí a mí se me ocurría algo, él enseguida complementa la idea no con una contra sino con una sobre-propuesta y viceversa”, recuerda desde argentina del destacado productor lationamericano. "Trabajar con Andrés fue increíble. El día que murió me llamó Mauricio y me contó. Rompí en llanto tremendo porque realmente fue un artista muy talentoso, un artista de una familia de artistas. Y por eso era el artista que era”, concluye.

Otro de los que recuerda a Bobe como un tipo que la tenía clara desde el comienzo es Claudio Narea quien fue compañero de Bobe en la Facultad de Música de la Universidad de Chile entre 1983 y 1984. “Una vez fui a estudiar matemáticas a su casa, conocí su banda Paraíso Perdido, después me lo topé con La Ley y yo estaba en Profetas y Frenéticos. Siempre hablaba de Génesis, Ritchie Blackmore, Whitenake, después creo le empezó a gustar U2. Fui a su funeral también”, recuerda. Y el destino es circular: Bobe y Luciano Rojas fueron público de unos de los primeros conciertos de Los Prisioneros frente a muy pocas personas, en su mayoría músicos. Bobe diría años más tarde antes de tocar en el Festival de Viña de 1993 que le gustaba el disco homónimo de Jorge González.

La auto-ruta
Bobe siempre buscó, antes que todo, la seriedad artística. Antes que las fotos, el disco debía sonar impecable. Antes que el look, las canciones debían ser inapelablemente buenas. Podría pasar meses buscando un sonido en particular, como lo hizo antes de formar La Ley. Cuevas asumió el rol de letrista, Bobe la música, y redondeaban con arreglos precisos de Rojas y Clavería. Era un grupo de trabajo, pero, ante todo, una banda de amigos con grandes inquietudes artísticas. Nada quedaba al azar, ni las luces, ni las mezclas en vivo. “Yo debo haber tenido 20 años y ya La Ley era una banda grande y Bobe ya era muy destacado como guitarrista y compositor. Era un referente, un tipo importante para nosotros como Lucybell y que él se haya acercado a nosotros con esa seguridad, fue muy importante. Él incluso nos ayudó con Polygram, se tomó muy enserio el tema de producirnos. Tengo un gran aprecio por él, confiaba plenamente en su trabajo”, destaca Francisco González.

Bobe como melómano (su hermano Germán guarda una gran colección de discos) sabía que si el proyecto no tenía la consistencia artística necesaria, nada tenía sentido. Por ello, su sonido tan particular de guitarra, escuela entre Johnny Mar y The Edge la trabajó muchos meses encerrado junto a sus colegas. “La verdad para mi Bobe fue más que un guitarrista. ¡Fue un gran compositor y el primero en elaborar un proyecto artístico ligado al pop de la época con más proyección que ningún otro! Por el lado de su sonido es más bien esa puerta que da con los 80 en el terreno de efectos. Fue como un The Edge con tinte funk. Aun así creo que su verdadero legado está en su composición, el trabajo de montaje de secuencias, algo que en esa época era poco habitual por estos lados”, afirma Rodrigo “Yoyo” Otero, guitarrista de Casanova y Nicole. “El respeto que se le tiene a su obra es porque Andrés era un adelantado a su época, por su forma de ver la música, no tenía una visión tan localista, más bien mezcló lo internacional con lo local sin ningún prejuicio y eso tiene un valor incalculable” añade Alejandro Gatta (Solar, Tsunamis, Fernando Milagros).

Material póstumo
Tras el concierto de ese 9 de abril y posterior celebración, intentaron que Andrés viajara en auto a su casa, el músico se negó. Su novia Constanza Piwonka intuyó que no era seguro ese viaje, por lo que se fue en auto. Andrés se alejó lentamente en la madrugada santiaguina del 10 de abril 1994. Luego de algunos minutos de viaje, perdió el control de su moto impactando contra un árbol y la solera en las esquinas de Monseñor Edwards y José Ortega y Gasset, en la comuna de La Reina. A pesar de llevar casco, el impacto fue tan violento que Bobe quedó inconsciente para luego fallecer rumbo al hospital. “Me impactó mucho la muerte de Bobe, me dolió, fui a su funeral, había un mar de gente. Nadie se imaginaba que Andrés, el mismo que había entrado nuestro camarín horas antes, había fallecido”, reflexiona González, quien con Lucybell teloneó a La Ley en ese último concierto.

Quedaron algunos proyectos pendientes para Bobe y La Ley, como una presentación en el Festival de Acapulco (México) programada para mayo de ese año. Por ello La Ley rápidamente convocó a Pedro Frugone para asumir como guitarrista. El músico recuerda lo difícil de la situación. “Estaba destruido, pero a la vez había que sacar adelante a la banda. Siempre fui muy amigo de Andrés, no solamente en la música, si no también de fiestas, de cómo veíamos las cosas en general. Tenía un humor muy especial, era muy sarcástico y mucha gente no lo entendía, pero a mí eso me parecía genial. Con los años forjamos una amistad muy sincera. El tema de reemplazar Andrés en La Ley no fue fácil, porque como músico era irremplazable. Tuve la oportunidad de entrar a una muy buena onda banda, con muy buena gente (otras no tanto) y músicos de primera como Luciano, Mauricio, Coti y con ellos hicimos cosas muy lindas”, expresa hoy.

Un nuevo día vendrá
German Bobe cree que, de estar vivo, su hermano las cosas serían muy distintas. “Andrés era una persona de gran fuerza vital y liderazgo con visión de futuro constructiva. Quizás hoy seguiría creciendo con su grupo, La Ley. Seguramente llegando aún mucho más lejos de lo que logró la banda. Su base de fans en Chile seria mayor. También creo estarían convertidos en una banda con mayor reconocimiento y éxito internacional, sin duda haciendo crossover al mercado anglo. Logrando conquistar el mercado estadounidense y europeo, japonés, chino etc. Su carrera solista también tendría varios discos a su haber y seguramente colaboraría con muchos artistas talentosos que requerían su visión y guía musical”, enfatiza.

Ante una posible reunión de los cinco históricos integrantes de La Ley, Germán Bobe se muestra optimista. “Ojalá cada cual logre concretar sus proyectos musicales de manera exitosa. Yo espero poder reunir a la banda a futuro, aunque sea una noche, un concierto, espectacular eso sí, celebrando la salida de la reedición que haremos del álbum Desiertos”, comenta, agregando que hay material inédito esperando ser publicado.

Jaime G. Sanhueza

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