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Ride The Lightning

Ride The Lightning

Ride The Lightning

Martes 28 Junio, 2011
1984. Elektra
 
"“Another ten star classic":. Las revistas de 19’84 parecieron saber de inmediato que el segundo álbum de Metallica era un clásico. ¿Con cuánta propiedad se podría hablar hoy del nacimiento de una obra maestra así tan a la rápida? Con casi ninguna. El golpe de corriente eléctrica que dio “"Ride The Lightning"” fue tan descomunal, gigantesco y devastador que llegó a romper todas las leyes de la física. Provocó una fisura trascendental, un quiebre más allá de cualquier explicación racional. Sus ocho cortes de auténtica rebeldía metalera doblaron el eje del tiempo, juntando el presente y el futuro por un instante en el que los individuos de ese entonces pudieron ver cómo en cinco, diez o veinte años más tarde, esta pieza furiosa del rock pesado se convertiría en lo que terminó siendo. Así, cualquiera...
 
Las revoluciones aceleran la historia y “"Ride The Lightning"” traería consigo un cambio en el paradigma metalero, un avance en la escena extrema norteamericana de por lo menos cinco años, con una mirada hacia el futuro en sólo 47 minutos de metal electrizante, joven, renegado de las tendencias, inteligente, violento, brillante, genial... terroríficamente genial.
 
¿Los responsables? Cuatro adolescentes acostumbrados a quedar botados en el piso con botellas de licor barato y que no les importaba salir en los posters con la cara pálida, ojeras y los ojos hinchados. Uno venía de Dinamarca sin saber siquiera tocar la batería. El otro se rompía las cuerdas vocales apenas dándole a los acordes en la guitarra. Al bajista, un hippie trasnochado de jeans con patas de elefante, le entraban arrebatos esquizofrénicos a lo Jimi Hendrix y al último, bueno, sólo le había llegado la invitación después de que despacharan a Dave Mustaine, otro borracho sospechoso del acto cometido... pero ese es otro cuento.
 
Lo concreto es que cuando “"Kill 'Em All"” aún dominaba los recuentos y Mustaine todavía reclamaba porque su reemplazante había sido elegido como el mejor guitarrista del ’83 "tras “haber calcado todos mis solos"”, Metallica golpeó con todo el estruendo de ‘'Fight Fire With Fire'’, una explosión de banda sonora digna del más atroz apocalipsis, un infierno desatado. El vendaval de furia colérica mezclado con la sensibilidad de unos leads extraordinarios, el primero de los muchos de este tipo que se escucharían en el trabajo, elevaban a otro estándar la definición de violencia. Era fuego con fuego, una colisión de elementos inflamables cuya onda expansiva no dejaba nada a su paso, un desatar descriteriado de agresión, una pieza incólume de metal. 
 
Sí, habían aprendido mucho. James ya sabía cómo gritar, y Lars cómo tarrear. Esa conversación sobre cómo iría a ser un segundo y un tercer disco que tuvieron Kirk Hammett y Cliff Burton en el bus que los llevaba a California luego de grabar “"Kill 'Em All"”, se transformaba en una realidad también en "‘Ride The Lightning"’, la que proponía que no era necesario tocar acelerado para destripar poder... la primera falta de acuerdo entre Metallica y sus hardcore fans. Pero mientras Hetfield bromeaba diciendo que era la canción que Troy Kunkle, el hombre que mató a su víctima citando letras de ‘'No Remorse'’, tendría que escuchar en la silla eléctrica, "‘Ride The Lightning"’ se catapultaba como estandarte de todos los tiempos con su monstruosa armonía y sus golpes emulando truenos y relámpagos enceguecedores. 
 
Hetfield, Ulrich y Burton tuvieron razón en ello, y el argumento más sólido fue '‘For Whom The Bell Tolls'’, una obra maestra inconmensurable de la genialidad descarriada de Metallica. Ese bajo distorsionado con campanas de fondo, esa incansable figura que traza la guitarra de Kirk, esa elegantísima, llena de clase, oscura y marcial sección de leads, esas letras de guerra, abandono, dolor y resignación francamente colosales... Una canción redonda, que desafía el campo de la lingüística y que debe conformarse con el adjetivo de “perfecta”. Es increíble que apenas lanzado el álbum, Lars se quejara del poco tiempo que tuvieron para arreglar los temas, que si hubiera tenido la oportunidad de escucharlos en una cinta, les habría dado un toque diferente.  Por eso, “el disco” es la prueba viva de que lo especial nace, no se hace ni rehace. 
 
Hay varias leyendas también acerca de '‘Fade to Black'’... Los fanáticos fundamentalistas los acusaron de venderse por firmar con un sello mainstream el ‘84, lo refregaron en la cara del grupo cuando salió “"Master of Puppets”" y vomitaron del asco con el video clip para "“...And Justice For All”". Qué decir del "Black Album". La etiqueta de “sell-out” los ha acompañado incluso desde la creación de esta pieza que en su tiempo debió haber sido una bofetada seca en la mejilla de quienes los seguían desde esas irreverentes y doctrinarias tocatas en el Whiskey a Go Go. Es que salieron con algo completamente inesperado que provocó una crisis de pánico la cual sólo el tiempo pudo apaciguar, porque hoy es más que un clásico, es un formidable ejemplo de riesgo triunfante. Era otro nuevo concepto.
 
Esta fue la última de las “baladas” que descubrí de Metallica y aún creo que ‘'Fade to Black'’, con toda su simpleza, entrega el mismo clímax emocional que la más compleja '‘One'’. El dramatismo del quiebre con la guitarra remueve hasta la fibra más terca del cuerpo, con unas letras desbordantes de desesperación y pensamientos sombríos que salieron de una lamentable –pero no menos curiosa– experiencia de Hetfield: el robo de todo el equipo de amplificación en alguna parte de la gira del "“Kill 'Em All"” justo tres semanas antes de irse a la capital danesa para grabar el siguiente álbum.
 
