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Into The Mirror Black

Into The Mirror Black

Into The Mirror Black

Martes 28 Junio, 2011
1990. Epic Records
 
Grandes fenómenos musicales se tragan a los más aislados y los condenan al olvido. Cómo habrá sido en Seattle con la explosión de conjuntos como Nirvana y Pearl Jam que hasta Metal Church tuvo que colgar las guitarras después de su “Hanging In The Balance”, en 1993, y regresaron recién en 1998 una vez que el Grunge había dejado de ser lo que era. Y faltó muy poco para que toda memoria del pasado musical de esa ciudad de Estados Unidos fuera enterrada, pero no contaron con que una de sus víctimas se convertiría en objeto de culto... Su fama de mártires del metal tiene soporte en un par de álbumes tan espectaculares y recordados que para sus feligreses es imposible ponerse de acuerdo sobre cuál de los dos es la obra maestra de Sanctuary, una divergencia de opiniones de la que pocas bandas pueden presumir, sobretodo si la discusión tiene en cuenta toda su discografía, por pequeña que sea.
 
El peso de Sanctuary ha sido la bendición y maldición de sus integrantes que decidieron continuar en la senda del metal, ya que recién al cruzar las puertas de nuevo milenio fue que Nevermore pudo salir definitivamente de la sombra de su pasado. Es que “Into The Mirror Black” se vería como un trabajo adelantado a su tiempo, con una sofisticación lírica y musical que no se comprometía con amortiguar la patada en el hocico que propinaba y que resaltaba aun en días en los que el thrash y el speed querían olvidarse un poco de sonar callejero y en los que el death de Florida, justo al otro extremo del país, se perfilaba como el nuevo caldo de cultivo metalero. Todo, gracias a un disco que ha marcado el peak de las carreras del cantante Warrel Dane y el bajista Jim Sheppard en su tierra natal, contado sus trayectorias en Nevermore.
 
Para este segundo álbum, el padrino y descubridor de Sanctuary Dave Mustaine no pudo estar presente en la producción como en “Refuge Denied”, cuyos problemas con las drogas hicieron que las sesiones en el estudio fueran tortuosas. Pero Howard Benson logró superar con creces lo hecho en el debut, dando un sonido tan claro y potente que era raro verlo en bandas nuevas a menos que estuvieran bajo el amparo de la gran industria fonográfica, y Sanctuary tenía contrato con Epic Records, parte de CBS, nada menos. Algunos, incluyendo la guitarra de Nevermore, Jeff Loomis, hablan de una cierta sobreproducción, pero ello ayudó a encuadrar los grados de sofisticación violenta que derrochaba el trabajo, el principal punto de inflexión entre éste y el primero y que se transformaría en la tónica de los discos de Nevermore. Dane se aleja de las letras fantasiosas como las que escribió en ‘Battle Angels’ o ‘Soldiers Of Steel’, e ideas como las que puso en ‘The Third War’ las evolucionó a reflexiones inquietantes sobre el presente y porvenir de la sociedad y sus sistemas en ‘Future Tense’, la que hasta hace muy poco era número en los set de los shows de Nevermore, canción que no desencaja para nada con las letras de los últimos trabajos. Ya muy temprano, Warrel expresaba su inconformismo y las razones de su enojo.
 
La carátula en blanco y negro con un anciano al costado y un niño alejándose por el sendero de árboles muerto, como su contraportada con la misma imagen pero en negativo y como reflejándose en un espejo, captura perfectamente la veta más elaborada y artística del álbum y muestra lo corta que fue la adolescencia de Sanctuary. “Into The Mirror Black” presenta a un grupo sorprendente maduro en lo musical, con una parada de crítica política, pero más reflexiva, que marcaba la diferencia con sus referentes que eran más de rebeldía y protesta, como elevando la altura de la discusión, planteando temas y sembrando interrogantes que hacían que las letras fueran muy provocativas e inteligentes.
Por supuesto que se necesitaba una música más pulcra, pero la colección de nueve sinfonías refinadas y pesadas no pierden el norte en la entrega de agresividad, incluso en las partes acústicas, conjugando una mezcla entre violencia y elegancia que a otros les costaría años conseguir. Así escuchamos el coro de ‘Taste Revenge’, el grito inicial de ‘Long Since Dark’, las guitarras marciales de ‘Eden Lies Obscured’, por sustentar lo dicho. 
 
