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Pure Holocaust

Pure Holocaust

Pure Holocaust

Martes 28 Junio, 2011
1993. Osmose

El mundo comienza un proceso de extinción largamente anunciado por profetas bíblicos, pensadores incomprendidos, savants visionarios y diversos estudiosos del hombre. Los portales de acero que emparedan al infierno se abren de par en par, liberando a hordas de demonios y ejércitos de almas impías en una misión final y definitiva de posesión de la Tierra. De manera encubierta y con apariencias seductoras a nuestros ojos y nuestras conciencias, los engendros infernales se toman los cargos de poder e influencia mediática de nuestro planeta, forjando así el sufrimiento eterno de la ahora esclava y amenazada raza humana. El fin ha llegado, y sólo podemos sonreír, recordando el pasado. Con amargura.

Este apocalíptico panorama se respira en los 34 minutos que dan forma a “Pure Holocaust”, segunda placa de una de las más veloces y asesinas bandas sobre la faz de la Tierra, los recientemente disueltos Immortal. Miembros de la segunda generación del movimiento black metal noruego, junto a otras agrupaciones hoy consolidadas y mitificadas como Emperor (R.I.P.), Satyricon y Dimmu Borgir, este maldito trío se tomó la escena metalera por asalto con la edición de este fantástico y aplastante trabajo.

¿Claves del sonido Immortal? El título del disco lo resume todo: Holocausto Puro. Las guitarras, cortesía del perverso Demonaz, son un trallazo irrefrenable de contundencia y velocidad, un desafío a la resistencia de la muñeca. Vomita “hermosas melodías” y power chords -de tonos menores o vocación atonal- refulgentes de oscuridad y las más recónditas profundidades del averno (escúchalo y comprenderás por qué la tendinitis lo obligó a abandonar el grupo en 1998). La batería, voluntad de Horgh, es un machacante y repetitivo generador del pulso más veloz y constante que puede soportar el ser humano (¡qué tobillos!), rememorando el ambiente de ancestrales, carnazas y destructivas batallas vikingas.

En tanto, la voz de Abbath (que además toca el bajo) es el umbrío bramido del cuervo que se posa en la rama del pino de tundra, sediento del frutoso sabor de la sangre humana. Todo esto en el marco de un sonido garage que, sin dudas, adhiere a la visión venomiana del metal como una actitud destructiva y de terrorismo musical (fanáticos de Malmsteen y fariseos del virtuosismo: ¡ABSTÉNGANSE!). Aquí llueven las mismas gotas de hemoglobina que comenzaron a caer con Black Sabbath, se intensificaron con Venom, Slayer y Celtic Frost para llegar a un nuevo nivel con Bathory, Mayhem y Darkthrone. Y sin duda que es una tormenta deliciosa.

Los ocho cortes que componen este disco son, hoy, preciadas gemas de la historia del black metal, joyas en las que el manejo cáustico de los instrumentos y la velocidad rítmica llegan hasta tal punto, que crean una densa y muy cruda atmósfera, un ambient del perraje retorcido y abyecto que son las atribuladas cuerdas vocales de Abbath. Para la eternidad quedan temas como ‘The Sun No Longer Rises’, ‘As The Eternity Opens’, ‘Storming Through Red Clouds And Holocaust Winds’, la apertura ‘Usilent Storms In The North Abyss’ y el magistral y poderoso cierre que da nombre al álbum. Cortes que muchos tuvimos oportunidad (y la enorme suerte) de presenciar en directo aquel mágico viernes 19 de agosto de 2000, en el marco del festival “Metal To The Metals”.

¿Por qué se eligió “Pure Holocaust”, si el sucesor “Battles In The North” es un disco aún más extremo en su tratamiento del holocausto metálico? Simple: creemos que, al igual que Venom con “Black Metal”, Celtic Frost con “To Megatherion”, Bathory con “Under The Sign Of Black Mark”, Mayhem con “De Mystheris Dom Satanas” y Darkthrone con “A Blaze In The Northern Sky”, “Pure Holocaust” define con total precisión y poder de convencimiento la postura ideológico-musical de la banda. “Battles” es un tremendo y certero golpe, pero sólo el continuador de una idea que se forjó en “Diabolical Fullmoon Mysticism” y se develó en “Pure Holocaust”. Aprovechamos de brindar amargamente por el fin de un trío que llevó la agresión musical hacia un nivel que difícilmente podrá ser superado, legando una herencia de destrucción invaluable.

Ahora los demonios marchan gruñendo de perversa alegría, celebrando el fin de la humanidad.

Pedro Ogrodnik C.

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