No hubo suicidio, pero Hetfield y Hammett tuvieron serios problemas en los Sweet Silence Studios para dar con el sonido que habían desarrollado y que querían para la producción. Prácticamente tuvieron que revisar todos los Marshall que habían en Copenhague, probando incluso los de Mercyful Fate. ¿Cómo habría sido un “"Ride The Lightning"” sin contratiempos? No vale la pena ni imaginárselo, porque ‘'Trapped Under Ice'’ muestra que la solución de emergencia valió más que la desgraciada pérdida. Aquí Hammett importa sin aduanas ni aranceles unos riff desde Exodus, su primera banda que recién veinte años después en "“Tempo Of The Damned”", ocuparía esas ideas originales para una canción, ‘'Impaler’'.
 
En fin, eran reciclajes que pasaban desapercibidos dentro del contexto de una banda revelación del underground que copiaba a otras de oscura procedencia. Y hay más ejemplos, desde ‘'Welcome Home (Sanitarium)’' hasta la misma ‘'Enter Sandman'’. Lars Ulrich robó temas enteros a Diamond Head, pero nada puede negar su inteligencia y prodigiosa visión. Sabía que ellos serían recordados y que el resto, víctima de los rip off, terminaría en el olvido. “Vamos a ser el próximo gran suceso del heavy metal en los Estados Unidos, y toda esta cosa de Ratt, Motley Crue y Quiet Riot se va a poner vieja y morirá”, diría el baterista en 1984 como si supiera exactamente lo que vendría.
 
Pero mientras, cuando aún se negaban a aparecer con rubias voluptuosas en MTV, como sus enemigos del glam, ‘'Escape’' se presentaba como una canción justa para un video. Curioso. Es melódica, atractiva, como calculada para captar targets masivos, pero que sin embargo se adecua perfectamente a un “'Ride The Lightning'” que mezcla inspiradamente el desenfreno rebelde y la clase, como se dijo, melódica. Metallica quiso demostrar que no era un producto del género, sino los generadores, que estaban un paso más adelante del Thrash.
 
Lo probaron con '‘Escape'’ y ampliando la excelencia del estado puro de la violencia con ‘'Creeping Death'’. Se supone que hay que decir algo grandioso ahora, pero lo único que encaja sin errores es decir que se trata de un registro monumental. Sólo tras la muerte de Cliff, los siguientes dos álbumes y la llegada de Jason Newsted, la banda se dio cuenta del peso histórico de este tema, pues recién en la gira “Damage Justice” empezaron a aprovechar todo su potencial en vivo. ‘'Creeping Death'’ se inmortaliza en el show grabado en Seattle el ’89 cuando la multitud grita por minutos "Die!, die!, die!" guiada por unos redobles y un bajo que dan  rienda suelta a la maldición de las plagas bíblicas en Egipto.
 
Cada episodio tiene su perspectiva y sin querer se han revisado las canciones una por una. Pero no hay que hacer esfuerzo ni invento para encontrarle una a ‘'Call Of Ktulu’', la primera instrumental en la que participa la banda completa y la última colaboración reconocida por Metallica de Dave Mustaine. La pieza se basó en la historia que H.P. Lovecraft escribió en 1928 llamada "The Call of Cthulhu". Se trata de tres documentos que, entre ciencia ficción y terror, revelan la existencia de esta identidad alienígena y los sangrientos rituales vudú para adorarlo. El grupo norteamericano no sólo los inspiró acá o en '‘The Thing That Should Note Be'’, Therion, Samael, Cradle Of Filth, Bal-Sagoth, Morbid Angel, Mercyful Fate, Iron Maiden, ya sea en una canción, en una portada o en un disco completo, también trajeron los ambientes del horror lovecraftiano al metal.
 
‘'The Call Of Ktulu'’ es un prodigioso reflejo musical de esta mitología, por eso a última hora descartaron el nombre original ('When Hell Freezes Over')... No queda mucho más qué decir, sólo que a partir del minuto siete comienza lo que no es sólo la tremenda culminación de un instrumental épico sino el grand finale más dramático que jamás haya tenido un álbum de thrash metal, si es que pudiese clasificarse a un conjunto que escribía música destinada a no quedar supeditada a una era, a una tendencia o a una época.
 
Metallica no se conformaría exclusivamente con ‘"Ride The Lightning"’. Le siguieron otros como “"Master Of Puppets"” que podrían considerarse más relevantes. En esa década fueron el fenómeno más explosivo del underground y muy temprano se convirtieron en lo más grande del metal extremo no europeo, un factor clave para entender el porqué varios pensamos que Metallica condujo erráticamente su trayectoria más tarde en lo estrictamente musical, ya que una vez que lograron ser los reyes del estilo, empezaron a planear su conquista del imperio del rock. Que no quepa ni la menor duda: lo consiguieron. Incluso he leído que los noventa fueron para Metallica como los setenta para Led Zeppelin. A muchos le interesará, a mí, no. Metallica es una institución que sostiene un testamento universal, un legado del que algunos aún pueden aferrarse por los recuerdos lejanos de glorias pasadas, de genialidad incontenida, de talento salvaje, de actitud indomable, de metal. Cuando lo quisieron, fueron superiores a todos. Para el resto, sólo queda citar el epígrafe de ese famoso dibujo de una mano con un cuchillo afilado saliendo de una taza de baño: “¡Metal up your ass!”.
 
Jorge Ciudad

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