Otro punto que marcaba la diferencia entre Sanctuary y las demás bandas de lado oeste de Estados Unidos era el ya en ese tiempo tremendo cantante Warrel Dane, a quien no le sudaba la frente al momento de cambiar de tonos graves a altos con toda limpieza. Algunas revistas de la época criticaron el trabajo de Warrel por no ajustarse a los estándares, pero su performance representó un respiro de aire fresco y el tiempo le dio toda la razón. Mientras que en “Refuge Denied” cantó dos veces todas las líneas vocales, en “Into The Mirror Black” las clavó directamente y sin doblajes, enseñando toda la confianza que un músico puede lograr después de salir de gira por Europa y Norteamérica con los más grandes exponentes del género... Megadeth, Testament, Death Angel, Forbidden, etc., cuando el metal la llevaba.
 
Si a esto le contamos la llegada del prodigio de las seis cuerdas Jeff Loomis el ’91, con sólo19 años y que contaba en su currículum el haber audicionado para Megadeth por la misma época en que Mustaine giraba con el quinteto de Seattle (cosas del metal), el futuro de Sanctuary se veía muy auspicioso. ¿Quién se quiere imaginar qué canciones habrían resultado de la colaboración entre él y Lenny Rutledge en las guitarras y Warrel en las voces? Pero Loomis sólo alcanzó a tocar una vez en vivo con la banda, porque los conflictos comenzaron luego que Lenny viera cómo sus amigos de Alice In Chains volvían como estrellas de rock después de la gira, le diera la razón a los ejecutivos de Epic cuando decían que el nuevo sonido de Seattle era muy popular y le agradara la sugerencia de contratar compositores, de esos que crearon himnos como ‘Smell Like Teen Spirit’, para armar el tercer álbum de Sanctuary. Nada contra el Grunge, pero cuesta imaginárselos jugando a ser músicos pobres con camisas de franela rotas desabrochadas, pelo descuidado hasta el cuello y sin plata para comprarse instrumentos que sonaran mejor, con un disco como “Into The Mirror Black” de antecedente. ¿Quién les habría creído? Sí, y nada en contra nuevamente, pero el Grunge se ramificó como cáncer en la banda y la terminó.
 
Los sobrevivientes Warrel Dane, Jeff Loomis y Jim Sheppard volvieron a tocar en clubes pequeños bajo el nombre de Nevermore y no fue hasta 1996 que sacaron un álbum a la altura de lo que se podía esperar de ellos, “The Politics Of Ecstasy” (“Nevermore” era un demo promocional que Century Media aprovechó de lanzarlo como LP, ahorrándose los costos de regrabarlo). Lo que debió haberles llegado hace muchos años, lo están consiguiendo ahora con trabajos tan excepcionales como “Dead Heart, In a Dead World” y “This Godless Endeavor”.
 
¿Los demás? Se sabe que el principal compositor de Sanctuary, Lenny Rutledge, armó un pequeño estudio en el que se hicieron las maquetas de “Dreaming Neon Black” (1999) de Nevermore (¿qué dirá ahora?), mientras que, según Warrel, al batero Dave Bubbill le dio de esos fervores religiosos tan característicos y particulares que le ocurren a los gringos y ahora toca con niños en iglesias. Yo me pregunto si es que ellos saben que todos los que llegan a escuchar “Into The Mirror Black”, como también “Refuge Denied”, terminan hablando de él como un álbum de excepción, clásico, de culto, calificativos que se ganan sólo cuando hay certeza de que tales momentos son únicos y que jamás se repetirán. Seguramente se reirían de las velitas que muchos les prendemos a Sanctuary, pero hasta Dane y Sheppard deben estar orgullosos de lo que tan tempranamente hicieron, una imagen archivo, un documento del metal.
 
Jorge Ciudad

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