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Streets: A Rock Opera

Streets: A Rock Opera

Streets: A Rock Opera

Martes 28 Junio, 2011
1991. Atlantic

Entre “Tommy” de The Who y los “Avantasia” de Tobias Sammet  han pasado más de tres décadas en las que el rock ha tratado de importar la esencia de la ópera al estruendo de sus guitarras, lo que se ha registrado en resultados distintos, como caprichosos, según el approach escogido por las bandas.
 
No los culpemos. La ópera es una expresión multidimensional que junta las artes visuales, la narración, el género dramático y, por supuesto, la música. Mientras que el rock sólo ha contado con los surcos del vinilo, las cintas de los cassettes, las pistas de los cedés o los bytes del MP3, dependiendo de la época, para capturar todos esos ingredientes, lo que físicamente es imposible. Así, unos se han concentrado en la acción; otros, en los personajes interpretados por un sinfín de invitados. Y han existido algunas que se han limitado sólo a rescatar los timbres de la música clásica con arreglos y adaptaciones. Hay trabajos que rebosan elementos de la ópera por más que sus títulos no invoquen esa palabra, como los de King Diamond u “Operation: Mindcrime”. Otros en cambio dicen serlo aunque las canciones no lo prueben. Ese es el caso de los “A Night At The Opera” de Queen y Blind Guardian.
 
¿Por qué habríamos de destacar la primera ópera de Savatage dentro de todo el espectro? ¿Y por qué esta por sobre las más complejas, decoradas, elegantes y majestuosas “Dead, Winter Dead” o “The Wake Of Magellan”? “Streets: A Rock Opera” va más allá de retratar el mejor momento de esta banda norteamericana hecha leyenda en Europa... se trata de un álbum que rompe las leyes físicas ya que desde el disco explotan con impactante veracidad –y emotividad– todos los engranajes de la ópera tradicional, la ambientación en Nueva York, el relato infestado por la decadencia de los lugares, el carácter de sus desgraciados personajes... todo, por lo gráfico de una música espectacularmente acorde a los viajes entre el cielo y el infierno, bastantes reales por cierto, que hace el protagonista y que le dan toda esa estampa de humanidad, frenesí, dolor, soledad, desesperación y esperanza que hacen a “Streets” tan emotivo, creíble y mágico a la vez.
 
Es fácil creer en lo que es verdadero y el que la historia sea en Nueva York ayuda su poco. ‘Streets’, la canción, nos introduce a este mundo hediondo a escoria, a decadencia citadina, a frío y oscuridad, a ratas, a vapor saliendo de las alcantarillas, a imágenes de barriles oxidados cuyo fuego cobija a mendigos, de lata sucia y rayada de los trenes subterráneos donde, de noche, buscan refugio niños abandonados, vagabundos y uno que otro perro. Nueva York es el protagonista al que todos se referirán con el nombre de “Calles”, pintada sin las luces de la 5ta Avenida, del Madison Square Garden o Broadway, personificada en una canción dura y arrastrada, siniestramente adornada con un coro de niños cantando La Flauta Mágica de Mozart y sonidos de cajas musicales.
 
El enorme Criss Oliva llena su guitarra de pólvora en ‘Jesus Saves’ y hace que Savatage completo se deslice en el riff más heavy del álbum, dando pie a su corte más accesible y oreja, con unos teclados secos que siguen sin disimulo las cuerdas eléctricas. Quizás es el tema más preciso para presentarnos a “un personaje que logró salir de aquí” como dice el limosnero en la introducción, a D.T. Jesus, Downtown Jesus, la estrella de la historia, el Mesías de la Avenida D, el Mesías en búsqueda de su propia salvación, una paradoja llena de amargura. Las letras cuentan gráficamente su vida: un vendedor de drogas en el este de Nueva York cuya verdadera pasión es la música. Se compra una guitarra barata, arma su banda y se encumbra hasta la cima desde los bares de mala muerte. Se transforma en un rockstar vendiendo millones de discos mientras su cara aparece en revistas y poleras, pero a D.T. parece no importarle y comienza a ausentarse de los shows y a fallar en sus compromisos con la disquera. Deja su grupo cuando aún los críticos lo aclamaban. Todo, por la adicción. Es curioso que en la portada de “Streets” salga una foto de Savatage en vez de otra de D.T o alguna ilustración. Quizás el cuarteto veía en él el reflejo de todos los temores a caer en los excesos de este estilo de vida, por lo que el tratar de no terminar como Downtown Jesus se convertiría en el sentido de existir de sus integrantes.
 
