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The Number Of The Beast

The Number Of The Beast

The Number Of The Beast

Martes 28 Junio, 2011
1982. EMI Records
 
Han pasado muchos años desde que los acordes, a esta altura casi sagrados, de "The Number of the Beast", golpearon los oídos del mundo por primera vez. Y claro, después de tanto tiempo, no todos los fanáticos de Maiden piensan en esta grabación como la mejor de la larga carrera de la doncella de acero. Algunos apuestan por "Powerslave" y otros por "Piece of Mind"; también hay quienes se la juegan por "Brave New World" o por "Killers". Cosa de gustos. En lo personal, es una de mis favoritas, pero además, creo que es trascendental en la discografía de Iron Maiden. Y no tanto por la calidad de los temas o por el cambio de vocalista que nos trajo (Dickinson reemplazó a Di’ Anno), no tanto porque muchas de las composiciones de este álbum son simplemente magistrales, sino más bien, por lo que significó en términos generales para el desarrollo del heavy metal. En Chile, el revuelo que causó desde su aparición fue increíble. No importaba si uno era fanático de Maiden o no. Tampoco interesaba mucho si uno era más proclive al hard-rock norteamericano, como en mi caso, o si ya era adicto a las nuevas fuerzas del heavy metal. "The Number of the Beast" fue algo transversal a las corrientes y parcialidades de la época. Entre sus surcos había notas para todos y cada uno de los metaleros y rockeros de aquellos años.
 
La fuerza y la pulcritud de un estilo que mezclaba todos los estilos, emergía a raudales de cada canción, y cada uno podía elegir qué era lo que más disfrutaba del disco. Si la melodía pegajosa de 'The Prisioner' o 'Run To The Hills', la fuerza desbocada de 'Gangland', los arreglos más preciosistas de 'Children Of The Damned' o '22 Acacia Avenue', la majestuosidad de 'Hallowed Be Thy Name'... o la magia devastadora del homónimo. Maiden nos entregó lo que todos esperábamos, aunque cada uno esperara algo distinto. Y además, dejó claro que las fronteras del metal podían ser traspasadas con estilo, con garra y calidad. Maiden dejó claro que la bandera del rock más pesado se levantaba, una vez más, con orgullo y convicción.
 
En nuestro país se le dio mucha importancia a la presentación del video de "The Number Of The Beast". No recuerdo cuántos capítulos del Magnetoscopio Musical, conducido por Rodolfo Roth, estuvieron dedicados a avisar que aquel programa tenía la exclusiva para mostrarnos la versión televisiva del tema que sonaba por todos lados. Ya era importante, para quienes teníamos el rock pegado en la piel, el hecho que un programa musical no rockero, tuviera una cortina completamente heavy (lo que, en todo caso, no era nuevo en Chile), pero que además, se hablara tupido y parejo de su video, era tanto o más relevante. Lo malo fue que éste no resultó ser tan bueno como se esperaba. Es más, terminó siendo algo desconcertante y desilusionante... pero perdonable.
 
Volviendo al disco en sí, es complicado encontrar una forma de hablar de él y que le haga total justicia; sin embargo, creo que hacer el paralelo entre una exposición de arte en la cual, todas las obras expuestas son un portento, piezas ante las que no se puede decir nada diferente a... ¡espectacular!, es un buen ejercicio. No se trata de justificar, a través de argumentos estrictamente técnicos, qué tema es bueno o cuál no lo es tanto. Creo que la grandeza de este álbum radica en ser una obra completa, con los ingredientes precisos y en las cantidades adecuadas; una muestra de la habilidad para tomar todos los desvíos de un mismo camino y no perder el rumbo. Resulta claro de que en términos de “alineación”, esta no es la placa angular en la vida de Maiden (hubo cambios antes y después); y musicalmente hablando, tampoco es un trabajo definitivo en cuanto al sello característico de la banda ("Piece Of Mind" fue mucho más divisorio en un “antes y después”); pero sí fue una colección de composiciones que dejó verdaderos himnos para los seguidores, tanto de ayer como de hoy, del heavy metal.
 
La magia, la fuerza, la grandeza, la potencia y la actitud que emergen de este larga-duración, no han perdido su vigencia a lo largo de dos décadas; nada de lo que nos impactó hace veinte años, se ha diluido en el tiempo, y oír "The Number Of The Beast" hoy, sigue siendo un ritual obligado para quienes creen en lo mismo que creyeron Dickinson, Murray, Smith, Harris y Burr. La única diferencia puede estar en que, el año 1982, y contando a éste, solamente teníamos tres álbumes completos y de estudio para comparar Maiden con Maiden; hoy, veinticuatro años después, tenemos 13 aportes a la historia del heavy. Y entre estos, “El número de la bestia” suena grandioso y magistral, suena jugado y convincente, suena a obra maestra, suena como uno de los mejores discos en los anales del metal pesado.
 
"The Number Of The Beast" terminó siendo la completa revelación de uno de los mejores grupos del rock inglés, para muchos el mejor, y sin duda quedará en las páginas de la leyenda metalera como una entrega magistral, que no solamente nos brindó 8 temas formidables, sino que además, una introducción tan famosa como inconfundible y representativa de una generación completa de seguidores.
 
Aldo Loyola

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