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Nostradmus

Nostradmus

Nostradmus

Viernes 29 Julio, 2011

2008. Sony BMG


No hay que ser un clarividente para presagiar que este “Nostradamus” era a ciencia cierta, uno de los lanzamientos más esperados del año. Tras tres años de ese maravilloso y muy aclamado “Angel Of Retribution” el álbum que marcó el regreso del “Metal God” a la banda, Judas asume el desafío más grande y experimental de su ya dilatada carrera de casi cuatro décadas: el primer disco conceptual de su rica historia de metal purista. Por ello, por lo atípico y diferente que resulta abarcar un registro así, el grupo decidió no poner su tradicional logotipo en la portada del disco, siendo reemplazado sólo por una aplicación tipográfica.


Centrándonos netamente en el aspecto musical del “Nostradamus” de Judas, me gustaría comenzar por el único aspecto que realmente no me gustó del disco: su sonido. La grabación no es de la calidad esperada, el disco no suena bien, específicamente el sonido de la batería. Claro uno siempre escucha los avances que se suben a Internet que no siempre están en la mejor calidad de audio, pero teniendo el disco original y tras escucharlo intensamente, lamentablemente la opinión sobre el sonido no cambia. La placa está producida por Glenn Tipton y K.K. Downing, porque la banda tenía clarito lo que quería hacer y cómo hacerlo y para ello no necesitaban un productor externo, pero de la mezcla se encargó el ingeniero holandés Attie Bauw, que había trabajado en los dos discos de Fight, pero salvo “War of Words” que suena realmente bien, sus otros trabajos no me convencen, ni siquiera logró hacer sonar bien a The Gathering cuando trabajó con ellos. Scott Travis no es un baterista del montón como para dejarlo tan tapado y relegado en la mezcla y para más remate con un sonido tan malo, que muchas veces pareciera que la batería es una caja de ritmos. Hasta discos como “Turbo” (’86) y “Ram It Down” (’88), tienen mucho mejor sonido de batería.

Dicho eso, y en términos globales, creo que la principal estrella de la placa es el mítico Rob Halford. A la altura de su leyenda, el “Metal God” se luce a lo largo y ancho de todo el doble álbum, quizás ya sin recurrir a esos agudos imposibles de antaño, que por una cuestión de edad, se entiende que es imposible estar 40 años al mismo nivel, pero que se renueva y sorprende con toda una batería de nuevos recursos para quedar patidifuso y plasmar una interpretación de verdad, ¡aplastante! Con lo otro que me saco el sombrero, es ese tándem infernal de las guitarras de Tipton/Downing, y estos tipos siempre se las arreglan para sonar inspirados y actuales, haciendo cosas nuevas o que no han probado antes, como los solos en plan metal neoclásico que acompañan varios temas del disco; y hasta el bajo de Ian Hill suena más destacado y protagonista que en otras oportunidades, lo que nuevamente me lleva a reiterar lo horrible que suena Travis.


Desglosando él álbum como un todo, está claro que este tipo de disco requiere mucha atención y sucesivas escuchas para asimilar todo lo que la banda quiere entregar, ya que el doble álbum consta de nueve introducciones/preludios y 14 canciones, por lo cual no tiene sentido hacer un análisis canción por canción, esta es una obra conceptual y hay que medirlo bajo ese parámetro y sólo cuando pasen algunos años, veremos si este trabajo consigue llegar a la altura de un “Operation:Mindcrime” de Queensrÿche o a un “Abigail” de King Diamond, por ejemplo.


Otro aspecto que llama la atención marcadamente, es que en mi opinión, el segundo disco quedó muy desbalanceado en relación al primero; en el primero están casi todos los temas más pesados y contundentes y el segundo disco es casi entero de baladas y temas lentos, donde predominan el piano y los teclados (cortesía del gran Don Airey -Ozzy, Deep Purple-), las guitarras acústicas y los violines y chelos, habiendo sólo tres canciones que se escapan de esa norma: ‘Visions’ (que recuerda montones al material de “Ram It Down”), ‘Nostradamus’ (quizás la mejor canción de todo el disco con su claro y sensacional estilo a lo “Painkiller” y con Halford emulando lo mejor de un tenor en la excepcional intro), y ‘Future of Mankind’ que termina el disco en plan himno y con un Halford que realmente emociona hasta la médula.

Casi todo lo mejor se concentra en el disco uno, con ese inicio en plan “El Exorcista” y una grandiosa y cinematográfica pieza instrumental que desencadena en ‘Prophecy’, un lacerante tema metalero en las más fina tradición Judas de toda la vida y que el grupo ya está tocando en vivo para abrir los shows y donde Halford ingresa caracterizando a Nostradamus con un báculo con el tradicional tridente de Priest y una larga capa de monje. Otro tema sensacional es ‘Revelations’, un mid tempo poderoso y rebosante de afiladas guitarras; ‘War’ es casi cinematográfico y orquestal, fusionado lo mejor de ambos mundos el metal y la ópera. ‘Pestilence and plague’ es otro momento brillante del disco, con un Halford emocionando y cantando en italiano las estrofas del tema y con un Tipton/Downing llevando su perfecta simetría de guitarras duales a un nivel de excelencia. Los estribillos de esta canción me recuerdan un montón a Mercyful Fate, pero todos sabemos cual es la principal influencia de los Fate, por lo tanto se cierra el círculo y todo bien, porque ambas bandas son un pedazo fundamental en la historia de este bendito estilo musical.


‘Death’ es la más oscura y opresiva del disco, no podía ser de otra forma, un ritmo marcado y asfixiante que explota en un canon final de antología cuando aparece un riff simplemente asesino que le imprime velocidad al final del tema. ‘Conquest’ es un mid tempo muy bien logrado, con claras características de himno, en cambio ‘Lost love’ es una balada donde Halford como en toda la placa, está simplemente fenomenal en las voces. El gran final del disco uno llega con ‘Persecution’, el temás más rápido y pesado de todo el disco, doble bombo a pleno, orquestaciones que se acoplan magistralmente y Tipton/Downing echando chispas con un solo sencillamente de antología y no me cabe duda alguna, que este tema junto a ‘Nostradamus’ (la canción), serán los grandes clásicos de la placa que perdurarán en el tiempo.

En definitiva, un muy buen nuevo disco de Judas, no exento de ripios, con detalles que se podrían haber mejorado sustancialmente, pero que nos muestra a un grupo con coraje y que con 40 años de existencia, aún se atreven a afrontar nuevos desafíos en vez de irse a la segura, lo que hubiera sido tratar de hacer un nuevo “Painkiller” que es lo que todo el mundo esperaría de ellos de antemano. La corona británica puede estar tranquila, Judas Priest sigue siendo uno de los mejores embajadores del British Steel.


Cristián Pavez

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