Hasta el mismo Johny Lee Middleton, el bajista, ha dicho que se siente interpretado por el personaje, pero si aún no ha abandonado Savatage es porque tiene una razón mucho más poderosa. Todo cambiaría en octubre del ’93 con la terrible muerte de Criss Oliva luego que un camión destruyera el auto en el que iba con su mujer, Dawn, quien quedó con gravísimas secuelas que la postraron hasta su fallecimiento el 2005. El motivo para continuar sería el honrar su guitarra y su espíritu. Entendámoslo, debe ser muy doloroso para su hermano Jon y para el resto que tocó con Criss, así que no nos extrañemos que hoy en día prefieran abocarse a sus otros proyectos, bastantes exitosos por lo demás, y tengan a Savatage en receso. Jon y Chris Caffery están a tiempo completo con sus discos solistas y haciendo giras, ni hablar del éxito de Trans-Siberian Orchestra. Desde “Gutter Ballet” (1989), la guitarra de Oliva empezó a desarrollar un estilo altamente sensible y emotivo que se vertía a raudos en la música, por lo que cada canción de esta época suena como “Orion” para los oídos de los fans de Cliff Burton. Debe herir tocarlas. 
 
Pero el viaje de D.T es una montaña rusa que cae muy tempranamente. De las Calles a ser dealer, pasando por jugar a ser un rockstar y de vuelta a las Calles. Aquí nos deja ‘Tonight He Grins Again’, la canción favorita de todos los tiempos de Jon, después de ‘Hey Jude’, y mi preferida de Savatage si es que a alguien le interesa, gracias. Es que esta es la primera que desciende en la perturbada y cautivante intimidad del álbum y enseña toda su desnuda y dolorosa humanidad. Sus letras delatan, vacío, soledad y una patética autocompasión.  El siempre ingenuo piano de Jon Oliva se hace presente y pasa a un triste coro que tiene un cierto aire a ‘Dream On’ de Aerosmith. Nada raro, puesto que el productor, co-escritor y viejo amigo del conjunto, Paul O’Neill, había colaborado con Joe Perry y Steven Tyler en los “Classics Live”.
 
El adjetivo de “rock” que tiene esta ópera se justifica muy bien con temas como este. Es más, “Streets” es la dulce venganza de Savatage luego que en 1986 el antiguo managment los convenciera, a ellos, una banda ciento por ciento Heavy Metal, a tocar rock taquilla en “Fight For The Rock”, fallando vergonzosamente. Ahora, en cambio, ampliaron los matices progresivos de “Gutter Ballet”, guardándose eso sí los arranques Queen para más adelante, y mezclaron las influencias de música clásica, e incluso jazz y de musicales, para elaborar un rock pesado más artístico con tintes AOR.
 
El éxito se debe a Paul O’Neill, el productor creativo que devolvió a Savatage to the track en “Hall Of The Mountain King” (1987). Jon quedó tan intrigado con este papel de “miembro oculto” que decidió que para el próximo, “Edge Of Thorns” sólo compondría y produciría, además de tocar el piano, plan que permitió la llegada de una gran figura y cantante a la banda, Zachary Stevens, abriendo un nuevo episodio glorioso en Savatage que, lamentablemente, duraría demasiado poco, interrumpido por la tragedia de Criss.
 
Capítulo cuarto: de la compasión a la realidad, a una ‘extraña realidad’ (‘Strange Reality’) mejor dicho, en la que D.T. choca con su propio futuro en la imagen de un anciano borracho que en sus años mozos había sido un conocido guitarrista de blues. D.T mira su botella de gin, el mismo licor con el que el viejo está ahogado, y en ‘A Little Too Far’ hace una reflexión dolorosa de arrepentimiento, como si pensara en voz alta mientras toca el piano en un bar que acaba de cerrar, con las sillas sobre las mesas y el humo de los cigarrillos aún atrapado en el aire, haciendo la promesa de volver a la vida, sellada con esa sutil belleza triste que da la “melancolía neoyorquina” con el piano solo.
 
Por eso es que ‘You’re Alive’ suena a pura redención, como si se estuviese construyendo un esperanzador regreso. Vuelve con la banda y con su amigo y manager Tex, en una canción cuyo ambiente de musical con “final feliz” se percibe como aire fresco. Uno de sus versos dice: But somewhere in time we all pay for yesterday... Irónico, ¿cierto?, porque justo después todo es interrumpido, literalmente, por un estrepitoso riff que entra sin permiso anunciando la llegada de Sammy, un traficante de drogas que viene a cobrarle todo lo que D.T. le debe desde sus días de fiesta. Hey D.T. what you been up to/ It’s been a real long time and your bill’s past due/ Stop right there, don’t you look away/ ‘Cause you’ve had your fun, now it’s time to pay! ‘Sammy And Tex’ cuenta atropelladamente el momento en el que Sammy acuchilla a Tex, quien había salido a defender a su amigo, y lo mata, arrancando al acto. Nada habría sucedido si es que D.T. no hubiera perdido en control con las drogas antes y queda la pavorosa sensación de que no basta con decir “lo hecho, hecho está, borrón y cuenta nueva”, porque tarde o temprano el pasado nos encontrará. Estas dudas se las lleva a la catedral de “St. Patrick”, donde las estatuas de santos y ángeles lo miran impávidas sin darle respuestas, mientras que ‘Can You Hear Me Now?’ pone todo el peso dramático al clímax, sobre todo con su sección instrumental.
 
