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South of Heaven

South of Heaven

South of Heaven

Martes 28 Junio, 2011
1988. Def Jam Records
 
Hablar de Slayer en esta sección implica un vertiginoso viaje al tiempo de mi niñez, cuando estando en el colegio cayó en mis manos un diabólico vinilo titulado "“Show No Mercy”", en 1983.  Ese metal crudo, acelerado y desprolijo de inmediato captó profundamente mi atención. Como la vida está llena de metáforas e ironías, recuerdo el placer malévolo que me producía a mí y mis compañeros “metaleros” el hecho de llevarle el disco al DJ de la radio del colegio, para que en el recreo pinchara algún tema del grupo “a todo chancho”. Quizás lo anterior en cualquier establecimiento “normal” no hubiera sido considerado tan terrible, pero cuando estás en un colegio católico donde la mayoría de los profesores son curas, imagínense la escenita… era como ser protagonista del video clip de ‘'I Wanna Rock’' de Twisted Sister, con la vieja de religión pillándote el disco de Slayer debajo del pupitre.
 
Recuerden que por esos años no existía aún Internet ni tampoco alguna revista especializada “profesional” dedicada al tema en Chile y sólo era posible conseguir fanzines fotocopiados, muchas veces ilegibles. Recuerdo que Las Últimas Noticias, incluía los domingos un suplemento juvenil de música llamado “Clip-Clap” con una o dos páginas dedicadas al hard rock y heavy metal. Creo que ahí fue que por primera vez leí el “rumor de que el vocalista de Slayer era chileno”, pero bastaba con tomar cualquier disco de la banda y ver las fotos de Tom Araya para cerciorarse de aquello...
 
Lo cierto es que tiempo después y de la mano de Rick Rubin y bajo el alero del sello Def Jam, una disquera íntegramente formada por artistas rap y hip hop, Slayer daba su gran batatazo mundial con su seminal y brutalísimo “"Reing In Blood”" (1986). Ya con “"Hell Awaits"” (1985), Slayer había conseguido una adhesión masiva en nuestro país, pero con “"Reign... "” fue una explosión y el álbum fue calificado como “el disco más brutal de todos los tiempos”. En esa época el thrash metal era sinónimo de extremismo musical: no existía nada más rápido, veloz y agresivo y ciertamente esa fue la piedra angular en la que se basarían años más tarde los nuevos subgéneros del metal.
 
Así, todos estábamos expectantes cuando Slayer lanzó su cuarto disco, pero nadie sabía el título ni la fecha de publicación, por lo cual había que estar constantemente yendo a las disquerías Rock-Shop o Fusión en Providencia para preguntar “si había llegado algo nuevo de Slayer”. Qué provinciano. Un día después del colegio, tomé el Metro y me fui a la “Fusión” pero como era la hora de almuerzo, la tienda estaba cerrada. De todas maneras, miré la vitrina y de repente vi una carátula de tonos rojizos con un cráneo blanco lleno de pequeños demonios. Era “"South of Heaven"”. Tenía dos opciones: quebrar la vitrina y salir arrancando con la copia o hacer hora hasta las tres. Opté por la segunda, pero cuando entré me di cuenta que también había llegado el último de Judas Priest, "“Ram It Down"”, aunque como tenía un amigo fanático de Priest pensé “que él se compre el de Judas y yo me llevo el de Slayer y después cambiamos”. El camino de regreso a casa se me hizo interminable, pero la ansiedad pronto dio paso al meticuloso ritual de apertura del vinilo sellado, con mucho cuidado para no romper el celofán protector. Desde chico siempre escuché en mi casa que “cuando uno cuida sus cosas, te duran mucho más”.
 
Al fin salieron así los primeros acordes de la canción ‘'South of Heaven'’, lentos, retorcidos, pero aterrorizantes y malignos, y el enfermo beat de batería de Dave Lombardo, quien por suerte había vuelto a la banda convencido por su esposa, ya que en la gira de “"Reign In Blood"” se había ido aduciendo que no estaban ganado dinero y fue sustituido por Tony Scaglione de Whiplash. El tema dejaba de manifiesto la decisión del conjunto de hacer de este su disco más lento y arrastrado, lleno de riffs de afinación baja y acordes graves, muy lejos de los 210 golpes de batería por minuto de su antecesor. El grupo estaba consciente que no se podía competir contra el monstruo del ’86 y decidió irse justo por la dirección opuesta.
 
Otro aspecto que llamó la atención fue que Tom Araya cantó líneas mucho más extensas sin abusar de los gritos chillones. Su voz se escuchaba más limpia y comercial pero sin perjudicar la agresividad. De todas formas, la placa incluía temas devastadores como ‘'Silent Scream'’ y '‘Ghost of War'’, aunque no representaban la totalidad del álbum que se decantó por los mid tempos. Con el correr del tiempo, el trabajo fue entregando los que se convertirían en clásicos en vivo como el propio tema título, ‘'Behind the Crooked Cross'’, '‘Spill the Blood'’ y el espeluznante ‘'Mandatory Suicide’', que con sus riffs retorcidos se transformó en una lacerante guillotina. Pero detrás de lo evidente, el disco escondía pequeñas joyas como la inmensa '‘Read Between the Lies’', con una letra derechamente en contra de los curas y sus ansias de riqueza, y el brutal cover de Judas Priest ‘'Dissident Agressor'’, un favorito de siempre de Jeff Hanneman y Kerry King.
 
Y a propósito del ahora calvo guitarrista, él mismo me contó en su última visita que de este disco no se sentía muy orgulloso de ‘'Cleanse the Soul'’ porque "tenía “un riff de mierda muy “happy” al comienzo que destruyó toda la canción; es una de las que más odio de Slayer"”. Como ven, King sigue sin tener pelos en la lengua como cuando se ponía esa impresionante muñequera llena de clavos de 4 pulgadas en el roñoso VHS “"Combat Tour Live At Studio 54”", donde unos primerizos Slayer compartían escenario con Exodus y Venom. Se supone que al sur del cielo está el infierno y tras 20 años, este disco no ha perdido un ápice de su fuerza brutal. Por algo es un Clásico del Metal.
 
Cristian Pavez
 

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