Así llegamos a la médula del asunto. La culpa y el dolor se dejan notar en el resto del álbum y en ‘New York City Don’t Mean Nothing’, D.T. estrella su enojo contra las Calles a medida que la música se torna agresiva, como si el conflicto principal fuera entre ellas y él, con D.T. apuntándola por toda su desgracia. Pero vuelve a repetir, con una mayor cuota de decadencia esta vez, el show de la autocompasión en ‘Ghost In The Ruins’, la que mezcla una marcha heavy en el verso, un coro efectivamente pegajoso no sólo por las voces y un solo que a ratos pretende ser una improvisación de jazz, una demostración de lo exquisito que llegó a ser Savatage para agregar potencia a sus composiciones.
 
‘¿O si me voy?’ ¿Se darán cuenta? ‘If I Go Away’ muestra a un tipo que ya no sabe que hacer ni qué pensar -excepto el desaparecer-, que ya se rindió pero que aún pelea por instinto, con dolor y oculta resignación. En este lecho entra como intrusa e invitada de piedra, letrística y musicalmente, la furiosa ‘Agony And Ecstasy’, que le recuerda que no puede escapar de ella y le “recomienda” que ni lo intente. ¿Para qué?, si ni siquiera la sucia conciencia podrá convencerlo de no ir a buscar un poco antes de la medianoche. Sí. Esta última canción pesada de la placa contrasta la fuerza de la tentación y la debilidad del tentado.
 
Los liner notes del booklet cuentan un final bastante sorprendente, pero la música es lo que hay que destacar en esta parte. ¿Nos demoramos en llegar? Vale la pena, ya que ‘Heal My Soul’, ‘Somewhere In Time’ y ‘Believe’, cualquiera de las tres habría servido para dar una conclusión llena de emoción. Una sola habría sido suficiente incluso, pero Savatage quería algo altamente memorable y vaya que lo hizo, pues no debe existir en el metal un final tan fuerte en lo humano como este, colmado con esa sensibilidad que la banda adhiere a las canciones lentas, sencillas y directas. El de “The Dark Saga” con ‘A Question Heaven’, de Iced Earth, se acerca a ese nivel, como también el que tiene Angel Dust en “Enlighten The Darkness”, pero el de “Streets” es por partida triple. La profundidad que Jon le impregna a unos simples acordes de piano es conmovedora, su forma de cantar y los coros aprietan nudos en la garganta y las letras desgarran.
 
El desenlace de la historia no es el mejor, obviamente, pero estas tres canciones entregan todo el halo de esperanza que el infeliz de D.T. no puede encontrar, construyendo imágenes más afortunadas que las del principio, de nieve cayendo, de luz en las ventanas, de calidez, cobijo, amparo. ‘Heal My Soul’ trae una atmósfera electrizante con el coro de niños que emula villancicos de Navidad, invitándonos a imaginar esas iglesias neoyorquinas que  nunca faltan en películas filmadas allá en pleno invierno. Mientras, el grupo copia la parte final de ‘When The Crowds Are Gone’, del disco anterior “Gutter Ballet”, y la pegan en ‘Believe’. Es más, tenían otra de éstas listas para el trabajo, pero como no consiguieron una voz femenina para cantarla, no la incluyeron. ‘Desirée’, así se llamaba, aparecería un tiempo después en un reissue interpretada por Zak Stevens. De hecho, hay que decir que sólo 16 pistas se ocuparon de un total de 26 que se grabaron para el disco.
 
¿Lecciones? Si Savatage no quiso dar una y esta vez no tomaré la palabra por ellos. All I ask of you is believe... Creer, ¿pero en qué? Sin embargo hay un deseo por ahí implícito, el que los errores que cometamos no sean más grandes que nuestros logros, que no tranquen nuestros esfuerzos y que no nos pasen la cuenta. That the walls of the past don’t interrupt your flight... Jon Oliva dijo en una oportunidad que le motiva mucho más el sentimiento que genera la música que el que entrega las letras, pero debe reconocer que la historia es tan responsable como los compases, ya que sus vaivenes mentales hicieron a “Streets” lo que es. No hay nada malo en ello, porque generalmente las obras que están destinadas a ser clásicas surgen de forma inconsciente. Esta se hizo ambientada en un tiempo y lugar muy determinado pero hoy, 15 años más tarde, rompe la barrera del tiempo y se ve actual. Se basó en una trama muy específica pero el contenido puede interpretarnos a todos. Eterno y universal... esta es la obra maestra de Savatage.
 
Jorge Ciudad   

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